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Viernes, 06 de Diciembre de 2019

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Las fotos de la Guerra Civil que su autor no quiso revelar y su nieto encontró en un garaje 80 años después

El fotógrafo Antoni Campañà capturó con su Leica más de 6.000 imágenes del conflicto pero decidió esconderlas en cajas rojas que sus herederos encontraron hace un año cuando iban a verder la casa

FOTOGALERÍA | Algunas de las fotografías que Antoni Campañà decidió esconder durante toda su vida. En la imagen, dos ciudadanos observan con detalle las momias de las monjas expuestas de la iglesia y convento de las Salesas del paseo de Sant Joan de Barcelona, en julio de 1936 /

A principios de los años 40, el fotógrafo Antoni Campañà (1906-1989) se construyó una casa en St. Cugat del Vallès y hace un año sus herederos la pusieron en venta. Uno de sus nietos, Toni Monné, estaba obsesionado con revisar a fondo el garaje de la casa antes de dar las llaves a los compradores. "Fue allí donde, entre montañas de periódicos y de material fotográfico de décadas, empezamos a encontrar miles de placas de vidrio, fotos y más fotos, y finalmente algunas imágenes positivadas. Dos cajas rojas con centenares de clichés rojos, con los sobres de su propio laboratorio y apuntado su contenido de su puño y letra", cuenta Arnau González, historiador de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB). Junto al periodista Plàcid García-Planas y el fotógrafo David Ramos, ha seleccionado 400 de las 6.000 fotografías de la Guerra Civil encontradas en ese garaje, donde su autor decidió ocultarlas durante toda su vida. Ahora, 80 años después, se publican en un libro llamado La Capsa Vermella (Comanegra).

FOTGALERÍA | Una miliciana anarquista en el cuartel del Bruc, entonces Bakunin, con un pañuelo-corbata rojo y negro / A. CAMPAÑÀ

Antoni Campañà tenía 30 años cuando estalló la guerra y ya entonces era un reconocido fotoperiodista, pero el conflicto le traumatizó de manera extraordinaria: "Él, que era católico y catalanista, vio y fotografió situaciones que en nada le resultaron agradables. Sus imágenes denotan esa incomodidad. De esas miles de fotografías, de los cuales sólo llegaría a publicar unas 200 y positivar unas 500, construyó un retrato de la guerra en Barcelona que quiso reservarse para sí mismo. No lo destruyó. Lo escondió de las autoridades franquistas y lo dejó fuera de la vista de su propia familia", subraya Arnau González. El historiador cree que Campañà podría haber sido uno de los nombres más destacados del relato gráfico de la guerra en territorio republicano cuando, durante la Transición, se puso en valor el trabajo de Agustí Centelles o Robert Capa. Si no lo fue es porque él "no aspiraba a ser el protagonista". Sus fotografías sobre el choque entre la modernidad industrial y el mundo rural en Cataluña ganaron numerosos premios en España y en el extrajero pero en los años 50 decidió abandonar la fotografía artística. A partir de entonces se dedicó a su tienda de revelado, se conviertió en un maestro dentro de la fotografía deportiva, de la postal turística en color y realizó trabajos destacables en publicidad. Cuando, poco antes de morir, se le homenajeó con una exposición en Barcelona, solo seleccionó dos fotografías de la guerra. El resto seguía escondido en una caja roja en el garaje.

FOTOGALERÍA | Dos mujeres en medio de los escombros en el Poble Sec de Barcelona después de un bombardeo el 14 de marzo de 1937 / ANTONI CAMPAÑÀ

Dos hombres mirando con detalle las momias de unas monjas a la puerta de una iglesia, una barricada en el barrio del Eixample, un enterrador del Cementerio Nuevo de Montjuïc con un cadáver, una miliciana anarquista en el cuartel del Bruc o los moros de las tropas franquistas entrando por la Diagonal de Barcelona son algunas de las imágenes de la Guerra Civil que captó Campañà. No se centran en un bando ni persiguen el drama de manera directa: "Nos transmiten mucho más que una lucha ideológica, transmiten la esencia del sufrimiento y la complejidad humana. Tal es así, que algunas de sus fotos fueron utilizadas tanto para la propaganda de los anarquistas como de los franquistas, a partir de 1939. Eso le disgustó y mucho", apunta Arnau González como uno de los motivos que le pudieron llevar a querer pasar página una vez acabado el conflicto. Cogía su cámara Leica siempre que podía pero fue chófer del Ejército del Aire republicano y se salvó de la purga franquista gracias a su amistad con José Ortiz Echagüe, su referente en la fotografía artística.

Arnau González reconoce que, ante tanto material, la selección de fotografías para el libro ha sido complicada pero no descartan publicar o exponer las descartadas más adelante. De las imágenes que han visto la luz ahora, se queda con una: "La de dos mujeres en un portal del Poble Sec de Barcelona después de un bombardeo en 1937. Están ante su casa, con la calle llena de ruinas como diciéndonos: “¡Hemos sobrevivido y seguiremos viviendo aquí!” Me transmite una fuerza increíble esa idea de “esta es nuestra casa y nadie nos va a echar”, pero también la capacidad del ser humano de adaptarse y sobrevivir a los peores contextos creados por otros miembros de su propia sociedad. Tiene, incluso, mucha más fuerza que si Campañà hubiera buscado los cadáveres que había cerca. La fuerza de la vida".

Encuentran 5.000 fotos inéditas de la Guerra Civil de Antoni Campañà en un garaje de San Cugat / ATLAS

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