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Domingo, 22 de Septiembre de 2019

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Cuando Camilo Sesto desafió al franquismo

El cantante alcoyano se enfrentó a una gran oposición del régimen franquista más rancio cuando trajo a España su versión de Jesucristo Superstar, calificada de "comunista"

Cuatro días antes de que Franco muriese, Camilo Sesto estrenaba en Madrid Jesucristo Supestar, una adaptación de la obra de Andrew Lloyd Webber, la única que estaba a la altura del musical original, según el autor. El cantante, que ya había actuado en Nueva York, donde se le apodaba el Frank Sinatra español, pensó que su país era más moderno de lo que era en realidad.

Fue el primer musical a gran escala que se celebraba en Madrid, pero el núcleo duro del régimen y sus grupos afines no estaban muy contentos. El espectáculo, que llegó a costar 12 millones de pesetas, fue financiado por el cantante. Contó con la ayuda de de Teddy Bautista que, además de hacer los arreglos, interpretaba a Judas. Dirigía Jaime Azpilicuaeta y la otra protagonista, María Magdalena, era Ángela Carrasco.

Esta ópera rock estuvo cuatro meses en los escenarios y tuvo un gran éxito de público. Además, vendió 100 millones de copias de este disco. Pero en el año 75, con el miedo a que el régimen se desmoronara, los grupos ultras vieron en esto una apertura excesiva para la España de bien.

La obra es una adaptación libre de los Evangelios centrada en los últimos días de vida de Jesús, desde que llega a Jerusalén hasta que le crucifican, evitando, eso sí, la resurrección. La obra plantea un conflico político entre Judas y Jesús, algo que no está reflejado en la Biblia. Las canciones, además, muestran un lenguaje alejado del libro santo para los cristianos e incluían referencias a la actualidad de aquellos años.

La adaptación cinematográfica del musical, que llevó a cabo Norman Jewinson en el 73, ya había suscitado bastante malestar por mostrar una imagen de Jesús excesivamente moderna. En una España donde los derechos y libertades no existían, Camilo Blanes se encontró con las autoridades franquistas, que retrasaron varias veces el estreno del musical en el Teatro Alcalá. "El espectáculo estuvo prohibido durante mucho tiempo, a pesar de que la película se había autorizado y se proyectaba en el cine Palafox de Madrid", contaba Azpilicueta en ABC.

Para aligerar el proceso, decidieron hacer algunos cambios en la función que verían los censores. Por ejemplo, cambiaron pasajes que no se entendían y quitaron frases polémicas. Pasó la censura y se estrenó un 6 de noviembre. Quizá cuando el régimen tenía cosas más importantes en las que focalizar su atención, como el inminente entierro del dictador.

El éxito fue total. Con él empezó esta tradición tan asociada a los musicales, de fletar autobuses desde todas las provincias de España para venir a la función en Madrid. Pero entonces llegaron los guerrilleros de Cristo Rey. Un grupo armado de extrema derecha que se acercaban al teatro para asustar a la gente y coaccionar a cualquier que pretendiese comprar entradas. Amezanas de bomba, insultos en la prensa... la derecha estaba nerviosa y Camilo Sesto, por su imagen, por su provocación y por la obra, les asustaba.

El cantante sacó su vena alcoiana: "Si me montan un numerito, no les servirá de nada. La obra seguirá adelante. A mí no me asustan esos… de los 'guerrilleros", dijo el cantante en una entrevista en el suplemento cultural Blanco y Negro de ABC.

No gustaba a estos guerrilleros ni la vestimenta hippie, ni los falsetes de la canción Getsemaní, una de las más celebradas, ni que el rock se relacionara con la Iglesia y Jesús. Tampoco que la relación de María Magdalena y Jesús no estuviera "clara", y se asemejara a la novela rosa. La herejía total era Camilo Sesto en esos días.

Tras la entrevista, ABC publicó varios artículos que retaban al propio Camilo Sesto y publicó también varias cartas de los lectores contra el cantante. En ellas se calificaba el espectáculo de blasfemo y comunista. También le acusaban de menospreciar a la ultra derecha y de ser "artistas millonarios", un discurso, el del odio a la cultura que continúa intacto en la extrema derecha de hoy.

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Cadena SER

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