El Langui: de tirar higaditos detrás del sofá a triunfar con su tasca madrileña
El rapero de Pan Bendito acumula proyectos gastronómicos como actor, presentador y, ahora, también como hostelero

Madrid
Juan Manuel Montilla es un vacilón. Segundos antes de empezar a grabar la entrevista en Gastro SER nos cuenta que está en trámites para cambiarse el nombre porque siempre ha querido llamarse Jeremías. Pero le seguimos la corriente y, al final, reconoce —socarrón— que era una broma. Una mezcla de bondad y picardía con la que, ya en El truco del manco, se metió a media España (y al jurado de los Goya) en el bolsillo.
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Rapero, actor, director de teatro, presentador de televisión y deportista de élite, El Langui es un torbellino supercapacitado. La serie El chiringuito de Pepe, además, despertó su interés por la hostelería. Una inquietud que le ha acabado llevando a abrir La Tasca del Langui en Málaga, donde ofrece gildas de calité (2,90 euros), orejuni a la plancha (9), soldadito de Pavía (3,50), un pepito de ternera tuneado (11), albóndigas de choco (8,50) o su ya mítico croquetón, servido en un plato icónico, diseñado por El Taller de Piñero.

Croquetón (La Tasca del Langui). / C. G. CANO

Croquetón (La Tasca del Langui). / C. G. CANO
El programa Donde comen dos, secuela inclusiva de Un país para comérselo, le permitió viajar y comer por toda España (y parte del extranjero) junto al actor Pablo Pineda. Una experiencia suculenta —con menús degustación y templos de la cocina clásica— de la que El Langui también salió con una envidiable agenda de contactos.
"¡Media ración de oreja!"
"A mí lo que me molan son las tascas y el picoteo. '¡Ponme un refrigerio! ¡Un vinito! ¡Ponme una gilda! ¡Una media ración de oreja! ¡Un bocadito de calamares! Una tajada de bacalao'... Y dije: '¿Me voy a embarcar en algo tocho?'. Y esa idea inicial derivó en La Tasca del Langui".

La Tasca del Langui. / C. G. CANO

La Tasca del Langui. / C. G. CANO
Durante el desarrollo de la idea de negocio, de todas formas, se apoyó en algunos colegas: Dabiz Muñoz, Dani García, Martín Berasategui... "Yo les pedía consejo y ellos me decían que no me volviera loco y que empezara con algo sin pretensiones", explica. "Cuando le pasé la idea del diseño de las mesas, con la forma de mis piernas, Dabiz Muñoz me dijo: '¡Buah! Eso es muy marca, Langui. ¡Qué guay!'".

Después de un primer intento en San Pedro de Alcántara, El Langui se asoció con Iñaki Teijón (Grupo Baluarte) y trasladó La Tasca a la zona de la playa de Huelín (más o menos cerca de la estación del AVE), a donde acude de vez en cuando —castizamente uniformado— para charlar con sus clientes y comprobar que todo marcha bien.
Higaditos detrás del sofá
Al preguntarle por los recuerdos gastronómicos de su infancia, El Langui recuerda que no le gustaban los higaditos y que, siempre que podía, los iba escondiendo detrás del sofá... ¡hasta que su madre se dio cuenta! Pero también recuerda con cariño "la paella, el cocidito o los filetes rusos chiquitines"... y los olores del barrio. "Te dabas un paseo por Pan Bendito y decías: '¡Uy, aquí están haciendo cocido! O sofrito de pimientos, o tortillita de patata'... Era humilde, pero se come bien".
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Gastro SER | El Langui: del rap a La Tasca
El Langui hace tantas cosas (en junio volverá a actuar con La Excepción) que, a veces, consigue que nos olvidemos de su parálisis cerebral: "¡Me olvido hasta yo!". Pero las limitaciones físicas de las que habla en la canción Espasticidad son tan reales como la vida misma y le complican tareas tan cotidianas como la cocina.
"Poder cocinar, puedo, pero la verdad es que también las lío pardas. Durante la pandemia me dio por replicar las recetas de Dabiz Muñoz y mi familia decía: '¡Qué bien, hoy vamos a comer rico!'. Yo te corto en juliana y te hago pílpiles, pero voy muy lento y, si quieren comer a la hora, necesito 30 pinches. También lo pongo todo perdido... Pero bueno, me gusta cocinar con ellos y, al final, se trata de compartir".
La dieta paralímpica
Gran amante de los mercadillos, El Langui dice que, si no cocina más, es por falta de tiempo. Pero al preguntarle por su plato estrella, no lo duda: "Unas sartenes espectaculares de ropa vieja con setas o morcilla".
Desde que forma parte del Equipo Paralímpico Español, El Langui ha empezado a cuidar su dieta. "La bocha requiere mucha puntería, control de fuerza, precisión y, sobre todo, mucha estrategia. Pero no tiene el desgaste físico de la natación. Si estás delgado, aumenta tu flexibilidad, tu agilidad y tu condición anímica. Yo llegué a los 80 kilos y ahora estoy en 63. Intento comer sano y eso me ayuda a entrenar y a competir".
Lo que no ha cambiado es su experiencia como cliente a la hora de usar el baño en los restaurantes. "Vamos todos muy acelerados. ¡Hasta yo, que soy una persona con discapacidad! Porque miramos la nuestra y no miramos la de enfrente... En el centro de Madrid, por ejemplo, hay muchos bares que no están adaptados. ¿Por qué te tienen que ayudar a bajar las escaleras entre tres?".

Carlos G. Cano
Periodista de Barcelona especializado en gastronomía y música. Responsable de 'Gastro SER' y parte del...




