Jueves, 26 de Noviembre de 2020

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crónica del Dcode Festival

Dcode 2019: nostalgia, calor y energía

El festival madrileño volvió a demostrar que la combinación de grupos clásicos con nuevas promesas es un éxito

Un resumen de lo que fue el Dcode 2019 / VÍDEO: BEA POLO

Si hay una palabra que defina al Dcode es comodidad. Un recinto de tamaño manejable, al lado de una parada de metro y un solo día de festival hacen que sea cita obligada para muchos cada mes de septiembre. El cartel suele combinar novedades con clásicos, tanto nacionales como internacionales, y por eso encuentra siempre acomodo público de todas las edades. El horario también ayuda a que haya muchos niños pero, como los organizadores son conscientes de que los asistentes miden sus fuerzas si quieren llegar ver el último concierto de madrugada, decidieron que abriera el festival el grupo de moda. Intuían que Carolina Durante era el reclamo perfecto para que ya hubiera un gran número de asistentes desde primera hora y no se equivocaron.

La carpa estaba abarrotada a las 12 de la mañana. “Gracias por estar aquí, yo no hubiese venido”, confesaba Diego Íbañez, el cantante del grupo, en uno de sus escuetos comentarios entre canción y canción. Prefiere beber agua y recuperarse de las sacudidas imposibles de su cuerpo al ritmo de la música. Su nuevo disco no se corea con la misma fuerza que Cayetano pero los más jóvenes del lugar, que no dejaron de cantar, dominaban las letras a la perfección. Al final del concierto la música se fue varias veces pero el público estaba tan entregado que siguió coreando en vacío. Parecía que, como en los Goya cuando el premiado excede su tiempo de agradecimientos, la organización intentara que se bajaran del escenario, sin éxito. Porque ellos seguían cantando “Ya va siendo hora de volver a casa” en completa comunión con los asistentes hasta que se despidieron. Más tarde, el festival pedía perdón por los problemas técnicos de la actuación.

Septiembre en Madrid es caluroso pero a primera hora de la mañana y por la noche siempre refresca. A mediodía el sol empezaba a apretar fuerte y se agradecía mucho que los conciertos fueran en una carpa techada pero abierta por los laterales, que liberase la energía que se concentra en un concierto como el de La Casa Azul. Guille Milkyway le canta a la felicidad como a la tristeza más profunda con la misma pasión y su público se desgañita dando saltos mientras disfruta de su espectáculo audiovisual. Su último disco, La Gran Esfera, tiene más de lo segundo que de lo primero y quedó claro que algunas de sus nuevas canciones como El Momento, El final del amor eterno, Nunca nadie pudo volar o Podría ser peor ya son éxitos imperecederos en su repertorio, solo superados por La revolución sexual. Tras tocarla, los aplausos fueron largos y sentidos. El público de La Casa Azul es fiel y sabe cómo devolverle a Milkyway todo lo que él les ha dado.

Baño de masas del cantante de Viva Suecia / ELISA MUÑOZ

Viva Suecia era el encargado de inaugurar uno de los escenarios principales… a las cuatro de la tarde. Ya no había techo que resguardara de la fuerza del sol a esa hora. A pesar de eso, se notaba que había llegado mucha gente nueva al festival para verles a ellos. “Este es nuestro primer concierto de hoy, vamos a tener dos, en nuestras dos ciudades favoritas”, contaba Rafa Val, el cantante, que se rompió este verano un dedo de la mano y ha cambiado la guitarra por un micrófono y un cigarro (tras otro) en los conciertos. Que una hora antes de empezar, Jess Fabric, el bajista, estuviera tirado en un sofá con fiebre tampoco iba a amargar la fiesta. Se nota que los murcianos disfrutan en el escenario y eso siempre se contagia abajo. Casi todo comenzó a capella retumbando en el Dcode y durante Hemos ganado tiempo, el cantante bajó entre el público. La conexión es constante. “¡Esto es un jodido milagro!”, dijo en un momento dado Val. De ahí el título de su próximo disco, El Milagro, que se publicará el próximo 4 de octubre. Las dos canciones que ya se conocen del álbum, Lo que te mereces y la recién estrenada Algunos tenemos fe, funcionan muy bien en directo. La música de ABBA indicaba que el concierto se había acabado. Solo quedaba gritar bien alto ¡Viva Suecia! Y más sabiendo que luego venían The Cardigans.

