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Miércoles, 26 de Febrero de 2020

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La vida íntima de La Pasionaria en su exilio en Rusia huyendo del franquismo

Lola Ruiz-Ibarruri participa en el documentao Diarios del exilio, que reconstruye la vida de muchos españoles que huyeron de la Guerra Civil

Fotograma del documental 'Diarios del exilio', con Dolores Ibárruri y Fidel Castro en La Habana /

Hace 80 acabó la guerra, pero para muchos españoles, supervivientes de las bombas, los disparos y las masacres del mal llamado bando nacional, empezaba el calvario del exilio. Tres exposiciones rinden homenaje a hombres, mujeres, niños que salieron por tierra, mar y aire. Por la frontera de Francia, desde los barcos de Alicante o por carreteras. Además de las exposiciones, la Filmoteca Española ha reunido imágenes de los archivos familiares de exiliados esparcidos por medio mundo.

Comen paella, acuden a entierros, juegan, pasean, en definitiva, viven como pueden en los países que les han acogido. Todo eso aparece en este mediometraje de 40 minutos que muestra la vida íntima y casera de muchos españoles, alejados geográficamente de su patria, por culpa de un golpe de estado y de un dictador. Una vida íntima que, inevitablemente, era una vida política. Porque en la guerra civil, eso de lo personal es político era todavía más fuerte.

Entre todos estos refugiados destaca en Diarios del exilio, así se llama esta cinta documental, Dolores Ibárruri, la Pasionaria. Líder del PCE durante la Guerra Civil, diputada en las cortes. Referente en la lucha por los derechos de las mujeres y de los trabajadores de nuestro país. A principios del marzo del 39 salió de España, desde la Posición Dakar en Elda, Alicante. Recaló en Rusia. Allí vivió con sus hijos y nietos hasta que el 77 pudo volver a España. Fue una de las figuras clave del exilio político y su magnetismo de adueña de este documental. Su nieta, Lola Ruiz-Ibárruri Sergueyeva ha presentado en el Cine Doré esta película. Vivió las penurias del exilio de cerca. También la vuelta a España. Ahora se ha propuesto recuperar todo el material audiovisual y fotográfico de aquella época.

¿Qué aporta este documental para mostrar lo que supuso el exilio en la Guerra Civil?

Es una especie de crisol donde se mezclan las personas, los países, las épocas, los tiempos. Una especie de Mosaico de imágenes que, por un lado, refleja la geografía del exilio. Aparece la URSS, Vietnam, México, Cuba, Yugoslavia, Francia, Italia... Estados Unidos. Es un testimonio de lo que fue la diáspora española entre los años 37 al 47

La figura clave en este documental, pero también en el exilio político español fue tu abuela, Dolores Ibárruri, ¿cómo vivió su exilio y qué significa para usted ver estas imágenes cotidianas de su familia?

Bueno, en mi familia el amor por los medios audiovisuales ha estado presente siempre. Siempre había cámaras, máquinas de hacer fotos, películas de 16 milímetros, de todo. Esa es la razón de que en este documental haya tantas imágenes de mi familia, hasta en una de ellas aparece Dolores Ibárruri haciendo unas fotos a no sé qué monumento. La cámara siempre estaba a nuestro lado y tomábamos fotos de cada evento familiar. Aparecen mis hermanos, aparezco yo, aparecen trineos donde mis hermanos empujan a mi abuela por la nieve. Aparecemos tocando el piano... Son imágenes muy íntimas y personales, pero ahora podemos hablar de un archivo visual y audiovisual que nosotros hemos junto. Por eso hay tantas imágenes de Dolores. Y luego es que ella era un personaje muy especial que llena mucho la pantalla. Uno de los vídeos, cuando aparece, parece que se ilumina porque llena toda la pantalla, es una persona tremendamente carismática, con una capacidad y una magia especial para los medios.

¿Era así de carismática como abuela?

Es complicado compaginar ahora la vida profesional y familiar, pues antes mucho más. Yo siempre he vivido con ella desde que nací, no con mis padres, ella hacía lo que podía. Lo que pasa, que en su caso, era una persona superdotada y que dormía muy poco. Con lo cual, un día de 20 horas da para muchas cosas, también para ejercer de abuela, para jugar con sus nietos. De hecho, se ve en esta película. Ella intentaba que estuviéramos con ella el mayor tiempo posible. Nosotros fuimos testigos de su vida, hemos sido atendidos y educados por ella. Hemos estudiado, en gran medida, gracias a ella. Aparecemos en el vídeo tocando el piano, yo tendré 12 años y mi hermano 9, y aparemos aporreando las teclas. Pero en realidad yo tengo la carrera de piano gracias a ella y a su insistencia, y también a comprarme un piano.

Hemos visto los grandes acontecimientos del exilio: la llegada a París, la muerte de Machado... pero no la vida cotidiana. ¿Qué recuerdos tienes, de lo que te contara tu abuela, de ese exilio, de cómo se vivía?

