Martes, 26 de Octubre de 2021

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'The Newsroom', final necesario para una serie necesaria

HBO anuncia el final de esta serie después de una desilusionante segunda temporada y a la espera de su tercera y última

'The Newsroom', final necesario para una serie necesaria

El último caramelo del aclamado guionista y creador Aaron Sorkin tendrá tercera temporada, pero será la última. 'The Newsroom' echará la persiana al finalizar su próxima entrega tal y como ha anunciado HBO, el canal que la emite.

"¿Qué hace que América [EEUU] sea el mejor país del mundo?". Una inocente pregunta que golpea contra el espectador, que le hace despertar y que supone el punto de arranque de 'The Newsroom'. Es la pregunta con la que, en el piloto de la serie, interroga una estudiante universitaria al popular presentador de noticias Will McAvoy (Jeff Daniels). Es la pregunta que Sorkin, el creador de la criatura, le hace al telespectador y, por extensión, a los norteamericanos.

En la respuesta de McAvoy -una brillante secuencia magníficamente interpretada por Daniels que le valió le Emmy como Mejor Actor Protagonista- encontramos las claves para entender lo que Sorkin pretendía con esta serie y que, para desconsuelo de los amantes de las series inteligentes, quedó lejos de lograrlo.

"América no es el mejor país del mundo" concluye McAvoy. Antes lo argumentó. Antes removió conciencias, se salió de lo correctamente político. Antes y ante un selecto grupo de universitarios osó decir que ellos, los americanos "librábamos guerras contra la pobreza, no contra lo pobres". Arriesgó a decir, para sorpresa de todos los asistentes que grababan con sus smartphones una respuesta que se convertiría en un vídeo viral, que los estadounidenses en el pasado fueron el mejor país del mundo porque "aspirábamos a la inteligencia, no la despreciábamos. No nos hacía sentirnos inferiores". Jarro de agua fría sobre el espectador que quedaba embobado y atrapado por uno de los comienzos de series más impactantes y seductores de los últimos tiempos.

Después Sorkin, en boca del personaje protagonista de 'The Newsroom', reclamaba al periodismo y a los medios de masas su con condición de cuarto poder: "Éramos capaces de ser y hacer todas esas cosas porque estábamos informados por grandes hombres". Más que un reconocimiento de la influencia del periodismo en la sociedad, 'The Newsroom' se postulaba como la reivindicación de que esos medios, más allá de ser empresas en busca de beneficios, mantenían una responsabilidad con la ciudadanía. La responsabilidad de informarles; de no convertir los informativos en shows televisivos cuyo fin último es el entretenimiento o la venta de productos.

Estas eran las líneas maestras que esbozaba 'The Newsroom' en sus primeros minutos. Después nos presentaba la realidad de Will McAvoy, un tipo al que le iba bien preocupándose más por la audiencia que por el contenido de sus noticias, sin preguntarse si realmente era relevante contar a la gente que Apple lanzaría su nuevo teléfono en marzo o que un perro patinaba. Quien hará que McAvoy comience a hacerse preguntas es la misma persona que irrumpe en la vida, de nuevo, de este popular director de informativo: Mackenzie McHale (Emily Mortimer), su nueva productora. Mackenzie atiza la conciencia de Will. Le plantea la necesidad de hacer un buen informativo, no un informativo de mucha audiencia. Para ella lo uno no excluye a lo otro. Para Will, sí.

Se inicia en esos primeros capítulos de 'The Newsroom' el debate y la lucha interna por establecer si un canal de noticias debe consentir la pérdida de audiencia en favor de unos mejores contenidos.

Arrancaba 'The Newsroom' con un vertiginoso ritmo narrativo (el piloto dura casi 70 minutos que parecen ser la mitad), con algunas buenas interpretaciones y con un entorno muy logrado en el que se cuida cada detalle y cada plano. La serie mantenía muchas de las señas de identidad de su creador, en especial ese punto idealista sobre el periodismo que ya vimos en su dibujo de la política estadounidense del 'Ala Oeste de la Casa Blanca'.

