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Martes, 23 de Julio de 2019

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Peregrinando a Houghton

La gente se agolpa a las puertas de la casa en la que pasó sus últimos años de vida Nelson Mandela /

El llanto y desconsuelo a las puertas de la casa en la que pasó sus últimos años de vida Nelson Mandela, desde que fue excarcelado, han sido consolados por la música, el baile y el canto. Cientos de sudafricanos convierten así el luto en una celebración de la vida, con los mismos ingredientes con los que su pueblo, en 1963, le animaba tras ser condenado a cinco años de cárcel. Medio siglo después, hemos visto a las mujeres ulular de nuevo.

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Houghton es un suburbio rico de Johannesburgo, desde el viernes cortado al tráfico y rodeado por coches de policía. Una incesante peregrinación de personas con ramos de flores y velas rompe la quietud de unos vecinos acostumbrados a vivir en sus mansiones, protegidas por modernos sistemas de seguridad, muros altos y cubiertos por alambre (muchos de ellos con espino). Pero este sábado, como ayer viernes y mañana domingo, por sus calles residenciales suben y bajan hileras de hombres y mujeres, mayores y niños, blancos y negros, ricos y pobres. "No sé ni lo que he caminado hasta llegar aquí - exclama Duma - pero no me importa, porque Madiba era todo para nosotros, un padre, un abuelo, un luchador, un héroe y una inspiración para todos. Se merece todo esto y más". Duma es negra, como la mayoría de los congregados frente a la casa. Kate es blanca y ha venido con sus tres hijos pequeños: "Mandela es probablemente el hombre más humano que he conocido, amable, cariñoso, nos devolvió, a todos los sudafricanos, la esperanza en la humanidad". Esa esperanza, la libertad, es el legado que hoy festejan y no parece que vaya a olvidarse fácilmente. "Es y seguirá siendo nuestro líder" -dice todo serio Rob, su hijo de 12 años- "el hombre con el que se identifica a nuestro país". "Estoy triste -reconoce el más pequeño, de 8 años- me niego a creer que hayamos perdido al hombre más grande del mundo".

Cuando los pañuelos, las banderas, las pancartas con el retrato de Mandela, las velas y las flores hayan desaparecido (y todavía pasará mucho tiempo) también todos son conscientes de que falta un liderazgo en el país que tome el testigo del valor de Madiba.

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