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Voto electrónico: ¿por qué aún seguimos usando urnas y papeletas?

La tecnología ayudaría a ahorrar papel y a reducir las colas en Correos, pero genera dudas

¿Llegaremos a votar a través del móvil alguna vez? /

Si compramos billetes de avión, buscamos pareja y hasta hacemos la declaración de la renta por internet, ¿por qué seguimos votando con urnas y papeletas, como hace 40 años? ¿No evitaría el voto electrónico las grandes colas que estos días se están viendo en la oficinas de Correos? Las cifras de intendencia del 28-A son apabullantes: 212.000 urnas, 375 millones de papeletas y 67 millones de sobres. ¿No ahorraríamos papel y, a la larga, también dinero?

“Hay gente muy partidaria, pero yo soy muy escéptico”, responde el politólogo Pablo Simón, quien se apoya en los casos de las primarias de Podemos o Ciudadanos para evidenciar lo importante que es la seguridad. “Para que una democracia funcione bien es fundamental que no haya dudas sobre el proceso de votación, y la seguridad que te da una votación presencial no te la da un proceso telemático”.

Más allá de la cuestión folklórica inherente a toda gran fiesta de la democracia, el catedrático de Filosofía de la Complutense José Luis Pardo también reivindica que “el voto electrónico es aún mucho más vulnerable que las urnas, las papeletas, las mesas electorales, las Juntas electorales y los observadores imparciales”.

Una tesis que también suscribe Cristina Monge, profesora de Sociología en la Universidad de Zaragoza. “Necesitaríamos afianzar la cuestión tecnológica y, por supuesto, la confianza social hacia este sistema”.

La directora de conversaciones de Ecodes solo apostaría por un sistema de voto electrónico “que garantice la seguridad y la fiscalización del proceso sin necesidad de ser un experto”. Algo que –teniendo en cuenta la inversión necesaria en tecnología y “generación de confianza”– no necesariamente tendría que salir más barato que el sistema tradicional y que, en todo caso, “aún no se ha encontrado”.

Monge aclara que, tratándose de una cuestión tan importante, “el coste es secundario”. Pero puestos a ahorrar, Simón propone medidas como la centralización del mailing electoral o, directamente, prohibir el envío de papeletas a domicilio.

Simón también cuestiona otras presuntas ventajas del voto electrónico: “Los estudios indican que la participación apenas crecería –votar de forma electrónica no significa que se pueda votar desde casa– y también hay quién argumenta que los recuentos serían más fáciles, pero en España van rápido, los tenemos en dos horas”.

¿Serviría, al menos, para evitar las interminables colas que esta semana se están viendo en las oficinas de Correos? Elba Maneiro, investigadora de la Facultad de Políticas de la Universidad de Santiago de Compostela, ha sufrido en carne propia las largas esperas asociadas al voto por correo, pero descarta que el voto electrónico sea la solución porque “no hay ningún software que garantice que el proceso sea 100 % seguro”.

Sí reclama, sin embargo, una mejora “urgente” del sistema de solicitud de voto por correo para que, eso sí, pueda gestionarse telemáticamente haciendo uso del sistema de firma electrónica que la Administración lleva años utilizando.

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