El primer episodio de la serie llegó en junio de 2012 y fue seguido por más de 2,1 millones de espectadores, un dato bueno teniendo en cuenta que HBO es un canal de pago. Tras 10 episodios, el promedio de 'The Newsroom' fue de algo menos de 2 millones de espectadores. Despidió la primera temporada ante 2,3 millones de espectadores.

En esa primera entrega de la serie asistimos a una ficción que iba más allá del día a día de una redacción de noticias. 'The Newsroom' parecía una serie pretenciosa con más insistencia en potenciar el mensaje y la reflexión que en hacer una serie buena. Era un buen producto, pero -como tantas veces se escuchaba en esa redacción- podían hacerlo mejor ("We can do better").

Decepcionante segunda temporada

Ese era el gusanillo que hizo que los espectadores aguardaran con ganas el inicio de su segunda temporada: la esperanza de mejora. Sorkin atrapó a su audiencia con unos personajes bien construidos -algunos no demasiado, como el de Maggie Jordan- que se movían en un mundo de tiburones que el ciudadano medio no conoce tan bien como cree. El ciudadano medio puede saber cómo llega una noticia a un informativo, pero se le escapan las razones de por qué ha terminado llegando esa noticia y no otra. Con eso trabaja Sorkin. Su redacción del informativo de la noche de ACN era puro idealismo, unos quijotes (usan esa metáfora) enfrentándose a los todopoderosos molinos de viento ejemplificados en los intereses financieros y económicos de los propietarios de los medios.

El espectador de 'The Newsroom' quedaba esperanzado de que esa idílica redacción que aparecía ante sus ojos no terminara siendo derrotada. Nos gustan las historias que narran cómo ganan los buenos y pierden los malos. Incluso aquellas en las que los buenos no ganan, pero no en las que los buenos son derrotados. Esa sensación de "y todo esto, ¿para qué?".

La segunda temporada de 'The Newsroom' fue una decepción, sobre todo, a nivel de guion. Se apostó por una trama central basada en una misteriosa noticia que se contó y no debía haberse contado, con un oscuro asunto de fuentes, filtraciones e intereses. Todo ello acompañado de la crítica Sorkiniana a la manera en que los medios abordan las campañas electorales y a la manera con la que los partidos tratan a sus electores; rematado con estúpidas situaciones de ridícula comedia en el plano personal y sentimental de los personajes.

Esta mezcolanza de elementos terminó por desdibujar a los personajes, cuya evolución resultó inverosímil. Una serie puede apostar por tramas y situaciones inverosímiles, siempre que sus personajes no lo sean. Jim Harper, Don Keefer y Maggie Jordan fueron tres de los personajes a los que la incoherencia dramática dominó en toda la segunda temporada. En este caso, Sorkin no supo conciliar su relación amorosa a tres bandas con su dimensión laboral.

Así mismo, la serie perdió ritmo narrativo en su segunda temporada y, sobre todo, careció de esos momentos brillantes -que sí hubo en la primera- que golpeaban la pantalla y llamaban la atención del espectador.

'The Newsroom' marcó un promedio ligeramente inferior en su segunda temporada (1,8 millones de espectadores). Sin embargo, la diferencia entre los 2,2 millones del primer capítulo de la segunda entrega y los 1,67 millones de espectadores que despidieron el último episodio dejan ver muy a las claras cómo se fue desinflando el globo.

HBO, al tiempo que anunciaba la tercera y última temporada de 'The Newsroom' (que llegará en noviembre), confiaba en que Sorkin le dote a la serie de un final por todo lo alto. La serie lo merece. Tanto por lo que hasta ahora ha sido como por lo que prometía en sus primeros capítulos. Pese a que las altas expectativas no se cumplieron, 'The Newsroom' es una serie necesaria. Razonable y matizablemente bien hecha, con unas interpretaciones correctas y con un mensaje más claro en el qué que en el cómo, 'The Newsroom' debe encontrar su final, un final tan necesario como lo fue su nacimiento. Porque una serie que, como Mackenzie a McAvoy, nos hace reflexionar y preguntarnos sobre el porqué de lo que ocurre a nuestro alrededor es siempre un producto necesario.

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