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Can Roca: cómo ser extraordinario sin dejar de ser un bar normal

El mejor chef del mundo se pasea por lo que empezó siendo un bar-peluquería... ¡y nadie le hace ni caso!

Narciso lleva 46 años sirviendo cafés en Can Roca. /

Comer en Can Roca es mucho más barato de lo que la gente cree, sobre todo porque no es lo mismo el Can Roca (un bar de barrio) que El Celler de Can Roca (restaurante con tres estrellas Michelin y, desde hace años, uno de los tres mejores del mundo en la lista 50 Best). En cuanto a precios, ¡nada que ver! Pero sus historias están íntimamente ligadas. Parte del actual Can Roca, de hecho, ocupa el local en el que, antes de trasladarse a un lugar más amplio, se abrió El Celler.

El bar que los padres de Joan, Josep y Jordi Roca abrieron hace 51 años en un barrio humilde de las afueras de Girona (Hermanos Sabat) sigue manteniendo una clientela que nada tiene que ver con los gourmets que recorren miles de kilómetros para disfrutar del menú degustación de El Celler de Can Roca.

En el restaurante de alta cocina no dejan de crear nuevos platos deliciosos. En la última edición del Fòrum de Girona, por ejemplo, presentaron una ensalada roja, una merluza que parece un bacalao, un mar y montaña de tartar de sepia con guiso de conejo, un pichón al ast o un laborioso pato a la naranja.

El menú del día de Can Roca, en cambio, ronda los 10 euros e incluye platos sencillos y tradicionales: ensalada de la casa, judías verdes con patatas, fideos a la cazuela, fricandó, albóndigas en salsa, crema catalana... Todos los empleados del Celler de Can Roca comen a diario (sobre las 12) en "el Can Roca de los padres" y, de hecho, tampoco es difícil cruzarse con alguno de los tres hermanos.

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El extraordinario placer de comer algo casero (y poco habitual): fideos a la cazuela (Can Roca) #canroca #menudeldia #girona

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Lo más curioso es que, pese a ser tres celebridades del mundo del vino o de la alta cocina, en Can Roca nadie les hace ni puñetero caso. ¡Parecen invisibles! "A veces no le saludo ni yo", explica Sisu (Narciso), que lleva 46 años trabajando en la casa. "Empecé con 14 y tengo 62. Para mí Juan Roca es uno más".

El aspecto del local, que empezó siendo un bar-peluquería, no es muy distinto al de cualquier bar de barrio: una barra con la prensa local, una vitrina con bollería, una máquina de café, décimos de lotería colgando de la pared... "Este barrio, en su época, estaba lleno de gente joven trabajadora. Ahora faltan muchos", explica Sisu.

"Aquí vivía gente que venía de Andalucía y sitios así", añade Carmen, que trabaja como ayudante de cocina y se encarga de los desayunos calientes. "Lo han pasado mal porque no había ni carretera. Todo esto eran campos de trigo".

En Can Roca hay movimiento desde antes de las 7 de la mañana, de hecho. Carmen prepara bocadillos de lomo a la plancha, butifarra, tortilla de queso, salchichón... "Algún cliente pide un bistec con cuatro patatas y, si puedo, se lo hago, porque ahora están todos los fuegos ocupados con las ollas para el menú".

Mientras tanto, Sisu no deja de preparar cafés. Y algunos clientes, como Joan, ni siquiera tienen que pedir. "Yo llevo 35 años viniendo y siempre desayuno lo mismo a la misma hora: una cerveza, un carajillo y un bocadillo de lo que la cocinera quiera".

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