La Alcazaba de Badajoz reescribe su historia tras los últimos hallazgos arqueológicos
Las excavaciones recientes revelan nuevas claves sobre el origen, la evolución y la vida en uno de los enclaves históricos más importantes del suroeste peninsular

Badajoz en la Historia: Alcazaba de Badajoz
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Badajoz
La Alcazaba de Badajoz no es un monumento detenido en el tiempo. Muy al contrario, sigue siendo un espacio “vivo”, en constante transformación histórica gracias a los avances arqueológicos que en los últimos años están ofreciendo una imagen muy distinta de la que se tenía hasta ahora. Así lo trasladaba el historiador y profesor jubilado Julián García Blanco, en la sección Badajoz en la Historia de Hoy por Hoy Badajoz.
Desde lo alto de sus murallas, la percepción actual de la Alcazaba dista mucho de la de hace apenas uno o dos años. Las excavaciones en extensión, frente a las intervenciones puntuales de décadas anteriores, han permitido descubrir nuevos yacimientos y estructuras que obligan a revisar cronologías, usos y dimensiones del conjunto fortificado.
Aunque tradicionalmente se ha identificado la Alcazaba como una construcción almohade, los estudios confirman que en ella conviven elementos de prácticamente todas las épocas, desde finales del cuarto milenio antes de nuestra era hasta la actualidad. El Cerro de la Muela, donde se asienta, estuvo habitado desde el Neolítico final y aprovechado sucesivamente por culturas prerromanas, islámicas y cristianas.
La fundación de Badajoz como ciudad se atribuye a Ibn Marwán, quien llegó al enclave en el año 875. Sin embargo, el proceso fue complejo y marcado por conflictos con el poder omeya de Córdoba. Tras varios intentos fallidos y destrucciones, no fue hasta el año 888 cuando se consolidó la ciudad de forma estable, aunque con un asentamiento inicial reducido y construido con materiales muy humildes, lo que dificulta hoy su identificación arqueológica.
Uno de los grandes debates actuales gira en torno a la configuración original de la Alcazaba. Mientras algunos investigadores sostienen que el actual recinto amurallado correspondería a la antigua Medina, otros defienden una Alcazaba de mayores dimensiones, con conexión directa con el río Guadiana, un elemento estratégico imprescindible para la defensa y el control del territorio.
Las investigaciones más recientes, dirigidas por arqueólogos como Nuria Sánchez Capote, han supuesto un punto de inflexión. Sus trabajos han permitido atribuir a época taifa numerosas estructuras que antes se consideraban almohades, como la entrada en recodo de la puerta del Alpendiz o partes del antemural y la cerca exterior. Estos hallazgos aportan una lectura mucho más compleja y rica del recinto.
Además, en la zona trasera de la actual Facultad de Comunicación han salido a la luz restos del antiguo palacio islámico, con una gran piscina central, estancias residenciales y decoraciones murales de gran valor, aunque los expertos insisten en la necesidad de preservar áreas sin excavar para futuras generaciones, dado el avance constante de las técnicas arqueológicas.
Tras la conquista cristiana en 1230, la Alcazaba se transformó en un barrio más de la ciudad, con palacios nobiliarios, edificios institucionales y, más tarde, funciones militares. En siglos posteriores llegó a convertirse en un espacio degradado y de infravivienda, hasta que los trabajos de recuperación devolvieron su valor patrimonial.
Hoy, la Alcazaba de Badajoz se presenta como un auténtico libro abierto de la historia, aún con muchas páginas por escribir. Un legado que, como subrayan los expertos, ahora corresponde proteger para que las generaciones futuras puedan seguir descubriendo la riqueza histórica de uno de los grandes símbolos de la ciudad.




