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Jueves, 22 de Agosto de 2019

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De menú del día por el polígono industrial

Estrenamos la sección 'Comando Quintas' en la que abordaremos a lo largo de todo el verano cuestiones relacionadas con la alimentación de nuestro día a día

En casi cualquier restaurante español podemos encontrar y degustar el famoso y popular “menú del día”. Ya sabemos que es un menú que habitualmente está compuesto por dos platos, bebida, postre o café y cuyo precio atrae cada día a millones de comensales. Ya sean trabajadores, gente de viaje o simplemente personas a las que no les gusta cocinar en su casa.

Durante el Congreso de Gastronomía de San Sebastián celebrado en noviembre de 2009, Ferran Adrià sostuvo que los menús del día estaban muertos. El propietario del ElBulli argumentaba que las tapas, y en general “un modelo más informal” de comer, se impondrían sobre él. Sin embargo, diez años después (afortunadamente) la profecía no se ha cumplido.

Considerado por los críticos gastronómicos como el último eslabón en la cadena de la gastronomía. Despreciado y subestimado durante décadas, la cultura del menú del día continúa fuerte. Con todo, nada tiene que ver con la de los países de nuestro entorno, en donde sus homólogos son cuidados y puestos en valor. Pensemos en Francia y sus bistrot o en Italia y sus trattorías, considerados templos del buen comer que cuidan y exportan su gastronomía al mundo.

Los orígenes del menú del día se remontan a la década de los sesenta. Eran los años del boom del turismo de sol y playa que multiplicó el número de visitantes a nuestro país en pocos años. En pleno desarrollismo, la dictadura buscaba atraer un mayor número de visitantes a nuestras costas y, una de las medidas que adoptó para potenciar el turismo fue la obligación de servir un “menú turístico” en cualquier local que sirviese comidas y bebidas. En el menú no podían faltar platos como los entremeses o la sopa para el primer plato, carne, pescado o huevos de segundo con guarnición, un postre, bebida y pan.

La normativa recogía que el “menú turístico” debía ofrecerse y situarse en un lugar visible del restaurante. Además debía servirse “con la máxima preferencia y rapidez. Debiendo procurarse que en la confección del mismo se dé entrada a platos típicos de la comida española”.

El hecho de que el menú tuviera un precio cerrado por el gobierno hacía que los restauradores apenas obtuvieran beneficios con él y por ello, la respuesta de los establecimientos fue disminuir la calidad de la comida. Este menú turístico pronto se ganó fama de tener mala calidad y los propios restaurantes desaconsejaban su consumo. A esto se le añadía que, con la intención de obtener más rentabilidad, los restauradores comenzaron bien a añadir suplementos opcionales que encarecían el menú o bien a hacer más pequeñas las raciones, por lo que resultaba difícil comer bien con el menú base.

En 1970 a través de una nueva ley se reformó el “menú turístico” y se renombró bajo el nombre de “menú del día”, aunque hubo que esperar hasta los años ochenta para que se liberalizaran los precios del menú y la calidad de estos amentara sin cesar hasta nuestros días.

Nos hemos acercado hasta el polígono industrial de Las Mercedes situado al este de Madrid para charlar con comensales y propietarios de restaurantes y testear si continúa siendo una de las opciones preferidas al mediodía. Spoiler: sí.

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