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Miércoles, 19 de Febrero de 2020

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México, la tumba del periodismo

Lydia Cacho fue secuestrada y torturada por investigar a una poderosa red de explotación sexual infantil. Es solo un ejemplo del peligro de ser periodista en México. Este año han sido asesinados 49 periodistas en el mundo. El hijo de Daphne Caruana, la periodista de investigación maltesa asesinada en 2016, cree que su caso fue para dar ejemplo

49 periodistas han sido asesinados este año y otros 389 han sido encarcelados, según los datos de Reporteros Sin Fronteras, que presentan a México como el país más peligroso para esta profesión.

El país centroamericano es el estado en el que mayor número de periodistas fueron asesinados este año, 10 diez en total, tantos como en la guerra de siria. Lo peor es que, según el informe anual de la organización, la probabilidad de que los autores de estos asesinatos sean jugados algún día es casi nula por la altísima impunidad de los crímenes contra periodistas que supera el 90%.

Uno de los últimos casos es el de Norma, una profesional del estado de Tabasco que había llegado a reclamar protección por recibir amenazas tras la publicación de una serie de artículos sobre la corrupción de la policía local. México, junto a Honduras, Colombia y Haití, convierten América latina en la zona más letal del mundo para el ejercicio del periodismo, tanto como oriente medio azotado por sus guerras fratricidas, aunque la gravedad de la situación es probablemente peor de lo que revelan las estadísticas porque algunos asesinatos más contra los profesionales de la prensa no están incluidos en las cifras.

Lydia Cacho nos cuenta cómo es la vida de una periodista en México. Ella ha investigado la red de trata y explotación infantil. “Lo que me ha traído problemas es la incapacidad del Estado mexicano para aceptar la libertad de expresión y para proteger a los periodistas que estamos anunciando cómo funciona el vínculo entre la delincuencia organizada y algunos políticos de diferentes niveles, los cuerpos policiacos y algunos miembros del ejército mexicano”.

Lydia lleva 14 años luchando por su libertad desde que en 2005 fue “secuestrada por orden del gobernador del Estado de Puebla y vinculado con policías, que me torturaron durante más de veinte horas y me encarcelaron para poder proteger a un grupo de empresarios y líderes de las redes de trata de niños y niñas para la explotación sexual comercial”, recuerda. Ahora, tras una larga batalla judicial, ha logrado que se encarcele al líder de la banda pederasta y a dos de los policías que la torturaron.

Esas veinte horas estuvieron cargadas además de una tortura psicológica reconocida años más tarde. “Los policías insistían en agredirme sexualmente, físicamente, me decían que me iban a matar, se detenían cerca del mar, me decían que me iban a tirar al mar y que nadie iba a encontrar mi cuerpo, me metían de nuevo en el auto y me ponían la pistola en la boca…”

También llegó a sufrir un robo en su vivienda. “Estos poderosísimos hombres contrataron a un par de sicarios que entraron en mi casa, mataron a mis perritas, entraron a mi habitación directamente a por mí y como no me encontraron subieron a mi estudio y no robaron nada más que un poco de información”, relata la periodista. “Dejaron mensajes muy claros de que iban a por mí, iban a asesinarme”, cuenta, y desde entonces salió del país.

“Las amenazas sistemáticas siempre llegan a la muerte”, asegura Cacho. Recuerda a varios colegas y amigos que acabaron muertos tras recibir varias amenazas y cree que hay una enorme autocensura. “Es una forma de terrorismo sistemático que te va medrando tu voluntad y a muchos de estos periodistas lo que les ha ocurrido es que dejan de escribir sobre estos temas por miedo”. Luego al llegar a Puebla fue encerrada en la cárcel, donde sufrió más torturas.

“Más del 40% de estos asesinatos, desapariciones forzadas y torturas han sido ejecutadas por miembros del Gobierno mexicano”, denuncia. Lydia Cacho cree que las campañas de desprestigio de algunos políticos que muestran a la prensa como el enemigo del pueblo ganan porque “están polarizando a los grupos sociales que tienen visiones políticas diversas”.

Asesinada por investigar los “Papeles de Panamá”

“La raíz de muchos de los problemas que tenemos en este continente es la corrupción, es el lavado de dinero”, defiende el hijo de Daphne Caruana. Matthew Caruana Galizi dice que siente miedo cada vez que sale a la calle, con un sentimiento constante de tener que guardar su espalda.

Su madre, la periodista maltesa asesinada hace tres años, ha vuelto a primera plana por la dimisión del Primer Ministro del país después de que se demostraran las conexiones entre el ejecutor de ese crimen y el gobierno maltés.

Matthew asegura que con el asesinato de la periodista querían dar un aviso al resto de periodistas. Ahora está destapando el caso de corrupción de quienes mataron a su madre. Está tratando de demostrar que el Primer Ministro tuvo mucho que ver en el ataque.

En 2014 con el cambio de Gobierno en Malta se autorizaron los centros de lavado financieros que parecían bancos, y la isla se convirtió en un refugio para flujos cada vez mayores y más millonarios de transferencias opacas y de empresas opacas. Y es en ese año cuando Daphne Caruana centra su trabajo como periodista de investigación. Empezó a recibir muchas filtraciones de denunciantes sobre casos de corrupción que afectaban al gobierno de Malta y los grandes empresarios.

Su asesinato vino directamente de las altas esferas, con empresarios y con el primer ministro involucrados, según se está investigando, lo que ha desencadenado en una cascada de dimisiones.

La investigación de Caruana estaba enmarcada en los llamados “papeles de Panamá”, la mayor filtración jamás hecha a la prensa, que incluye a millones de empresas y testaferros. Sus revelaciones afectaban, entre otros, a Joseph Muscat, Primer Ministro de Malta, y provocaron el adelanto electoral en el país.

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