No hay sauna que concentre tanto calor como el concierto de Viva Suecia, por eso muchos pensaron que era buena idea buscar una sombra para escuchar los conciertos de St Woods, Gerry Cinnamon y Tom Odell. Todavía quedaba mucho festival por delante. Con Miss Caffeina ya se empezaba a notar ambiente nocturno pero eran solo las siete de la tarde y el sol seguía pegando con fuerza. Aún así, el cantante, Alberto Jiménez tardó en quitarse la cazadora vaquera. Su concierto fue ganando intensidad al mismo tiempo que lanzaban sus dardos: “Pensábamos que Oh! Sana perdería sentido con los años pero ahora tiene más sentido que nunca. Por todos aquellos que quieren hacer listas con nosotros”, decía Jiménez sin más explicación. Que se sienta aludido quien corresponda, al igual que en Reina. Con Mira cómo vuelo, la versión de Free from desire, de Gala, y Cola de Pez llegó el frenesí final. Al final todo se resume en que esto va de estar vivos y de nada más, como ellos mismos cantan.

Alberto Jiménez, cantante de Miss Caffeina, con cazadora vaquera a 30º / CRIS MOLINA

El baile pasó del dance-pop al rock con Eels en el escenario de al lado. Un concierto divertidísimo donde Mark Oliver Everett demostró sus tablas en el escenario. Hasta el que no había ido a verle se sintió atrapado en algún momento por su magnetismo y algo parecido ocurrió con Los Cardigans. Mucho músico joven aprovechó para cenar durante estos dos conciertos pero cuando sonaron canciones como Erase/Rewind, My favourite game o Lovefool las miradas volvían al escenario principal. El resto del concierto fue correcto pero estaba dedicado a sus fans nostálgicos, gozosos de volver a escuchar los temas de Gran Turismo que Nina Persson cantaba como si no hubiera pasado el tiempo por ellos.

La cantante del grupo sueco The Cardigans, Nina Persson, en pleno concierto / David Fernández (EFE)

En este momento de la noche empezaba a hacer fresco, sobre todo, para los que sudaron mares durante la tarde. Amaral pronto volvió a hacer que el público entrara en calor de nuevo. Comenzaron con Señales, una de las canciones de último trabajo, Salto al color, publicado tan solo un día antes y que venían dispuestos a presentar. Las fueron salpicando entre grandes éxitos como El Universo sobre mí, Marta, Sebas, Guille y los demás o Cómo hablar, una de las responsables de que el dúo zaragozano viva en Madrid desde hace más de 20 años. La cantante reconocía que siempre “es maravilloso” tocar en esa ciudad que ya es su hogar y que antes de salir a cantar lo pasa tan mal que se pregunta por qué se dedica a esto. La respuesta está en su transformación en el escenario. Eva Amaral lo llena entero en cuanto sale a él. Por eso, aunque el público no pudiera corear las nuevas canciones como Soledad o Juguetes Rotos, las escuchaba y admiraba sin pestañear. El ritmo del concierto no decayó en ningún momento. Fue vibrante hasta el final con Hacia lo salvaje y los versos de A galopar de Alberti. De traca final del festival, Two Door Cinema Club, Caravan Palace y Kaiser Chiefs. Con ellos, la Complutense bailó hasta altas horas de la madrugada. Por entonces, ya hacía frío pero los casi 20.000 asistentes que pasaron a lo largo del día por el festival, salieron de allí con sensación de calor.

Two Door Cinema Club, en A Vivir, horas antes de su actuación en el Dcode

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