Domingo, 23 de Enero de 2022

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Por qué 7 millones de españoles han pensado en suicidarse en el último año

Los expertos coinciden en que las personas con ideas suicidas no quieren morirse sino dejar de sufrir, pero exigen más recursos para hacer frente al incremento de la demanda

"El suicidio es una solución definitiva a un problema provisional", recuerda un psiquiatra

Más allá de la iniciativa '#teescucho', teléfonos contra el suicidio como el de La Barandilla (911 385 385) o el Ayuntamiento de Barcelona (900 92 55 55) reciben multitud de llamadas cada día

"Hay periodos pasajeros de riesgo intenso que, con la ayuda necesaria, pueden superarse".

"Hay periodos pasajeros de riesgo intenso que, con la ayuda necesaria, pueden superarse". / GETTY

Con el suicidio hay dos problemas: que está a la orden del día y que no se le presta atención. Según un estudio del Consejo General de Psicólogos, un 15% de los españoles ha tenido ideas suicidas en el último año. Es decir, que en los últimos 12 meses más de 7 millones de personas han pensado en quitarse la vida en España. Pero lo que buscan las personas con ideas suicidas no es morirse, sino dejar de sufrir. Una frase que quizá merezca la pena volver a leer: no quieren morirse.

Los datos correspondientes a 2020 reflejan un incremento del 7,4% en el número de suicidios consumados, hasta un total de 3.941: más de 10 al día. Una cifra que, por ponerla en perspectiva, es 2,7 veces superior a la de fallecidos por accidente de tráfico (1.463) y que multiplica por 87 a la de asesinadas por violencia machista (45).

Los expertos en la materia, además, coinciden en que, por prejuicios culturales o falta de medios, muchas muertes por suicidio se acaban registrando como accidentes o paros cardiacos cuando, en realidad, no lo son. “El estigma y el tabú hacen que la gente no hable de ello. Pero que una persona muera por suicidio nos informa de que esa persona sufría y de que no obtuvo la ayuda necesaria”, señala Susana Al-Halabí, doctora en Psicología y profesora de la Universidad de Oviedo.

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“La conducta suicida no funciona de forma causal y lineal —ideas, plan y acto— sino que lo hace por crisis. Hay periodos pasajeros de riesgo intenso que, con la ayuda necesaria, pueden superarse", añade. "Pensar en una ausencia total de muertes por suicidio sería una utopía, pero en muchos casos se puede prevenir. Por eso es importante que los medios lo digan y que el Estado aporte recursos”.

Mucha demanda y pocos recursos

En España aún no hay un teléfono de tres dígitos —como el 016 para la violencia machista, por ejemplo— dedicado específicamente a prevenir el suicidio. Pero sí algunas iniciativas impulsadas por la sociedad civil, como la línea telefónica atendida por psicólogos voluntarios que la Asociación La Barandilla creó en el año 2018 y que atiende —todos los días del año, de 9:00 a 21:00— desde una pequeña sala del barrio de Cuatro Caminos, en Madrid.

Ana Lancho, presidenta de La Barandilla y gerente del Hospital de Día Lajman, asegura que en cuatro años han respondido más de 5.000 llamadas y que cada vez que el número (911 385 385) aparece en un medio de comunicación, el teléfono suena sin parar durante varios días.

“¡Es un problema muy grave!”, señala. “Nosotros lo vemos a diario, por eso también damos charlas y organizamos galas, carreras y hasta una manifestación. Mucha de la gente que llama nos cuenta que no le dan cita hasta dentro de dos meses y no entendemos por qué no se le dedican tantos recursos a esto como a las muertes por accidente de tráfico o por violencia de género”.

“Una solución definitiva a un problema provisional”

El Ayuntamiento de Barcelona también puso en marcha un teléfono (900 92 55 55) de prevención del suicidio, que atiende 24 horas al día, 365 días al año. En este caso, con voluntarios de la Fundació Ajuda i Esperança formados por profesionales expertos y coordinados por un psicólogo. Y también hay iniciativas como #psicotwitter, a la que se han sumado multitud de voluntarios para brindar apoyo o ayuda psicológica a través del hashtag #teescucho.

"La mayoría de la gente no requiere una atención inmediata”, explica Víctor Pérez, jefe del servicio de Psiquiatría del Hospital del Mar (Barcelona). “Pero cuando hay riesgo inminente se contacta con el 061 y se puede activar el Código Riesgo Suicidio, que garantiza una visita en menos de 72 horas para menores de edad, y en menos de 10 días para mayores de 18 años”.

Hablar del suicidio suele generar dudas, miedo, impotencia o una mezcla de todo eso. Pérez habla de ello con total seguridad: “Los suicidios son una solución definitiva a un problema provisional. La mayoría de los que sobreviven, se arrepienten de haberlo intentado”.

