Escuela, memoria y montañas: la vida de Adolfo Pastor en su aldea de Cuenca
Maestro de profesión y responsable de desaparecidos en La Gavilla Verde, este conquense vive ahora tranquilo con sus cabras en Santa Cruz de Moya

El regreso al origen de Adolfo Pastor tras una vida de activismo
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Cuenca
Adolfo Pastor nació entre montañas, en Santa Cruz de Moya, en la Serranía Baja de Cuenca, un territorio donde la memoria forma parte del paisaje y la vida ha estado marcada históricamente por el esfuerzo, la emigración y el silencio. Como tantos hombres de su generación, tuvo que marcharse joven a Barcelona en busca de oportunidades, pero nunca rompió el vínculo con su lugar de origen.
Maestro de vocación y activista por convicción, dedicó su vida a la educación, a la recuperación de la memoria histórica y, en los últimos años, al cuidado de los animales y del entorno rural al que regresó tras la jubilación y donde decidió quedarse tras la muerte de su compañera. Hoy vive en una pequeña aldea de este municipio conquense, donde las cabras, la palabra y el recuerdo marcan el ritmo de sus días.
En Hoy por Hoy Cuenca, Adolfo Pastor repasa una biografía atravesada por la tragedia, el compromiso y la coherencia, desde una infancia marcada por la violencia franquista hasta una vejez activa, ligada a nuevas luchas sociales y familiares.

Adolfo Pastor con sus cabrillas en las tierras de Santa Cruz de Moya.

Adolfo Pastor con sus cabrillas en las tierras de Santa Cruz de Moya.
Una infancia marcada por la violencia
Los recuerdos de la infancia de Adolfo Pastor están profundamente ligados a la tragedia. Tenía apenas tres años cuando su padre fue asesinado por su relación con la guerrilla antifranquista, un episodio que ocurrió en Villar del Arzobispo y que afectó a muchas familias de Santa Cruz de Moya y sus aldeas.
“No recuerdo nada, solamente me lo imagino”, explica. La ausencia paterna y la violencia ejercida sobre su familia marcaron su vida de manera definitiva. “Aquel hecho es lo que me ha marcado sobre todo mi relación con La Gavilla Verde”, afirma, vinculando directamente su compromiso con la memoria histórica a la figura de su padre. “Todo lo que he hecho en la Gavilla es gracias a la memoria de mi padre”.
La emigración
La marcha a Barcelona no fue una decisión individual, sino familiar. “Fuimos a buscarnos la vida como tantos otros”, recuerda. El traslado supuso un choque entre el mundo rural de su infancia y la realidad urbana de los barrios periféricos de la ciudad.
En Barcelona se formó como maestro y comenzó una trayectoria profesional ligada a la educación en contextos populares. La música que descubrió en aquellos años —Raimon, Serrat, Atahualpa Yupanqui— quedó asociada a un tiempo de aprendizaje, lucha política y construcción personal.
Una vocación docente basada en el respeto
Adolfo Pastor ejerció como maestro en una época en la que muchos barrios carecían de infraestructuras educativas adecuadas. Aclara que no creó escuelas en pisos, sino que trabajó en un contexto donde estas existían por necesidad, impulsando centros educativos más amplios y con una filosofía pedagógica definida.
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Su escuela se regía por un principio claro: “Todas las normas de esta escuela se fundamentan en el respeto”. El respeto mutuo, la convivencia entre personas de orígenes diversos y la educación activa fueron los ejes de su proyecto educativo.
“La escuela no eran solo aulas y libros, era una vida”, explica. El aprendizaje se vinculaba al barrio, a la ciudad, al trabajo de las familias y al entorno. Salidas, actividades comunitarias, colonias en el monte y participación vecinal formaban parte del día a día escolar.

Adolfo Pastor con su familia en una fiesta de disfraces en Las Rinconadas.

