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Viernes, 15 de Noviembre de 2019

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Los olivos de Cuenca buscan agricultores jóvenes que los trabajen

El sector del olivar, tras su modernización y mecanización, supone una alternativa agraria rentable en los pueblos de la provincia

Olivos en la comarca de la Alcarria. /

Los olivos de Cuenca buscan agricultores jóvenes que los trabajen. En la provincia se cultivan en la actualidad 40.000 hectáreas que, gracias a la mecanización, vuelve a hacer rentable el cultivo del olivar. En el espacio ‘Mirando por Cuenca’ de la SER, nos hemos interesado por las posibilidades que tiene este sector agrícola para el desarrollo rural y hemos hablado con Gerardo González Bello, responsable del sector del olivar en Asaja-Cuenca. Además, nos hemos interesado por el proyecto Apadrina un olivo de Oliete (Teruel) para recuperar 100.000 olivos centenarios. Nos lo ha contado uno de los promotores, Alberto Alonso.

'Mirando por Cuenca' en Hoy por Hoy Cuenca. / Paco Auñón

Los campos de olivos se suceden en el paisaje de comarcas como la Alcarria. También en algunos pueblos de la Mancha. Menos en la Serranía por la altitud. El olivo es un árbol autóctono del Mediterráneo y su cultivo ha supuesto, junto al cereal y la vid, un pilar básico de la agricultura durante milenios. En los pueblos de Cuenca se cultivan en la actualidad 40.000 hectáreas de olivos, en su mayoría centenarios, que gracias al cuidado de los olivareros siguen produciendo. El árbol del olivo, si se cuidad adecuadamente, puede vivir y producir fruto durante cientos de años. ‘Pódame aunque no me ares’, dice el olivo, porque el proceso más importante para asegurar la pervivencia centenaria de estos árboles es la limpia de vestugos en verano y la poda de ramaje en invierno, un proceso imprescindible para que el árbol se renueve y pueda florecer en primavera.

Del olivo se obtienen aceitunas, y de estas su aceite, el oro verde, uno de los productos más valorados en la cocina mediterránea. Pero, ¿es rentable su cultivo y producción en la actualidad? “En los últimos tres años sí”, asegura Gerardo González Bello, responsable del sector del olivar en Asaja-Cuenca. “Llevamos varios años con un precio aceptable, entre 60 y 70 céntimos por kilo de aceituna, lo que, sumado a la restructuración del olivar, hacen que sea rentable para el agricultor. En años anteriores, cuando su precio estaba en torno a los 30 céntimos, coger un olivar a mano no era rentable porque solo recogerla te costaba unos 15 o 20 céntimos por kilo”.

Con el envejecimiento de la población, muchos agricultores se encuentran sin relevo para cultivar los olivos. / Cadena SER

En las últimas décadas se ha modernizado este sector con la mecanización de la recogida de la aceituna a través de máquinas vibradoras acopladas a los tractores. Para su mejor eficacia se han podado los olivos centenarios hasta dejarlos con un solo pie, con un solo tronco.

Con esta mecanización un solo agricultor puede cultivar un mayor número de olivos mejorando la rentabilidad. “Otro de los problemas que tenemos era la falta de mano de obra para la recogida”, apunta González Bello. “En estos pueblos hay poco paro y se suele recurrir a temporeros e inmigrantes para las labores de poda y limpieza de vestugos”.

Olivos abandonados

Con el envejecimiento de la población, muchos agricultores se encuentran sin relevo para cultivar los olivos. Gerardo apunta que “hay pueblos en los que el olivar se está abandonando”. Terrenos más agrestes y la falta de una concentración parcelaria hacen más difícil a las nuevas generaciones afrontar su cultivo. “Pero el cambio generacional se está haciendo poco a poco. Lo que pasa es que el agricultor que antes trabajaba mil olivos ahora se ve obligado a cultivar un mayor número echando mano de los olivares que dejan las personas mayores. Y eso se puede hacer gracias a la mecanización de la recogida de la aceituna”. En cualquier caso, apunta, “del olivar solo no se puede vivir, siempre hay que compaginarlo con el cultivo del cereal, girasol o leguminosas”. Aun así, González Bello, ve una esperanza en las nuevas generaciones que “recurren al olivar para completar la economía agraria y tener un modo de vida en los pueblos de Cuenca”.

Apadrina un olivo

En el municipio de Oliete, en Teruel, hace unos años había 100.000 olivos centenarios abandonados. Ahora hay siete mil menos. La ONG Apadrina un olivo trabaja para su recuperación y aprovechamiento. “Lo que queremos es conectar emocionalmente al padrino con el olivo y con el mundo rural”, explica Alberto Alfonso, uno de los fundadores del proyecto. “De esta forma recuperamos los olivares centenarios. Desde 2016 tenemos también nuestra propia almazara y cada padrino recibe dos litros de aceite cada año”.

Con este proyecto han generado “vida en el pueblo y, por ejemplo, evitar el cierre de la escuela o de las tiendas, mantener el médico”, dice Alfonso. “En el último año hemos conseguido mantener el censo de habitantes y se han creado ocho puestos de trabajo asociados a la recuperación de los olivos”.

Y todo esto con la implicación, en primer lugar, de los propietarios de esos olivares abandonados, personas mayores que hace 30 años dejaron de trabajarlos. “Firmamos un acuerdo de custodia por el que nos ceden el olivar para su recuperación y a partir del sexto año les damos el 10 % de la cosecha”.

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