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Miércoles, 29 de Enero de 2020

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Alba Castellví: "Está muy bien que los hijos pasen hambre al menos una vez en la vida"

La autora del superventas ‘Educar sin gritar’ publica ahora herramientas prácticas en ‘Una cesta de cerezas’

La escritora y educadora, Alba Castellví. /

Marcos recuerda el día en que fue al colegio en pijama. Sus padres le habían avisado: a las nueve menos cuarto saldrían de casa para llegar puntuales y tendría que estar vestido y listo. Solo se lo dijeron una vez. Marcos no los tomó muy en serio, pero cuando llegó la hora, tuvo que salir de casa de esa guisa. Solo ha pasado una vez, el resto de los días, Marcos está preparado a su hora y sin que sus padres abran la boca. “Cuando tienes que decirle a tu hijo las cosas 20 veces para que te hagan caso, es difícil mantener la serenidad y acabas pidiéndolo a gritos. Hay formas de evitarlo y de educar más hacia la responsabilidad de los niños”. Alba Castellví es profesora, socióloga, asesora de escuelas y formadora de padres y madres. Acaba de publicar Una cesta de cerezas, siete cuentos cortos para educar en la autonomía y la responsabilidad.

La autora del superventas Educar sin gritar sostiene que aprendemos del ejemplo y no de las cosas que nos dicen. “Aunque lo que se cuente en el libro sea de sentido común, nuestra tendencia casi inevitable es reproducir con nuestros hijos la forma en la que nuestros padres nos educaron. No educamos a través de lo que decimos, sino de lo que hacemos”, explica.

A lo largo del libro se explican distintas historias en las que niños y adultos se verán identificados fácilmente. “Se reflejan sus actitudes y se aprecia que cuando sus padres cambian algo, la situación en sí cambia y resulta educativa”, asegura Alba especialmente orgullosa de las claves finales que acompañan cada cuento.

Portada del libro. / CADENA SER

¿Qué hacer ante la frustración del no? 

Algo tan simple como tener a mano una libreta que recoja los deseos de los hijos cuando reciben un no al pedir que les compremos unas galletas o un juguete, puede resultar tremendamente útil. “Cuando el niño ve que tu recoges su idea de forma empática, es decir, que tienes en cuenta lo que él cree que es una necesidad, que lo consideras y que te reservas la opción de proporcionarle lo que quiere en otro momento, la frustración se relaja. Se siente acompañado en el sentimiento de deseo”.

No es lo mismo un castigo que una consecuencia 

La autora destaca la importancia a la hora de diferenciar una cosa de la otra. Un castigo, a diferencia de una consecuencia lógica, es arbitrario. “Es el poder que la persona adulta tiene sobre los recursos para imponer al niño y presionarlo con el objetivo de que haga algo de una forma determinada”. Nada tiene que ver con lo que el niño hizo o dejó de hacer. Alba poner algún ejemplo. “O recoges estos juguetes o mañana no va a jugar con el ordenador. ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra? Eso sería una amenaza de castigo. En cambio, recoge tus juguetes porque nadie los va a recoger mañana, pero cuando limpiemos habrá que echarlos a un lado y se queda destrozado tu puzzle…eso ya es otra historia. Eso no es un castigo, es una consecuencia lógica”.

Los niños tienen que ver el sentido lógico de lo que les decimos. Y para entender ese sentido, lo mejor es que comprueben las consecuencias directas de lo que hacen o no hacen

Las razones por las que los hijos ahora son menos autónomos

El libro insiste a través de sus historias en la importancia de la autonomía. Alba mantiene que los niños son cada vez menos autónomos y eso tiene que ver con las prisas y la sobre protección. “Tenemos mucha prisa y cuando resolvemos nosotros lo hacemos más rápido y mejor. Si tienes que esperar a que un niño se vista, tardará más. Si se peina solo, lo hará peor y si tienes que esperar a que se pele una fruta, a lo mejor ni se la come. Hacemos por ellos cosas que pueden hacer por sí mismos”, explica la autora.

El segundo factor es que queremos ayudar a los hijos para que “sean felices, que tengan las cosas fáciles y ahorrarles problemas”. Con tal de conseguirlo, les acabamos sustituyendo en cosas que pueden hacer por sí solos.

“Somos padres del primer mundo, tenemos hijos del primer mundo con pocos problemas y esos pocos tampoco queremos que los tengan. Si van de excursión y vemos que se les ha olvidado hacerse el bocadillo se lo hacemos nosotros para que al día siguiente no pasen hambre. Creo que pasar hambre una vez está muy bien, porque normalmente ya no pasas hambre una segunda vez. En la siguiente excursión se acordarán de preparárselo. Pero como padres nos cuesta que pasen hambre una vez”, explica

Los padres que ayudan a sus hijos en los deberes

Sorprende a Alba Castellví que los padres, “sobre todo las madres”, se preocupen más de llevar los deberes que los propios niños. Se pregunta por qué los han convertido en su problema. “¿Dónde quedan las responsabilidades de los niños si las asumimos nosotros? Eso no es bueno, porque si queremos educar personas responsables, tienen que ir asumiendo responsabilidades. Cuando son pequeños las que el colegio les pone son asumibles. También deben asumir alguna tarea doméstica”.

Alba cree en la educación como una herramienta de cambio social y recuerda el legado de Carles Capdevilla para poner la educación “en el centro de las preocupaciones sociales a través del sentido del humor, algo que ha relajado a muchos padres”. 

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