Ocio y cultura

De cómo el franquismo utilizó y expolió el arte español

El catedrático Arturo Colorado Castellary publica 'Arte, botín de guerra', un ensayoque detalle el robo y expolio de obras de arte con la llegada del franquismo al poder

Una colección en el interior del Museo del Prado de Madrid. / Europa Press News

"Este cuadro fue sustraído por unos rojos, con el ánimo de venderlo al extranjero y fue un falangista quién lo rescató el día de la victoria para el museo". La frase es una cita de La hora de los valientes, la película de Antonio Mercero que contaba cómo la República había salvado todo el arte español de la guerra. Josep Renau, pintor y militante comunista, fue el encargado de salvar una parte importante de la historia de España que después serviría al Franquismo para exaltar el patrioterismo propio del régimen.

Fue un comunista el que sacó Las Meninas, Los fusilamientos del dos de mayo y miles de cuadros más del Prado a Valencia y de allí a Suiza. Después, con Franco ya aniquilando a la mitad de la población, las obras volverían al museo y el relato oficial del régimen daría la vuelta a la historia. Sin embargo, el franquismo utilizaría el arte para algo más que la propaganda. Sus políticas artísticas del arte incautado durante la guerra las detalla el catedrático Arturo Colorado Castellary en su ensayo Arte, botín de guerra. Expolio y diáspora en la posguerra franquista.

La República no solo salvó los cuadros del Museo del Prado durante la Guerra Civil, también se protegieron los de Iglesias, se evitó que mucho arte ardiera durante la quema de iglesias, también se salvó el arte, esculturas y demás objetos valiosos del Palacio de Liria, propiedad del duque de Alba, uno de los primeros en recuperar todo el arte. Además, diversos organismos republicanos detallaron y cumplimentaron cada una de las obras, a quién pertenecía, donde se guardaba y qué era. Eso indica, dice el autor, la intención de devolverlo a su lugar y a su dueño original después de la contienda.

"Hubo otros organismos políticos que hicieron semejante labor pero no anotaban ni llevaban registro tan detallado de la procedencia de las obras. La Agrupación Socialista Madrileña incautó 458 o la CNT 430, por ejemplo", explica a la Cadena SER.

Sin embargo, la guerra la ganó el franquismo y todo cambió. Colorado cuantifica que al menos 8.710 obras sufrieron el desvío de sus anteriores propietarios y unas 16.503 obras quedaron desprotegidas. Fueron a parar a ministerios, delegaciones, a duques y condes, a amistades del régimen, a la familia Franco y, sobre todo, a la Iglesia, la gran beneficiada del expolio artístico español.

"Es el Servicio de Defensa del Patrimonio Artístico Nacional quien se encarga de devolver y muchas veces desviar entregándolas en depósito al ejército, a organismos del Régimen, a la iglesia e incluso a particulares amigos. El concepto no era el de devolución, sino el de depósito, porque se dudaba de quién era el propietario o se negó a devolverlo al propietario real", clarifica el autor. "Con una entrega en concepto de depósito se está diciendo que no pertenece al destinatario y que, supuestamente, queda a disposición solo por un tiempo, pero esto llega hasta la actualidad", añade.

El catedrático explica que no es jurista y no sabe qué implicaciones jurídicas podrían derivarse de su investigación, un análisis que nos sirve para entender algo mejor nuestro pasado y la oscuridad que pesa sobre todo lo que rodeó la contienda, así como la dificultad para investigar. Por ejemplo, nos cuenta que es casi imposible determinar de qué obras se apropió la familia Franco. Al dictador le gustaba coleccionar reliquias y tanto el Pazo de Meiras, como otras propiedades, están llenas de objetos artísticos que fue acumulando tras la guerra, como fue el caso de las pilas bautismales que Carmen Polo se apropió de la iglesia de Muxía o las esculturas del maestro Mateo de la catedral de Santiago.

Tras analizar todas las obras requisadas y atender a sus dueños, se concluye que el franquismo se negó a devolver obras a exiliados o a familiares de los fusilados republicanos. Fue el caso del nacionalista vasco Ramón de la Sota, cuyas obras fueron para Serrano Suñer. Había conventos, como el de las monjas trinitarias de El Toboso, que pedían directamente cuadros en compensación por lo que habían perdido ellas durante la guerra. Inmediatamente se les dio, cuenta el libro, 100 piezas de orfebrería y pinturas a las monjas. También hay que añadir que el franquismo contó con toneladas de objetos religiosos saqueados por los nazis en Polonia, que también se distribuyeron en iglesias y conventos pedigüeños.

El relato del franquismo salvador del arte español que veíamos en la película de Mercero, también quedó en el imaginario colectivo en obras que iban más allá del Museo del Prado. Se hablaba de que a la Virgen de Covadonga una mujer muy devota, cuando en realidad se puso al cubierto en la embajada de España en París, El Cristo de los Cerdanes de la diócesis de Cuenca estuvo en los almacenes de la delegación en Cuenca de la Junta del Tesoro Artísticio; pero el franquismo siempre dijo que se salvó milagrosamente en casa de uno beato.

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