Domingo, 29 de Noviembre de 2020

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Confinados en el paraíso: la historia de una pareja atrapada en una isla de las Maldivas

La pareja permanece en la isla como consecuencia del cierre de fronteras

La pareja permanece en el resort.

La pareja permanece en el resort. / Getty Images

El pasado 21 de marzo, Olivia y Raúl de Freitas contraían matrimonio frente a sus familiares y amigos en Sudáfrica. Apenas un día más tarde, y después de recuperarse de lo que una boda conlleva, ambos se subían a un avión rumbo a las Maldivas. Así lo cuenta The New York Times en su versión digital, donde recoge la historia de la pareja que quedó confinada en el paraíso. 

A pesar de que cada vez más países anunciaban restricciones de viaje durante las últimas semanas, algo que les preocupó bastante, su agente de viajes les explicó que no iban a tener ningún problema a la hora de disfrutar de sus tan ansiadas vacaciones. De hecho, y con el objetivo de que siguieran adelante con su luna de miel, les aseguró que la ciudadanía sudafricana podría regresar a sus hogares sin ningún problema. Por todo ello, y tras conocer la opinión del agente, decidieron poner rumbo a las Maldivas, donde pasarían los próximos seis días.

El gobierno de Sudáfrica anuncia el cierre de su espacio aéreo

Concretamente a la isla de Aarah, una de las 1.190 islas coralinas distribuidas en 26 grandes atolones. Durante los primeros días en el Cinnamon Velifushi Maldives, el único complejo turístico de la isla, la pareja pudo realizar todo tipo de actividades junto a los distintos miembros del resort. Sin embargo, y tras varios días de paz y tranquilidad, recibieron el mensaje que no querían recibir. El miércoles 25 de marzo, el gobierno de Sudáfrica anunciaba el cierre del espacio aéreo a las líneas aéreas comerciales desde la medianoche del 26 de marzo hasta, al menos, el 16 de abril, para hacer frente al coronavirus.

Sin embargo, no disponían del tiempo necesario como para llegar a Sudáfrica antes de medianoche. El vuelo de regreso a Sudáfrica consta de un primer vuelo de cinco horas a Doha (Catar), donde tendrían que hacer escala durante tres horas, y de un segundo viaje de nueve horas para aterrizar en Johannesburgo. Por esa misma razón, y a pesar de que lo intentaron de todas las maneras, tuvieron que quedarse en la isla. 

La pareja se queda sola en el complejo turístico

La pareja valoró la posibilidad de viajar a la isla principal en una lancha para probar suerte en su aeropuerto. Sin embargo, y apenas unas horas después de que Sudáfrica anunciara el cierre del país, las Maldivas hacían lo propio. Si la pareja salía del complejo turístico, no se le permitiría volver a entrar. Por esa misma razón, y después de valorarlo durante varias horas, decidían quedarse.

No así el resto de huéspedes del complejo turístico, quienes comenzaron a marcharse a sus respectivos países por miedo a un posible cierre de los espacios aéreos de sus respectivos países. De esta manera, y para el pasado domingo, Olivia y Raúl de Freitas pasaban a ser los únicos huéspedes del resort. A pesar de ello, la pareja quemó todas las vías para escapar del paraíso. Durante los próximos días, se pusieron en contacto tanto con el Consulado de Sudáfrica en las Maldivas como con la Embajada de Sudáfrica más cercana, situada en Sri Lanka. Tras hacer varias llamadas, un portavoz les explicó que había 40 sudafricanos y sudafricanas repartidos por las Maldivas y que la única forma de volver a casa era contratar un jet privado por 104.000 dólares.

Desde el pasado domingo, Olivia y Raúl de Freitas se han convertido en la pareja favorita (y única) para los empleados y empleadas del complejo turístico. Un complejo que trabaja a destajo para que la pareja sudafricana pase el mejor de los confinamientos. Sin embargo, quieren que su problema se resuelta cuanto antes, tal y como cuenta Raúl de Freitas:  "Todo el mundo dice que quieren estar atrapados en una isla tropical, hasta que tú estés realmente atrapado".

El pasado domingo, 5 de abril, la embajada les avisaba con una hora de antelación de que debían hacer las maletas. Tras despedirse de los empleados y empleadas del resort, la pareja puso rumbo en lancha a otro complejo turístico donde pudieron encontrarse con el resto de sudafricanos y sudafricanas que no pueden salir de las Maldivas. Y allí permanecerán hasta que la situación se lo permita.

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