Jueves, 04 de Marzo de 2021

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Cerveza

Por qué no hay que beber cerveza a morro (aunque a todos nos guste)

Un antiguo responsable de Calidad dice haber recibido quejas por botellines con preservativos en su interior

"La cerveza, mejor con dos dedos de frente y uno de crema", dice una experta sumiller

Un seguidor de la selección de fútbol de Irlanda del Norte, bebiendo cerveza a morro antes del partido contra Alemania en la Eurocopa 2016, en París.

Un seguidor de la selección de fútbol de Irlanda del Norte, bebiendo cerveza a morro antes del partido contra Alemania en la Eurocopa 2016, en París. / Peter Kneffel (DPA via Getty Images)

Pegarle un trago a una cerveza, bebiendo directamente de la botella. Puestos a pensar en un gesto que evoque placer y relax, no hay muchos más potentes que ese. Pero, ¿realmente es lo más adecuado? Los expertos consultados por la Cadena SER mencionan factores sociales, sensoriales y hasta de seguridad. Reflexiones que, probablemente, mucha gente ni siquiera se plantea, pero que está bien tener en cuenta para, al final, hacer lo que a cada cual le dé la gana.

A la sumiller Meritxell Falgueras, por ejemplo, le gusta beber cerveza “con dos dedos de frente y uno de crema”. Crema y no espuma, dice ella, porque la espuma es lo que sale del Fairy. En su caso prefiere un caña bien tirada, pero reconoce que beber a morro está “entre lo garrulo y lo glamuroso”, y que “el momento billar también tiene su rollo”. El golpe de carbónico, en ese caso, es lo de menos.

Mikel Rius, director del Barcelona Beer Festival, también cree que “la cerveza se puede disfrutar de muchas maneras”, pero deja claro que la forma de tomarla marca por completo la experiencia. “El sabor será bastante parecido, pero el tacto, la sensación que tienes en boca, será distinta. Si bebes a morro, eso sí, te pierdes la información visual y todos los aromas”.

Experiencias muy distintas

“Otra cosa es que a ti te importe más o menos”, añade. “La experiencia casual también es válida. Lo importante es que sientas satisfacción. No hay por qué caer en sibaritismos. Hay gente a la que le gusta la música y solo escucha Los 40. Pero tú dile a un experto en cómics que sus libros son de dibujitos”.

Javier Román, maestro cervecero de Bachiella y propietario del restaurante Brasa y Birra (Pozán de Vero, Huesca) también sostiene que “lo importante es que la gente lo disfrute”. Pero lo dice con la boca pequeña: “Nosotros hacemos una de jengibre con zumo de lima y pegarle un trago en verano, si estás acalorado, sienta estupendamente. Pero también sé lo que cuesta elaborar una cerveza”.

El típico eructo

El consumo de cerveza tiene una vertiente organoléptica, pero no cabe duda de que la enorme mayoría de la gente se acerca a este producto con fines puramente lúdicos. Y David Castro, fundador Cervezas La Cibeles, lo sabe perfectamente: “¡Claro que he bebido cerveza a morro! ¡Yo también he sido joven!”, asegura. “Si las tienes en un cubo con hielo y el vaso está al sol, a 40 grados al sol, está claro que te la tomas directamente. Pero en ese caso tomas mucho más CO2 y te expones al típico eructo choricero o que te pique la nariz”.

El maestro cervecero madrileño también reconoce que hay bares en los que te sirven un vaso que puede oler “a bayeta” o incluso “a vómito”, y que en esos casos también resulta más recomendable beber a morro. Pero Castro, que también es juez del Campeonato del Mundo de Cerveza, asegura que “para degustar bien una cerveza hay que servirla en un recipiente que te permita ver su interior y que sea lo más aséptico posible”.

Para algunos expertos, sin embargo, no basta con eso: "El vaso de tubo debería estar prohibido", señalaba Susana Giner, gerente de la tienda-bar 2D2despuma de Barcelona, en un artículo publicado por El Mundo.

¿Beber vino a morro?

Luis G. Balcells, autor de Cerveza. La bebida de la felicidad, sostiene algo parecido. “Si te tomas la cerveza como si fuera un refresco o el agua del florero, no pasa nada. Pero estás pagando por algo que no aprovechas”.

En su opinión, el hecho de beber cerveza a morro tiene mucho que ver con una estética asociada, sobre todo, a la gente joven: “¿A que no te imaginas a alguien bebiendo a morro un vino de Ribera o de Rioja?”.

Balcells sostiene la importancia del tiraje en la experiencia gastronómica. “Al madrileño le gusta que la cerveza tenga un tapón de dos dedos de espuma y no solo por cuestiones estéticas: también ayuda a conservar los aromas y la temperatura”, explica. “Pero el carbónico influye mucho. No es lo mismo tomarte una cerveza sola que acompañándola de tapas. Se han llegado a hacer estudios para calcular cómo influye la forma de tirar una caña en el consumo de comida”.

Que beber a morro sea más o menos seguro ya es un tema a parte. Balcells, que también tiene años de experiencia al frente del departamento de Calidad de una gran cervecera —“el ángel de la guarda del producto hasta que llega al consumidor”—, asegura que ha visto de todo.

“Toda botella lleva un código que te permite saber qué día, a qué hora y en qué minuto se ha llenado. Y también la trazabilidad completa del recorrido. ¡Incluso qué operario estaba trabajando en ese momento!”, dice. “Todos los envases pasan por un escáner con rayo láser que analiza su contenido. Pero con las latas resulta más complicado y, una vez por cada 10 millones de botellas, se nos pueden pasar cosas”.

Leyendas, accidentes y sabotajes

Balcells asegura que hay muchas leyendas urbanas, como la de las ratas que orinan sobre las latas en la bodega de un barco, pero reconoce que, a veces, si a causa de un fallo en la maquinaria se paraliza la producción, puede suceder que miles de botellas se queden abiertas durante unos minutos y que se cuele una mosca o un mosquito. Algo que, si la cerveza se sirve en un vaso, se podrá ver.

También admite que, en el caso de las botellas retornable, el sistema de limpieza y desinfección no es infalible. “Alguna vez puede quedarse algo dentro”, dice. “Incluso una pieza de la máquina llenadora. Pero se trata de casos accidentales”.

Lo más llamativo, según cuenta, son los sabotajes: “Los típicos graciosillos dentro del propio local, que retiran la chapa y luego la vuelven a poner… ¡Nos han llegado denuncias de condones o bolsitas de kétchup en el interior de una botella! El hostelero llama al distribuidor, este al jefe Ventas… Hay gente que te amenaza con subirlo a redes sociales y que te ofrece olvidarlo si les compensas económicamente”.

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