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Domingo, 26 de Enero de 2020

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Mejillones, tan humildes como sabrosos

El mejillón es posiblemente el más barato de todos los frutos del mar y también uno de los más versátiles

El mejillón es posiblemente el más barato de todos los frutos del mar, y sin lugar a dudas también uno de los más versátiles. Podemos usarlos para acompañar platos de pasta, en escabeche, en arroces o rematando una reconfortante sopa de pescado y pan. Lo importante es escoger ejemplares que no tengan la cáscara rota y estén bien cerrados, que pesen y que huelan a mar y a fresco.

Si vamos a abrirlos al vapor, es mejor hacerlo en tandas de pocas unidades y vigilarlos muy de cerca para que no se queden securrios: en el momento en el que ya han abierto la concha del todo, están listos para comer. Puedes hacerlo con un chorrito de limón, una mayonesa aligerada con zumo de naranja y un toque de cilantro o un punto de all i oli. Si el ajo crudo te repite, confita unos dientes enteros durante entre cinco y diez minutos -dependiendo de tu tamaño- en un poco de aceite que no llegue a humear y fin del problema.

Otros aderezos que harán brillar un mejillón pueden ir desde un sencillo picadillo de hortalizas -pimiento, cebolla, tomate- en forma de vinagreta si vamos a tomarlos fríos hasta una salsa a base de nata y mostaza para hacerlo en caliente. Una salsa de tomate con un sofrito de cebolla y ajo como base, además de un chorro generoso de vino blanco seco nos dará una excelente salsa marinera (que podemos animar con nuestro picante favorito). Si el pan te parece poco para este manjar, siempre puedes hacer unas patatas fritas caseras, como hacen en Bélgica y el norte de Francia con sus tradicionales moules et frites.

La pereza que da limpiarlos hace que seguramente cocinemos mejillones un 25% de las veces que nos gustaría comerlos en casa (porcentaje recién inventado en la Universidad Comidista de Morrolandia). Frotar las conchas con un estropajo de metal -que reservaremos solo para esta labor- facilita bastante el trabajo, y quitarles las barbas justo antes de cocinarlos nos asegura que se conserven vivos hasta entonces (si lo estaban, claro).

Pero hasta los vagos rematados que no quieren arremangarse y coger el estropajo tienen opciones. El mejillón datilero -más pequeño que otros, y ahora en plena temporada- suele venderse prácticamente limpio: solo hay que preparar un sencillo sofrito de ajo y perejil, una salsa verde o la que haríamos para cocinar unas almejas y disfruta de su delicado sabor. Si quieres usar la concha como recipiente -y a la vez cuchara: magia-, busca los de roca o los gallegos, bastante más grandes y con mayor capacidad.

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