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Imputada por periodismo

Todo debe ser un mal sueño en el que los abogados del político tienen razón. El artículo 20 de la Constitución se ha derogado. Los periodistas cometen delitos de revelación de secretos por informar de que el vicepresidente de la Comunidad de Madrid fue espiado con cámaras ocultas en un viaje oficial a Colombia y tienen que comparecer ante un juez. Al poco otro mal sueño: el derecho al secreto profesional que protege a las fuentes y que consagra el mismo artículo, tampoco está ya en vigor y cualquiera puede exigir al autor de la información que desvele su origen. Camino seguro hacia la ausencia total de la misma.

El caso es que a veces la realidad se parece a las peores pesadillas, aunque por fortuna el artículo 20 sigue siendo el eje que garantiza el derecho a la información de los ciudadanos.

Opiniones para defender la actuación de la periodista de la Cadena SER Pilar Velasco van a leer muchas, con más fundamento jurídico que la mía. Me van a permitir que dé la versión del periodista que conoció de primera mano cómo se gestó la noticia por la que ahora tiene que declarar como imputada.

El diario El País publica como primera noticia en su portada del 20 de Enero de 2009 que el vicepresidente de Esperanza Aguirre fue espiado en sus viajes al extranjero. Altos cargos, añaden en el diario, "sospechan que los seguimientos contaron con complicidades internas". El encabezamiento de la información es el mismo que han llevado otras noticias difundidas por el periódico sobre el mismo asunto: 'Espionaje político en la Comunidad de Madrid'. La información incluye dos fotografías que al parecer forman parte de la grabación con cámara oculta al político. A los pocos días, Pilar Velasco informa a los responsables de la redacción de informativos de que puede tener acceso al video completo del espionaje. O la vigilancia con cámaras ocultas, como ustedes prefieran. La cuestión es que para entonces esta misteriosa trama ya era conocida como 'el caso de los espías de Madrid'. Ignoro el origen del que procede semejante material. Y Velasco hizo lo que debía cuando se negó a desvelar la fuente en sus dos declaraciones como testigo. Desconozco cómo se obtuvieron las imágenes. Los autores son los que tendrán que responder por ello. La pregunta para los profesionales de la información es otra: si prevalece el interés público y el derecho a la información de nuestros oyentes y lectores, en definitiva si la noticia tiene interés público. La conclusión, obviamente, fue que sí lo tenía.

A partir de aquí la Cadena SER, que no la periodista, decide hacer públicas una serie de informaciones. La primera, la central en el asunto que nos ocupa, aparece el 29 de Abril. El titular: 'Los espías siguieron muy de cerca a Ignacio González'. Por detrás contamos que el vídeo forma parte de un amplio dossier que detalla sus movimientos, junto a grupo de empresarios y directivos del Canal de Isabel II, en Cartagena de Indias. Para entonces ya habíamos contrastado, entre otras cosas, que las imágenes se habían grabado en la calle y en la cafetería de un hotel. Y que correspondían a un viaje oficial de Ignacio González como presidente de la empresa pública de aguas de Madrid. No lo inventamos. Lo dice el propio vicepresidente cuando denuncia el caso ante la Fiscalía de Madrid el 21 de Enero de 2009. Y lo reitera en su declaración ante el juez quince días más tarde. ¿Qué secreto revelamos entonces?, ¿por qué los letrados de la Comunidad de Madrid acusan a la periodista de la SER y citan jurisprudencia sobre protección del derecho a la intimidad aludiendo a un "viaje privado" cuando su propio patrocinado insiste en lo contrario?, ¿qué asesores en materia de comunicación les han podido explicar que un periodista decide en soledad si se publica o no una información de semejante alcance? Apunten más alto. La decisión de emitir el video la tomé yo mismo como redactor jefe de la periodista imputada. Y, por supuesto, la dirección de la Cadena SER.

Los jueces no tardarán en desmontar la lista de despropósitos que lleva acumulando este asunto. Y los abogados de la Comunidad de Madrid harían bien en dedicar sus esfuerzos, que pagamos todos, a mejores fines. Porque si el señor vicepresidente fue espiado en viaje oficial convendría buscar a los espías, si se nos permite la licencia literaria del término. Tal vez no estén en montañas lejanas. No ataquen al mensajero, una periodista que por hacer un trabajo brillante no merece tener que dar explicaciones en un juzgado. Hasta aquí los hechos, que por desgracia son un episodio más en un asedio constante.

El periodismo, como decía Daniel Gavela en un magnífico artículo publicado en el diario El País, "vive un estado de postración que corre parejo al desarme ético del poder que lo somete", "ya no es que no se escriba, es que no se pregunta", "Estamos atrapados (...) entre la propaganda de los gabinetes de prensa y el silencio de los que, sabiendo las tropelías, se las callan por instinto de supervivencia. Sólo lo previsible suplanta a la noticia". Para más señas, el artículo al que me refiero se publicó un 7 de Febrero de 2001 y lleva por título 'Periodismo de mármol'. Ha pasado más una década y parece que fue ayer. La redacción de la Cadena SER sufría entonces una incesante sucesión de denuncias y querellas presentadas por personajes y políticos de todo pelo. Pilar no formaba parte de aquella redacción, pero sabe que muchos tuvieron que pasar, con cierta angustia, por trances tan amargos como el que ahora le toca. Algunos pensamos que era pasajero, lo que podía esperarse entonces de una mayoría más absolutista que absoluta. Ingenuos.

En definitiva, Pilar Velasco tiene que comparecer ante un juez para explicar que eso que sus acusadores denominan revelación de secretos es, en realidad, el ejercicio honesto y valiente de su profesión. Y debiera olvidarse del pistolón que siempre le asoma a cierto poder frente al mensajero: "Su amenaza es el alimento de mi credibilidad", le dijo el gran Carlos Llamas a un letrado a sueldo de político. Ya no recuerdo el nombre del abogado. Da lo mismo. Sí las circunstancias. Una de las múltiples denuncias presentadas por un tal Fabra contra la SER y sus periodistas por quitarle el velo a la presunta trama de corrupción que lideraba. Carlos no lo verá, pero aquel turbio personaje que nos obligaba a viajar cada poco para declarar en los juzgados de Valencia está al borde del banquillo. Muchos fiscales, varios jueces y nueve años más tarde, pero al borde del banquillo. No quiero llegar a ninguna parte, sólo recordar que el acoso de ciertos personajes no debe ser en modo alguno motivo de desdoro. Más bien lo contrario, y tal vez la confirmación de que el camino es el correcto. El sol suele salir por el levante y esconderse en Finisterre. Y con trabajos como el de Velasco es más probable que pase por Madrid.

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