Jueves, 02 de Diciembre de 2021

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El Reino de León

Esta semana en SER Historia profundizaremos en la historia de uno de los reinos peninsulares de la Edad Media. Hablaremos del reino que se puede considerar padre del reino de Castilla que después se extendió por gran parte de la península; el reino de León.

El Reino de León

Si miramos al escudo de España nos daremos cuenta de la importancia del reino de León en nuestro país. El león aparece como símbolo dentro de la unión de los cuatros reinos que formaban la península en la Edad Media. A pesar de que actualmente sólo sea una provincia de las 9 de la comunidad a la que pertenece, el hecho de que su nombre aparezca en la denominación de Castilla y León es otro rasgo de la importancia que tuvo este reino peninsular en la Edad Media.

Si nos centramos en su historia particularmente, el Reino de León es heredero del Reino de Asturias que resistió la invasión musulmana. En un principio, la ciudad de León, antiguo campamento militar romano que derivó en población permanente, fue anexionado por Ordoño I al reino de Asturias en el año 856. El hijo de este monarca, Alfonso III El Magno, dividió el reino astur en tres partes para repartir a sus hijos. García I recibió el territorio leonés y fundó el reino de León en el 910. Cuatro años más tarde, el rey fundador murió sin descendencia y su hermano Ordoño II reclamó el reino para sí y fue proclamado monarca en León.

Galicia y León compartirían Rey desde este momento y la capital del todavía existente Reino de Asturias se trasladó desde Oviedo a León. Esta unión entre Galicia y León sólo se vio interrumpida tres años en el 926, cuando el hermano de Alfonso IV, Sancho Ordoñez, declaró Galicia independiente en el marco de la lucha fraternal entre ambos. La muerte de este último finalizó con esta separación y Alfonso IV reunificó ambos reinos.

La expansión: Reyes que dividen sus reinos

Una constante en el reino de León es la habitual división de territorios a la muerte de un monarca. Los reyes solían separar el reino y repartirlo entre sus descendientes para no generar disputas entre ellos. Pero lo que se conseguía era justo lo contrario.

Un ejemplo es Fernando I. Hijo del Rey de Navarra Sancho III, recibió de éste el condado de Castilla como herencia e inicia una guerra contra el Reino de León en la que fallece el rey leonés Bermudo III, que no tiene descendencia. Dio la casualidad de que Fernando I estaba casado con Sancha, hermana del fallecido monarca, lo cual le concedía el derecho a reclamar la corona. Fernando I se proclamó rey en contra del pueblo leonés que vio como el hombre que había matado a su rey subía al trono.

A la muerte de este, el reino se dividió en cinco partes entre los descendientes de Fernando. Sancho II hereda el condado de Castilla y su hermano menor Alfonso VI se lleva León, la joya del reino. Los otros hermanos reciben Galicia, Zamora y la ciudad de Toro, pero todas bajo el reino de León. Sancho que es el primogénito no queda contento con el reparto y al acceder al condado de Castilla se proclama Rey y lo convierte en reino.

Pero Sancho fue más allá. Con la ayuda de El Cid, toma la ciudad de León y Alfonso VI y sus tropas se ven obligados a refugiarse en Zamora, al amparo de su hermana Urraca. Sancho sitia la ciudad, en lo que se conoce como “el cerco de Zamora”, pero muere en plena batalla de la mano de Vellido Dolfos. Alfonso VI recupera todos los territorios, pero mantiene la denominación de reino para los territorios de Castilla, que finalmente se acabaría independizando.

De hecho, las luchas entre ambos reinos por expandirse hacia el sur en plena reconquista serán una constante durante la segunda mitad de la Edad Media. El aumento del poder castellano y la constante intención de Castilla por anexionarse León supondrán conflictos entre reinos cristianos en plena reconquista. La muestra es la negativa de los leoneses de luchar en la decisiva batalla de las Navas de Tolosa junto con los castellanos, que ya habían usurpando plazas leonesas. Alfonso IX no acudió a la batalla y prefirió recuperar estas plazas. A su muerte, dividió el reino entre sus hijas, pero Fernando III no respetó los derechos dinásticos de las huérfanas y anexionó el reino de León al de Castilla.

De este modo se puede resumir la historia de León, un reino que fue padre de Castilla y Portugal y que acabó siendo devorado por sus propios hijos. Un reflejo de la propia historia de sus monarcas. Luchas fraternales, divisiones hereditarias y continuas independencias y recelos entre ellos.

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