Una ignominia menos
Hoy mismo, cuando sus huesos o el polvo en que se hayan convertido, viajen sobre ruedas o suspendidos en el aire, todavía penan en cunetas y fosas comunes muchas víctimas de aquel general tan ridículo como sangriento

Madrid
Si el tiempo u otros imponderables no lo impiden, esta mañana saldrán los restos de Francisco Franco del Valle de los Caídos. 44 años llevaban allí, honrado como nunca se mereció quien traicionó de manera brutal a la República, fusiló a miles de españoles y enterró en lóbregas cárceles a otras cuantas decenas de miles.
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Hoy mismo, cuando sus huesos o el polvo en que se hayan convertido, viajen sobre ruedas o suspendidos en el aire, todavía penan en cunetas y fosas comunes muchas víctimas de aquel general tan ridículo como sangriento.
Seguro que no es el momento oportuno para subir al segundo escalón, encontrar una salida digna a quienes todavía yacen en aquellas oscuras criptas, paso previo a la gran pregunta: ¿qué hacemos con aquella mole descomunal, megalómano fruto de los megalómanos sueños del dictador?
Es cierto que ahora tenemos otros apremios, pero ustedes saben que los problemas no se solucionan con solo cerrar los ojos, y en algún momento habrá que tomar una decisión. ¿Consensuada? Bueno. Pero conste que el Ojo tiene clarísimo qué hacer.




