Últimas noticias Hemeroteca

Viernes, 13 de Diciembre de 2019

Otras localidades

Qué puedes hacer para frenar el cambio climático desde que te levantas

Trucos para reducir tu huella ecológica diaria con algo de concienciación, muy poco esfuerzo y pequeños cambios en tus hábitos

La cumbre del clima de Madrid vuelve a llevar a los titulares la emergencia climática del planeta. Una cita como esta debería hacer reflexionar a los líderes mundiales de la urgencia de tomar medidas por el clima antes de que sea demasiado tarde.

Los expertos coinciden en que ya no hay tiempo. El ser humano consume más recursos que los que la Tierra puede asimilar: tanto que el año que viene harán falta 1,75 planetas y, si seguimos a este ritmo, para 2050 necesitaremos 2,5 planetas. ¿Por qué no empezar por lo que está en nuestra mano?

Parece una obviedad pero el primer paso para hacer algo es mentalizarse. El segundo, tomar conciencia de lo que cada individuo o cada familia puede hacer para reducir su huella ecológica.

En realidad, todo se limita a la máxima de las tres erres: Reduce el consumo, Reutiliza (dando más de un uso a todo) y Recicla (lo que ya no se pueda usar, tal vez sirva para otros usos). Cambiar algunos hábitos del día a día no supone tanto esfuerzo y aquí hay un puñado de ejemplos para mermar tu impacto medioambiental.

Desayuna con conciencia

Fíjate en los ingredientes de alimentos procesados presentes en muchos desayunos, como la bollería o las galletas, y evita los productos que lleven aceite de palma. Más allá de su efecto en la salud, la palma y la soja causan la deforestación en selvas vírgenes en Indonesia, Brasil o Camerún y son cultivos muy agresivos con el suelo.

Separa la basura correctamente y enseña a los niños a discriminar los residuos para su reciclaje. Interioriza qué va en cada cubo y por qué y compártelo con los que te rodean. Usa productos que puedan reutilizarse varias veces, como servilletas de tela y no de papel.

El baño sostenible

Cierra el grifo cuando no sea necesario. No tiene sentido que el agua corra mientras te lavas los dientes, salvo para aclarar el cepillo y enjuagar la boca, o mientras te enjabonas en la ducha. Cinco minutos de ducha equivalen a 100 litros de agua. Tenlo en cuenta. Asegúrate de que los grifos queden correctamente cerrados y no haya fugas. Fíjate en todo ese plástico y envasado que hay en el baño: cambia botes y dosificadores por pastillas de jabón e intenta comprar papel higiénico sin envoltorio de plástico.

A la hora de vestirte, atiende al etiquetado de la ropa: mejor si no es tóxica, está fabricada con materiales reciclados y respeta las condiciones laborales del comercio justo. Para producir una camiseta de algodón hacen falta 4.000 litros de agua. Antes de comprar ropa nueva, hazte una pregunta: ¿de verdad lo necesitas? Intenta dejar de comprar y tirar, reutiliza y facilita que otros lo hagan, y arregla y remienda.

Apaga las luces al salir de casa y evita dejar los aparatos enchufados. Aunque estén apagados consumen energía. Usa el sentido común con la temperatura y el termostato para no abusar de calefacción ni del aire acondicionado. Que la temperatura de tu casa no suba de 25 grados en invierno ni baje de 23 en verano. Elige bombillas de bajo consumo, desenchufa el cargador del móvil y acostumbra a tus hijos a apagar la luz cuando no la estén usando.

Aparca el coche o compártelo

Si es posible, cambia el coche por tu propia bicicleta o por una de los servicios municipales de las ciudades. Si la distancia es grande, puedes combinarla con el uso del transporte público, como metro o Cercanías. Suele haber vagones habilitados para llevar bicicletas. El coche debería quedar para lo estrictamente necesario y si no hay más remedio, comparte con otras personas para reducir las emisiones. Un año sin usar el coche puede ahorrar hasta 2,6 toneladas de dióxido de carbono. Ten en cuenta que andar y pedalear mejorará la calidad del aire que respiras y te ayudará a estar en forma.

Un ciclista se desplaza por la Gran Vía madrileña. / Samuel de Roman/Getty Images

Guerra a los envases, botellas y pajitas

Cuando tomes café o agua en el trabajo o en el bar de al lado, rechaza los envases. Lleva tu propio recipiente o botella de cristal, loza o bambú y pide al camarero que te lo llene. Prescinde de los cubiertos de plástico y sobre todo de las pajitas. Son innecesarias, tardan cientos de años en desaparecer y contaminan océanos y bosques. El agua del grifo en España es perfectamente potable y consumirla embotellada o de garrafa, totalmente superfluo en la mayoría de los casos.

Esta tortuga marina con una pajita en la nariz es la imagen más dura de los efectos del plástico.

La huella hídrica de la industria cárnica es muy grande. A la hora de comer reduce el consumo de carne y, cuando puedas, cámbiala por verduras y por pescado. Un kilogramo de ternera requiere 15.000 litros de agua para ser producido. Si tienes que tomarla, la huella ecológica del cerdo es mucho menor que la de la vaca. Evita los alimentos procesados y los platos precocinados.

Lleva tus bolsas de casa

Cuando salgas a comprar, tanto a la tienda del barrio como al supermercado, lleva tus propias bolsas y recipientes. Rechaza el embalaje excesivo, los envases, no cojas frescos con plástico y compra a granel. En la carnicería, la charcutería o la pescadería pide al tendero que ponga los productos en los envases que le lleves. Si algo de esto no es posible, procura que cualquier embalaje sea reciclado y reciclable.

Intenta comprar productos locales y que las frutas y verduras sean de temporada. Así reducirás las emisiones del transporte y los productos sabrán mejor al estar en su punto óptimo.

Estos son solo algunos sencillos cambios que todo el que quiera puede interiorizar. Cualquier cambio en los hábitos de consumo puede suponer el ahorro de miles de litros de agua para el futuro, la reducción de emisiones y un respiro para el agotamiento de recursos del planeta.

Cargando
Cadena SER

¿Quieres recibir notificaciones con las noticias más importantes?