La amargura del exilio era la imposibilidad de regresar a España. Ella había pedido en varias ocasiones pasaporte y visado y siempre recibía un no por respuesta. Lo intentó hasta mayo del 77, con el PCE ya legalizado. Entonces ella decide que va a venir y a ver qué hacen. Da una rueda de prensa y dice que va a venir, con su pasaporte de refugiado de la Cruz Roja. Así regresó a Madrid el 13 de mayor del 77. Yo creo que vivir en un país tan lejano y culturalmente tan diferente como la URSS, un país tan frío y, además, un país donde le tocó vivir la Segunda Guerra Mundial, después de haber vivido la Guerra Civil, fue durísimo. Vivir el asedio nazi, perder un hijo en la guerra, ver a mi madre trabajar de enfermera sin parar. Ella entonces empieza a trabajar en la Radio Pirenaica. La radio era una forma de llegar a todos los rincones del mundo y a eso se dedica, en gran medida, la inmigración española. Primero en Moscú y luego a Ufa en los Urales. Durante toda la guerra estuvieron allí. En cualquier caso, el exilio es una imposibilidad que amarga todos los días y todas las noches y toda la existencia de aquellos que lo sufren. Yo ya nací en Moscú, en una familia de exiliados, mi exilio era hereditario, pero no era mío propio. Observando a la familia sí veía un fondo de incapacidad y de impotencia, un sueño inalcanzable que era volver a España.

¿Cómo se ha portado España con las víctimas de la guerra y con los exiliados? ¿Tenemos una memoria histórica digna?

Para mi es que la memoria histórica es recolectar todos los documentos que encuentro en todo tipo de archivos, en Moscú, en casa, en los archivos españoles y organizarlos. Ahora mismo vengo de la Filmoteca Rusa para analizar todos los documentos que hay sobre España. Y he descubierto que no solo había directores rusos filmando en España, también había muchos directores alemanes. Todos esos documentos estuvieron en Alemania y, después de la Segunda Guerra Mundial, acabaron en Moscú. Con lo cual quiero recuperar todo ese material y hacer una especie de memoria. Saber qué imágenes existen. Para mí, eso es la memoria histórica que es patrimonio de historiadores y archiveros. No hay tanta gente con la suerte mía, que haya vivido en tantos países, que conozca los idiomas y la tecnología. Lo considero una especie de deber mío, dejar organizado todo aquello que yo sé y he visto. Luego ya vendrán otros historiadores, sin tanta sombra de tener familias de exiliados, que lo sepan analizar. Mi abuela, Dolores Ibárruri, ya desde el año 53 planteó la reconciliación nacional, y ya hablaba de una España sin rojos y azules. Cuando trabajas con archivos lo que hay que hacer es no juzgar lo que ha pasado.

Puede ese trabajo de historiadores, de archiveros, de cineastas y documentalistas ayudarnos en este momento de resurgimiento del racismo y fascismo en distintos países

Creo firmemente en la democracia y tengo la esperanza de que los conflictos democráticos van a triunfar y que los radicalismos se superan. No obstante, creo que estamos viviendo en Europa en uno de los mejores mundos posibles, que podría ser mejor, pero si miramos hacia atrás y vemos todo lo que hemos superado, yo prefiero el día de hoy.

¿Qué pensaría tu abuela de Vox?

Es difícil hablar delo que puede pensar una persona de lo que pasa hoy porque es otra época de la que le tocó opinar. La sociedad se está radicalizando, pero yo creo que eso siempre ha pasado. Tenemos un desarrollo muy rápido, una tecnología llena de avances, nuevas generaciones que no tienen nada que ver con nosotros. Son mentalidades diferentes y desafíos diferentes.

Decías antes que en tu familia había muchas cámaras siempre, ¿erais cinéfilos? ¿le gustaba el cine a la Pasionaria?

Mi familia es muy cinéfila. Tremendamente cinéfila. Hemos visto mucho cine. Somos una familia muy viajera y hemos visto películas en todos los países. El cine era casi una tarea para nosotros, porque ver el cine es ver lo nuevo, lo que está cambiando, qué posibilidades hay. Tener un impacto audiovisual es más importante que el libro, y eso que me encanta leer, pero son nuevos lenguajes y formas. El progreso tecnológico nos permite conocer mejor la vida del universo. Nuestro horizonte se abre de una manera extraordinaria y en nuestra familia siempre hubo amor por el cine.

Pero hay pocas películas sobre tu abuela desgraciadamente...

En la Filmoteca Rusa existe una película que se titula La camarada Dolores Ibárruri visita los archivos de la Filmoteca Nacional. Está ella, los directores de cine y están hablando de la posibilidad de crear un archivo español porque esos directores habían rodado mucho en España. De ahí me viene el trabajo que hago ahora. Ahora lo que me da miedo es que desaparezca todo lo que está archivado en los ordenadores. Es que lo digital a mí me da un cierto yuyu, por eso mi casa está llena de chismes, cachivaches y documentos almacenando todo tipo de información de todo el siglo XX.

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