Adolfo Pastor con su familia en una fiesta de disfraces en Las Rinconadas.
La Gavilla Verde y los desaparecidos
Aunque no fue fundador de La Gavilla Verde, Adolfo Pastor se incorporó en sus primeros momentos y asumió una de las responsabilidades más duras: el trabajo con los desaparecidos del franquismo. “Para mí fue poner en práctica el recuerdo de mi padre”, afirma.
Durante años se dedicó “en cuerpo y alma” a acompañar a las familias, organizar búsquedas y participar en exhumaciones, en una época con pocos medios y muchas dificultades. “El encontrar una persona desaparecida para quien lo está viviendo es fundamental”, subraya.
Su labor estuvo marcada por la cercanía con el dolor ajeno y por una implicación constante, que se prolongó desde el año 2000 hasta prácticamente su salida de la asociación.

Adolfo Pastor asiste a una exhumación de represaliados del franquismo en Talavera de la Reina (Toledo).

Adolfo Pastor asiste a una exhumación de represaliados del franquismo en Talavera de la Reina (Toledo).
El regreso al pueblo
Tras la jubilación y la enfermedad de su mujer, Adolfo regresó definitivamente a Las Rinconadas, una aldea donde hoy viven unas cuarenta personas durante la semana. Allí cuida un pequeño rebaño de cabras y convive con un burro llamado Picarol.
“El cuidar las cabras es una gracia”, dice. Para él, el contacto diario con los animales es terapéutico, tanto a nivel físico como emocional. Asegura que la vida en el pueblo le ha mejorado incluso problemas físicos que se agravaban en la ciudad.
“La parte anímica es fantástica”, resume, destacando la calma, la convivencia vecinal y la posibilidad de revivir recuerdos mientras camina por los mismos paisajes de su infancia.

Adolfo Pastor en el jardín dedicado a su mujer en Las Rinconadas.

Adolfo Pastor en el jardín dedicado a su mujer en Las Rinconadas.
La memoria de Rosa Giner
La figura de su mujer, Rosa Giner, ocupa un lugar central en su relato. Maestra y dinamizadora cultural, promovió durante años actividades teatrales en Las Rinconadas y Santa Cruz de Moya. “Toda la vida con ella ha sido fantástica”, recuerda.
Juntos impulsaron iniciativas culturales, recorrieron senderos, investigaron restos históricos y escribieron sobre el pasado milenario de la zona. Tras su muerte, Adolfo mantiene viva su memoria a través de un pequeño jardín y una placa con un poema escrito por ella. “Su vida y su muerte han sido para mí una gran lección”, afirma.

Rosa Giner, frente al micrófono, junto al grupo de actores al finalizar una representación en Las Rinconadas, Santa Cruz de Moya (Cuenca). / Foto cedida

Rosa Giner, frente al micrófono, junto al grupo de actores al finalizar una representación en Las Rinconadas, Santa Cruz de Moya (Cuenca). / Foto cedida
Nuevas luchas desde lo personal
Lejos de retirarse, Adolfo sigue implicado en nuevas causas. En los últimos años se ha movilizado para lograr la aprobación en España de un medicamento para la ataxia de Friedreich, enfermedad que padece su nieta María.
“Hemos conseguido que este medicamento ya esté aprobado en España”, explica emocionado, aunque aún espera que llegue cuanto antes a los pacientes. Para él, esta lucha es una prolongación natural de toda una vida dedicada a no rendirse.
Maestro, activista, hombre de campo y memoria viva de su territorio, Adolfo Pastor encarna una biografía atravesada por la coherencia entre lo vivido y lo defendido. Desde las montañas de Santa Cruz de Moya, sigue cantando, cuidando y luchando, convencido de que la libertad, el respeto y la memoria siguen siendo tareas pendientes.

Paco Auñón
Director y presentador del programa Hoy por Hoy Cuenca. Periodista y locutor conquense que ha desarrollado...




