De bailar en hoteles del Caribe al premio por cocinar como una abuela aragonesa
El chef dominicano Reynol Osorio llegó a Teruel por una carambola del destino y acaba de ganar un sol Repsol

Madrid
La hostelería española se sustenta, desde hace mucho tiempo, en los migrantes. Pero la mayor parte de ellos son cocineros o camareros anónimos. Para comprobarlo, basta con darse una vuelta por los bares y, a continuación, comparar esa realidad con las fotos de los grandes premios del sector, en la que se repite casi siempre el mismo patrón. Pero siempre hay excepciones que, además, como en el caso de Reynol Osorio, suelen apoyarse en bonitas historias de (amor y) superación.
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Como María Marte —que pasó de fregar los platos a cocinar con dos estrellas Michelin— o también Martín Omar, Reynol Osorio nació en la República Dominicana. Per su caso es llamativo porque él era bailarín en un resort del Caribe y, si acabó en una de las grandes cocinas de la provincia de Teruel, fue gracias a una carambola del destino.
Su mujer, Sonia Prieto, estudiaba Trabajo Social y, como tantos otros españoles, se fue a Santo Domingo de viaje de fin de carrera. Allí conoció a Reynol Osorio... y, unos cuantos años después, han posado juntos para celebrar que El Portal de Albarracín ha ganado su primer sol Repsol. Algo que, en realidad, se veía venir, porque el chef ya fue distinguido como Mejor Cocinero de Aragón en 2025.
Clases de zumba y recetas clásicas
"Aún lo estoy asimilando", explica en la entrevista concedida a Gastro SER. "Son cosas que no te esperas, pero cuando recibes la noticia es un chute fuerte de energía porque, de alguna manera, están validando el enfoque que tú le has dado al negocio".
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Gastro 25 | Comida espacial y Reynol Osorio
Osorio lleva 13 años trabajando en El Portal de Albarracín, pero cuando llegó a Teruel no tenía ni idea de cocina. Uno de sus primeros trabajos en España, de hecho, fue como profesor de zumba.

"Mi suegro me propuso probar en la cocina del restaurante familiar, acepté... y al ver que cada cada día aprendí algo nuevo, me animó a estudiar, así que me fui a la Escuela de Hostelería de Teruel, al Basque Culinary Center y a Gasma, en Castellón", explica. "Durante dos años, además, estuve en dos restaurantes con estrella Michelin: Ricard Camarena y la Hospedería del Batán".
"Nunca falta un escabeche"
Después de ese periplo formativo, Osorio volvió a casa y, poco a poco, fue asumiendo más responsabilidad en la cocina de su suegro, donde siempre había primado el producto de cercanía y la tradición: estofados, asados de cordero, guisos, sopas de ajo, migas... "Una cocina muy buena y de toda la vida, con muy buen producto", explica.

Costilla de ternera tratada como un guiso, trompeta negra y semilla de mostaza encurtida (El Portal de Albarracín).

Costilla de ternera tratada como un guiso, trompeta negra y semilla de mostaza encurtida (El Portal de Albarracín).
Al fallecer su suegro, El Portal de Albarracín se puso al día con algunos cambios estéticos y culinarios, pero manteniendo la misma esencia: homenaje a los platos clásicos ("nunca falta un escabeche y, en temporada, siempre hay carne de caza"), colaboración con pequeños productores de la zona y una bodega 100% aragonesa.

Sollapa con paté de conejo al ajillo (El Portal de Albarracín).

Sollapa con paté de conejo al ajillo (El Portal de Albarracín).
Al preguntarle por el plato estrella, Osorio defiende su tarta de queso, pero también se muestra muy orgulloso de que sus platos de matanza —con sangre, pan y patata— logren emocionar a los mayores del lugar, evocando sabores que, a priori, solo están al alcance del grupo de élite que forman las abuelas aragonesas.
Bachata, merengue y jota
"Vino un cliente de unos 70 años y me dijo que ese plato le recordaba a uno de su madre", explica henchido. de satisfacción. "Lo mejor de este último año ha sido el sol Repsol y lo que me dijo ese señor".

Curiosamente, hasta ahora solo se ha permitido un pequeño guiño a la cocina dominicana. "En el menú del año pasado hice un plato con coco, piña y ron, similar a una piña colada, y vino un cliente dominicano y que se emoconó porque le recordaba al conconete [galletas de coco]", explica. "Nos gusta generar esa añoranza y que venir al restaurante sea como volver al pueblo. No nos podemos comparar con las abuelas, pero queremos hacer una cocina honesta que se parezca a eso".

Reynol Osorio (d), en uno de sus espectáculos como bailarín.

Reynol Osorio (d), en uno de sus espectáculos como bailarín.
En su cocina, por cierto, suena un poco de todo: merengues, bachatas, temazos de Juan Luis Guerra y también algún himno del ilustre Labordeta. "Algunos me dicen que tengo que aprender a bailar jotas, pero aún no he llegado a tanto".

Carlos G. Cano
Periodista de Barcelona especializado en gastronomía y música. Responsable de 'Gastro SER' y parte del...