“Las campañas de la DGT ayudan a reducir los accidentes. El problema es que cuando alguien expresa que vivir no merece la pena, se le corta y se le pide que hable de cosas más alegres. Hay que cambiar el concepto y utilizar a la familia, a los amigos y al sistema sanitario como radar, pero también hay que poner medios. En España se invierte la mitad que en Europa”, denuncia.

7 millones de españoles

¿Quién hay detrás de las cifras? ¿Cómo son esos 7 millones de españoles que han pensado en suicidarse a lo largo del último año? “Es difícil contestar a esa pregunta”, dice Al-Halabí. “Muchas serán personas afectadas por problemas económicos o que han sufrido la muerte de personas queridas, una ruptura de pareja... En definitiva, personas que ven su vida desarmada. La pandemia ha generado situaciones complejas y muchos cambios súbitos difíciles de manejar. Pero el suicidio nunca obedece a una única razón. Siempre es multifactorial”.

La psicóloga Noelia Vargas reconoce que los datos oficiales encajan con lo que ella ve en su práctica clínica y, aunque asegura que “no todo es achacable a la pandemia”, sí cree que “tener que aceptar cualquier curro precario o el hecho de estar mucho más solo” es algo que “puede hacer que tu día a día se tambalee” y que al final te plantees el suicidio como “la única solución contra la angustia vital".

Al hablar con varios profesionales que tratan a diario con personas con ideación suicida, de hecho, se repiten sobre todo tres perfiles que, además, no se corresponden necesariamente con los factores de riesgo clásicos (como el diagnóstico previo de un trastorno mental grave o el fácil acceso a las armas de fuego). Una reducción basada en su percepción personal, pero que ofrece algunas pistas sobre lo que está pasando en España.

Del 'bullyling' a la vida ‘on line’

Víctor Pérez señala que uno de los patrones más habituales en los últimos meses ha sido el de una mujer joven, estudiante de los últimos años de instituto o que acaba de llegar a la universidad, y que no se ha podido adaptar al cambio de lo presencial a lo on line. “Tengo una paciente de 18 años que ha perdido de golpe a todos sus amigos y que no ha podido iniciar nuevas relaciones sociales, que es lo último que se esperaba. Un caso muy claro: cuadro depresivo e intento de suicidio”.

La psicóloga Ana Font, que trabaja como voluntaria en el Teléfono Contra el Suicidio de la Asociación La Barandilla, señala que también son habituales las consultas de adolescentes de entre 11 y 16 años que sufren bullying y que, a pesar de haberlo denunciado, han visto cómo sus centros no tomaban las medidas necesarias. “Nos dicen que no saben qué hacer y que se quieren quitar de en medio. Hay que hablar con los padres como sea, claro. Pero muchas veces las autolesiones se interpretan como llamadas de atención y, por favor, ¡no lo son!”.

Noelia Vargas pone en valor que los más jóvenes, la llamada Generación Z, buscan ayuda y expresan su malestar con más facilidad que las generaciones anteriores: "Están poniendo encima de la mesa la vulnerabilidad y el malestar, algo de lo que hay que hablar y que hay que normalizar”.

La soledad mata

Junibel Lancho, psicóloga clínica y coordinadora del Teléfono Contra el Suicidio de la Asociación La Barandilla, señala que durante la pandemia también se han incrementado mucho las llamadas de personas de entre 70 y 80 años, angustiados por la soledad y la incertidumbre.

“Nos dicen que han dejado de ir al centro de mayores, a yoga, al teatro... Han dejado de interaccionar con otras personas, se ven solos en casa, y encima no pueden recibir la visita de sus familiares”, explica. “Sabemos que cuando una persona mayor habla de suicidio, o de que ya no sirve para nada, tenemos que tener mucho cuidado porque puede ser inminente”.

Una mezcla de problemas

El tercer perfil en el que más coinciden los expertos consultados también guarda relación con los efectos de la pandemia, pero es más “multifactorial” y no se ciñe a una edad determinada.

"Se mezclan los problemas económicos, las separaciones y los problemas de custodia”, señala Junibel Lancho. “Todo se junta y lo que te sobreviene es la ideación suicida”.

Una demanda directa que se suma a lo que denominan “llamadas en segunda persona”. Es decir: personas que piden información para familiares o amigos, psicólogos preocupados por un paciente, profesores de centros escolares, asistentes sociales...

"La conducta suicida es un fenómeno al que la mayoría de personas se enfrenta con miedo debido, en parte, al estigma y al silencio que lo rodea. Pero cuando se habla de cifras sorprende saber que hay tanta gente pensando en ello o que muere por esta causa”, dice la profesora Susana Al-Halabí.

“En el ámbito científico sabemos que los pensamientos de suicidio son mucho más frecuentes de lo que la gente cree, y que además se dan en todo tipo de personas, independientemente de que hayan recibido o no un diagnóstico de salud mental. La clave está en comprender que están al servicio de resolver una situación en la que la persona se siente 'atrapada' y que vive como insoportable. Ese dolor es pasajero y, con tiempo y la ayuda necesaria, la persona puede reconectarse con la vida”.

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