Martes, 11 de Agosto de 2020

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Las plagas del capitalismo

Las mega granjas del modelo capitalista son las culpables, según muchos expertos, de las pandemias que sufrimos y con las que los gigantes de la industria farmacéutica se enriquecen. Salud por Derecho reclama la suspensión temporal de patentes para hacer accesible a toda la población el Redemsivir, eficaz contra el coronavirus, y que Gilead vende a un precio abusivo

Decía el sociólogo estadounidense Mike Davis que esta nueva era de la peste, incluidas las épocas pandémicas anteriores, son el resultado directo de la globalización económica. Una teoría que culpa directamente al capitalismo de haber provocado estas pandemias.

Son las plagas del capitalismo, causadas según estos activistas, por ejemplo, con sus mega granjas, impulsadas por la industria de la comida rápida con sus criaderos de aves que se han convertido en una diabólica incubadora de nuevos tipos de gripe. Esa es la teoría que defienden algunos expertos que señalan también a los gigantes de la industria farmacéutica, al ‘Big Pharma’, de especular con la salud mundial.

La lucha por hallar una vacuna contra el coronavirus enfrenta a laboratorios de todo el mundo. A los intereses sanitarios se suman también los económicos y estratégicos. Y en esa pugna vuelve a destacar el papel del gigante farmacéutico Gilead.

El laboratorio estadounidense ya obtuvo ventas millonarias con el antigripal Tamiflu y después con el Sovaldi, tratamiento para la Hepatitis C. Ahora ha producido el medicamento experimental Remdesivir, ya utilizado contra el MERS y el SARS, que ha tenido éxito en el tratamiento de la COVID-19.

Gilead pidió a la Agencia del Medicamento de Estados Unidos una protección especial por fabricar un fármaco para una enfermedad rara, cuando la COVID no lo es. Por eso Salud por Derecho y otras organizaciones enviaron una carta a Gilead para que asegurase el abastecimiento de Remdesivir.

Vanesa López, directora de Salud por Derecho, lamenta que “la historia se repite” y que el precio del Remdesivir que en Europa supera los 2.000 euros por tratamiento “es absolutamente desproporcionado”, teniendo en cuenta que se han publicado artículos científicos que demostraban que el tratamiento debía costar entorno a seis euros, explica. Además, se ha empleado una enorme inversión de fondos públicos, “al menos 70 millones de dólares” para el desarrollo del fármaco.

El laboratorio posee la patente del Remdesivir en más de 70 países y podría bloquear la entrada de medicamentos genéricos hasta el año 2031, asegurándose un gran negocio. El Gobierno estadounidense ha comprado casi la totalidad de la producción del medicamento para los próximos tres meses y hay informaciones de que “Gilead ha hecho acuerdos de licencias voluntarias en varias compañías farmacéuticas” con las que fabricar un genérico que se vendería solo en alrededor de 127 países, asegura López, dejando fuera al 50% de la población mundial.

Lo que las organizaciones reclaman es que en los medicamentos usados para tratar la COVID, o bien las farmacéuticas pongan a disposición de la OMS sus patentes para que cualquier compañía pueda producirlo de forma genérica, o bien los países hagan uso de la llamada licencia obligatoria, que permite suspender temporalmente la patente para que los países puedan fabricar el medicamento como un genérico.

López llama a los Gobiernos a tomar medidas para que cuando se halle una vacuna contra la COVID-19 gracias a la inversión pública haya cláusulas que impidan el abuso de las farmacéuticas haciendo que las licencias sean abiertas y fijando un precio máximo. La directora de Salud por Derecho cree que con voluntad política se podría evitar que se repita lo que está ocurriendo con el Remdesivir.

El Congo se libera del ébola

Después de más de dos años, la República Democrática del Congo ha puesto fin al brote de ébola que ha matado al norte del país a más de 2.200 personas. Ha sido la segunda peor epidemia de ébola desde que se tiene conocimiento y la peor en este país.

El enfermero de pediatría Luis Encinas, de Médicos Sin Fronteras, ha trabajado en RDC con una estrategia de sensibilización y adaptación cultural en la población para evitar la desconfianza de la sociedad.

Se han encontrado con poblaciones locales en aldeas remotas con las que era complicado lograr la confianza de la gente. “Hay que bajar un escalón y simplemente hablar de persona a persona”, explica, siempre preguntándose “cómo a mí como persona me gustaría recibir una información”.

Una vez pasada esa fase ya pueden pasar a la estrategia adaptada que “en un lugar remoto depende de las poblaciones, los jóvenes, las mujeres, los sanitarios, los religiosos, las personas que hablan otro idioma…” Encinas insiste en que hasta que no tienen el apoyo de las comunidades no pueden controlar este tipo de brotes.

El final del brote se ha vivido con mucho alivio, celebra el enfermero. Hasta el último momento han mantenido la guardia alta porque en países como RDC “no termina la décima epidemia y ya llega la siguiente”. Lo que ha cambiado respecto a las crisis de los años anteriores, cree Encinas, es que “ya no es una crisis de africanos”, sino que nos toca mucho más de cerca. Además, hay más investigación y acercamiento a una vacuna eficiente, además de terapias. Aun así, recuerda que en este último brote han fallecido dos tercios de los contagiados.

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