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Solo un ser perfecto puede proteger los bosques de Portugal: los guardias forestales lusos no pueden ser calvos, tartamudos o tatuados

Exigencias extremas para acceder a un puesto con una remuneración de apenas 841 euros mensuales

Los devastadores incendios de Portugal en 2017 / ()

Hace 25 años Portugal tenía más de 1.000 guardias forestales repartidos por el país, velando por el bienestar del medioambiente y sirviendo una función clave en la época estival, cuando proliferan los incendios en tierras lusas. Tras el estallido de la crisis económica en 2011, sin embargo, se dejaron de rellenar las plazas que quedaban vacantes, apenas 300 efectivos seguían en activo, y éstos se vieron superados en 2017 cuando las altas temperaturas registradas tierras lusas provocaron los devastadores incendios que devastaron miles de kilómetros de terreno y acabaron con las vidas de más de 115 portugueses.

Con el fin de evitar futuras tragedias, durante los últimos dos años el Gobierno del socialista António Costa ha intentado dar un vuelco a la gestión de los bosques lusos con la creación de una nueva empresa pública dedicada a esta materia y con la imposición de multas a quienes no limpian sus terrenos. En este marco, también ha decidido revitalizar el cuerpo de guardias forestales, y el pasado mes de febrero su ministro de Administración Interna, Eduardo Cabrita, anunció la apertura de 200 plazas repartidas por todo el territorio continental luso.

Requisitos imposibles

Poco después de la publicación de la convocatoria, sin embargo, surgió la polémica al descubrirse que veía acompañada por una amplia lista de requisitos que resultan en el rechazo automático de ciertas candidaturas de ciertas personas, entre ellas las de mujeres embarazadas y las personas seropositivas. Ante la oleada de críticas, el ministro explicó que los criterios exigidos a los candidatos eran los mismos aplicados a los reclutas de las Fuerzas Armadas lusas, pero aceptó revisarlos y pidió que el Consejo Consultivo de la Fiscalía se pronunciara sobre la legalidad de los requisitos. Este viernes, el Ministerio anunció que se suprimía el veto impuesto sobre las candidaturas de estas personas, y que se extendía la convocatoria unos diez días adicionales para permitir que todos los interesados pudiesen participar en la misma.

Si bien ya no se rechazan a las candidatas embarazadas y a las personas seropositivas, quien aspire a ser guardia forestal en Portugal sigue teniendo que superar un listón de requisitos sorprendentemente amplio para un puesto remunerado con un salario de apenas 841 euros mensuales.

De partida, sólo los ciudadanos lusos de entre 18 y 27 años de edad pueden optar al puesto. Tienen que medir más de 1’60 y superar tres examinaciones: un test escrito con preguntas sobre la lengua portuguesa, cultura general y la actualidad lusa, una serie de pruebas física y una evaluación psicológica. Pero es que incluso si sacan la máxima puntación en estas pruebas, los candidatos pueden ser rechazados por tener cualquiera de las muchísimas “inaptitudes médicas” que aparecen en el listón de criterios de la convocatoria, que aparece publicada en el Diario de la República.

Muchas de ellas tienen que ver con la apariencia física de los aspirantes: quedan vetadas las personas tatuadas o con cicatrices visibles, las que tienen con deformidades llamativas o piel con la pigmentación alterada, y también las que tienen acné o psoriasis. También quedan rechazadas las que sufren de calvicie provocada por la alopecia, como también a quienes tienen caries dentales sin tratar en cuatro dientes, o menos de 20 dientes naturales.

Tener hemorroides o ser tartamudo es motivo de descualificación de la candidatura, como también lo es el ser anémico o diabético, o el haber sido diagnosticado con sífilis o hepatitis en algún momento. Quedan vetadas las personas con tumores malignos, al igual que las que tienen tumores benignos en sitios “que puedan crear una mala apariencia”.

Expertos legales sugieren que al menos parte de los criterios exigidos podrían suponer una ilegalidad, ya que el Código de Trabajo portugués prohíbe la discriminación de quienes sufren enfermedades crónicas en los procesos de contratación. No obstante, pese a la abundancia de requisitos arbitrarios que podrían resultar en la desestimación de sus perfiles, a día de hoy más de 2.500 lusos han presentado sus candidaturas a las 200 plazas vacantes.

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