Sábado, 04 de Julio de 2020

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Los refugiados olvidados de Sudán del Sur

Pese al acuerdo de paz, dos millones de personas siguen desplazadas en campos con condiciones higiénicas insalubres. Médicos Sin Fronteras atiende 80 casos de desnutrición cada mes

Más de dos millones de personas siguen desplazadas de su hogar en los países vecinos de Sudán del Sur a pesar del acuerdo de paz firmado en agosto de 2018 que preveía el regreso de los refugiados y su protección física, legal y psicológica.

Los pacientes y refugiados a los que atiende Médicos Sin Fronteras cuentan una realidad muy diferente. Todavía tienen miedo y siguen esperando a que se acabe el nuevo aplazamiento y haya seguridad. César Pérez, portavoz de MSF en Jartum, asegura que siguen atendiendo al mismo número de pacientes y las necesidades son las mismas.

Hay 810.000 refugiados sur sudaneses viviendo en Sudán, siendo Jartum, la capital, el primer lugar de acogida, seguido por el Estado del Nilo Blanco, donde hay unas 250.000 personas, según las cifras de ACNUR. En esos campos de refugiados “las condiciones de vida son difíciles, las condiciones de higiene son bastante duras, ves muchos plásticos por el suelo, se acumula el agua y puede haber mosquitos, hay muchos brotes de malaria y diarreas”, explica Pérez.

Además, la distribución de agua es complicada, lo que hace que haya unos siete litros de agua por persona, la mitad de lo que los organismos pretenden distribuir. En cuanto a la comida, las organizaciones que la distribuyen “les dan una comida muy básica a base de cereal”. Solo durante una breve época pueden acudir a cultivar tierras de la comunidad local y recibir un pequeño salario.

Médicos Sin Fronteras recibe unos 80 casos de desnutrición cada mes en el hospital que gestiona en el Nilo Blanco.

Algunos de esos refugiados llevan en estas condiciones desde 2014. El portavoz de MSF cuenta que “hay de todo, hombres, mujeres, niños… en torno 60% son menores de 18 años y entre los adultos hay algo más de mujeres que de hombres, entonces hay algunas familias que son la madre con los hijos, pero la mayoría son la familia entera todavía”.

El de Sudán del Sur ha sido un conflicto muy largo y violento que ha provocado muchos refugiados que han tenido que hacer en muchos casos “un camino a la carrera, a pie, con niños en brazos”, hasta llegar al campamento, por lo que llegan con miedo y experiencias traumáticas además de heridas. Pérez asegura que muchos de ellos presentan síndrome de estrés postraumático. Sobre todo, explica, tienen “dificultad para encontrar una nueva vida. La vida anterior se ha roto pero es muy difícil empezar una nueva vida cuando no sabes si vas a poder volver o cuánto tiempo va a durar esto”.

Lo que sí celebra es el esfuerzo de la población de acogida que permite que algunos intenten rehacer su vida, buscar algún trabajo y tener su casa. Sin embargo, “no pueden encontrar trabajo en las mismas condiciones que los sudaneses, no pueden poseer una tierra, y además muchos de ellos siguen con la expectativa de volver, con lo cual es muy difícil replantear una nueva vida”.

Sudán es también uno de los diez países del mundo más afectados por el cambio climático.

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