Jueves, 02 de Julio de 2020

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Ni elecciones, ni moción

La división interna en el gobierno regional de PP y Ciudadanos ha desatado todos los rumores. El contexto político y la incertidumbre electoral en mitad de una crisis dificultan un adelanto electoral o la presentación de una moción de censura

A la izquierda la presidenta de la Comunidad en un acto de hace unos días, a la derecha el vicepresidente Aguado posa para la prensa el día en que se reunió con los tres grupos parlamentarios de la izquierda.

A la izquierda la presidenta de la Comunidad en un acto de hace unos días, a la derecha el vicepresidente Aguado posa para la prensa el día en que se reunió con los tres grupos parlamentarios de la izquierda. / Cadena SER

El entendimiento imposible entre el Partido Popular y Ciudadanos se arrastra desde los primeros días de su acuerdo de gobierno. Los constantes desencuentros, públicos y privados, entre Ignacio Aguado e Isabel Díaz Ayuso han marcado este primer año del bipartito. La crisis del coronavirus ha elevado más la temperatura y ha complicado unas relaciones tensas a raíz de la gestión en las residencias, la retirada de sus competencias al consejero de Políticas Sociales y la distribución de una orden -que en Sol reiteran que se trataba de un borrador- en la que se contraindicaba la derivación a hospitales de pacientes dependientes y cuya salud estuviera seriamente deteriorada.

Elecciones: ¿un as en la manga?

Desde hace semanas circula por Madrid un rumor al que en el Gobierno regional siempre han restado credibilidad. La convocatoria electoral, atendiendo al reglamento vigente, sería posible una vez finalice el primer periodo de sesiones, es decir, después del verano. Ayuso podría llamar a los madrileños a las urnas pero la legislatura resultante solo se prolongaría durante tres años, el tiempo restante hasta la próxima cita electoral conjunta en mayo de 2023.

Ayuso, cuyo perfil público se ha forjado estos meses de crisis por sus críticas al gobierno de Pedro Sánchez y su permanente presencia en medios, sabe que, a pesar de todo, su situación no es ni parecida a la de Núñez Feijóo en Galicia. Un líder sólido que aspira a gobernar con mayoría absoluta.

En Madrid, la candidata del PP no fue la más votada hace un año. Gobierna gracias a un acuerdo con un partido cuyas previsiones electorales, en pleno giro ideológico hacia el centro, son imprevisibles y bastante inciertas. Ayuso necesita a Ciudadanos y está por ver que todos los votos que los naranjas se dejarían en este camino que va de la euforia de 2019 al batacazo de Rivera, fueran para un PP que en Madrid juega mucho más escorado hacia la derecha extrema de lo que lo hace el candidato gallego en su región. Una estrategia que, en el caso de Ayuso tampoco ha servido para neutralizar a Vox a quien ahora el PP seduce siguiendo aquella máxima de si no puedes con tu enemigo, únete a él.

Acudir en estas condiciones a unas elecciones es un riesgo demasiado elevado para todos en el centro derecha madrileño y según fuentes del propio partido, Casado habría dado instrucciones a Díaz Ayuso para que mantenga el pacto de gobierno a toda costa. El PP no cuenta con la solidez y el respaldo electoral para gobernar en solitario. Ciudadanos está en fase de definición ideológica y Vox sigue abanderando las marchas cayetanas. ¿Está dispuesta Ayuso a poner en peligro su gobierno por difícil que sea el entendimiento? ¿Puede renunciar Ciudadanos al poder obtenido con su entrada en el ejecutivo? Evidentemente, la respuesta a ambas preguntas es no.

La moción de nunca acabar

La portavoz de Vox en la Asamblea, Rocío Monasterio (i) y el portavoz del PSOE, Ángel Gabilondo (d) en un pleno de la Asamblea de Madrid. / Pool

La convocatoria de una moción de censura frenaría en seco cualquier intento de convocatoria electoral. Las cuentas obligan a un gran acuerdo entre Ciudadanos, PSOE, Más Madrid y Podemos. El encaje ideológico parece complicado pero más difícil resulta ver a Ignacio Aguado participando en un gobierno con Ángel Gabilondo.

Obviando las graves acusaciones que dirigió Aguado contra Gabilondo durante la campaña electoral de 2019, hay otro elemento que resulta clave y que obstruye esta vía. Aguado, que trata de dibujarse -más bien es una caricatura- como un hombre de Estado, chocaría frontalmente con la figura de Gabilondo, a quién su partido le ha reprochado su poca actividad política durante esta crisis. El vicepresidente y portavoz del gobierno ha tenido fácil durante meses aportar cordura ante determinados discursos de la presidenta. Con Gabilondo brillaría menos y y ese dibujo podría acabar en borrón y cuenta nueva.

En definitiva, Ayuso y Aguado se necesitan más de lo que pueda parecer. Esa necesitad mutua disipa siempre la tensión máxima que se vive entre ambos equipos y evita a última la ruptura. El desencuentro de las residencias -con el consejero Reyero discutiendo la política de su propio gobierno y Ayuso acusándole de mentir- se resolverá. La cuerda romperá por el lado más débil. Reyero se da por amortizado y ahora está por ver como Ignacio Aguado construye el argumentario para justificar su relevo al frente de Políticas Sociales. No será la primera vez que el líder de Ciudadanos pueda sostener una cosa y la contraria, en cuestión de unos pocos días.

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