Tras analizar todas las obras requisadas y atender a sus dueños, se concluye que el franquismo se negó a devolver obras a exiliados o a familiares de los fusilados republicanos. Fue el caso del nacionalista vasco Ramón de la Sota, cuyas obras fueron para Serrano Suñer. Había conventos, como el de las monjas trinitarias de El Toboso, que pedían directamente cuadros en compensación por lo que habían perdido ellas durante la guerra. Inmediatamente se les dio, cuenta el libro, 100 piezas de orfebrería y pinturas a las monjas. También hay que añadir que el franquismo contó con toneladas de objetos religiosos saqueados por los nazis en Polonia, que también se distribuyeron en iglesias y conventos pedigüeños.