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Martes, 21 de Enero de 2020

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Un "superhongo" contra el cambio climático

Ciertos hongos excepcionales resultan claves en la mitigación efectiva del cambio climático

El superPisolithus /

La Cátedra de Micología de la Universidad de Valladolid- IUFOR, patrocinada por la Diputación de Palencia (Castilla y León, España), informa que, apoyado en los estudios que lleva realizando, el empleo de ciertos hongos micorrícicos excepcionales resulta clave en la mitigación viable y exitosa de los efectos negativos del cambio climático.

Estos superhongos simbiontes que son especialmente resistentes a las condiciones climáticas extremas ayudan efectivamente a desarrollarse plenamente a los árboles aún en situaciones dramáticas, constituyendo un extraordinario sumidero de carbono. Los hongos micorrícicos ultrarresistentes ayudan al árbol a conseguir todos sus nutrientes y sobre todo, agua oculta, incluso entre los resquicios de las rocas gracias a sus redes de micelio pero protegen de la desecación y suministran antibióticos y diversas y complejas sustancias químicas que impiden el decaimiento y muerte de las plantas.

Dentro de estos hongos existe una especie cosmopolita con aspecto de trufa, Pisolithus tinctorius, que ayuda a numerosas clases de árboles y arbustos, tales como robles, encinas, alcornoques, pinos, castaños, tilos, eucaliptos, estepas, jaras, gayubas, etc, en todo el mundo a medrar y desarrollarse en pésimas zonas, adaptándose a las nuevas situaciones climáticas de condiciones desfavorables.

Pero no vale cualquier hongo micorrícico ni procedencia, ni mucho menos. En algunos puntos de zonas áridas de Castilla y León y de otras regiones de España, en comarcas arenosas y salinas, en suelos extremadamente malos, los miembros de la Cátedra de Micología, en colaboración con empresas punteras e internacionales de Biotecnología, como la palentina IDForest, han descubierto ya alguna variedad o cepa de este hongo simbionte de excepcional calidad y portentosa efectividad. Las encinas y robles, que suelen crecer despacio, al asociarse con estas variedades peculiares del hongo llegan a desarrollarse con vigor e inusual rapidez incluso en años extremadamente secos. También fructifican abundantemente a los 10 años de vida, mucho antes de lo que señalan los científicos y la bibliografía. Esto tiene sus consecuencias positivas para la fauna silvestre y los recursos forestales no maderables para las poblaciones locales (las bellotas dulces de estos árboles resultan ser un moderno, a la vez que tradicional superalimento).

Todo ello no es cuestión de un descubrimiento feliz de un día sino fruto de la investigación en estos temas desde hace 40 años, comenta el director de la Cátedra de Micología Juan Andrés Oria de Rueda Salgueiro. “En 1985 viajamos a los desiertos de Almería, a las comarcas más áridas y desérticas de Europa y descubrimos, en colaboración con el afamado y recientemente fallecido Dr. Francisco D. Calonge, ciertas variedades de hongos superesistentes que ayudaban a los árboles a sobrevivir y desarrollarse. Y eso que en los años 80 se produjo una de las peores sequías conocidas”. Pero aún más de esta supertrufa. Por si fuera poco, resulta que se come cuando es muy joven y tierna y resulta deliciosa en salsas. También es medicinal, pues gracias al peróxido de ergosterol que contiene sirve para evitar las alergias, una amenaza al ser humano cada vez mayor a nivel global. Además, como indica su propio nombre científico tinctorius, sirve para conseguir tintes naturales en los tejidos de preciosos colores, como amarillos, beige, camel, marrones, etc. Resulta una alternativa ecológica y ambiental a los tintes químicos industriales que producen dermatitis a muchas personas.

A veces se anuncian grandes campañas mediáticas de plantación de millones de árboles en diversos países del mundo, pero si no se hace con la ayuda de los superhongos estas repoblaciones resultan un dramático fracaso debido a la sequía y el calor, afirma el subdirector de la Cátedra de Micología Dr. Martín Pinto, que además es directivo del Programa Forestal de colaboración con Etiopía.

La siembra y plantación en todo el mundo de árboles inoculados con este hongo pionero apenas sufren en las temporadas posteriores, pues el superPisolithus se encarga de defender frente a la sequía a las plántulas a la vez que impulsa su vigoroso crecimiento, ayudando a fijar en los nuevos bosques grandes cantidades de carbono de la atmósfera, clave en la mitigación del cambio climático. De esta manera eficiente se pueden combatir con éxito las nuevas condiciones desfavorables, termina comentando el Dr. Oria de Rueda.

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