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Domingo, 26 de Enero de 2020

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De los falsos mitos de Auschwitz al odio a los refugiados

Reflexionamos con dos expertos en la historia de Auschwitz sobre lo cerca que estamos de poder cometer los errores del pasado y nos adentramos en la caravana de migrantes centroamericanos que se dirigen a EEUU con el miedo de no poder cruzar o de ser deportados

¿Estamos más cerca que nunca de volver a cometer los errores del pasado? La propaganda o el lenguaje que se utilizaban en la época nazi encuentran similitudes con los mensajes que se escuchan ahora en países en los que resurgen nacionalismos extremos, como Hungría o Polonia.

Para Piotr Setkiewicz, jefe de historiadores del Museo Estatal de Auschwitz-Birkenau, “lógicamente, ese lenguaje propagandístico que se está identificando es claramente preocupante. No es del todo igual a lo que ocurrió en la época Nazi, pero es un motivo de preocupación”. Pawel Sawicki, director de comunicación, añade que esto “no solo está pasando en Hungría, los populismos se están extendiendo en todo el mundo, hay políticos que recurren a los sentimientos para enviar sus mensajes e intentar llegar a unos objetivos políticos”. Ambos se encuentran en Madrid acompañando la exposición itinerante sobre Auschwitz que acoge el Centro de Exposiciones Arte Canal hasta el 3 de febrero.

Vista de la exposición / Jesús Varillas, cortesía Musealia

Teniendo en cuenta que más de la mitad de las personas que murieron en el campo de concentración de Auschwitz lo hicieron a consecuencia de epidemias, enfermedades o por el hambre, cabe preguntarse qué similitudes existen entre este campo de concentración y campos de refugiados como el de Cox Bazar en Bangladesh, donde miles de refugiados rohingya malviven en pésimas condiciones. Si bien el contexto es completamente distinto, Pawel señala que “podemos encontrar similitudes en ambos casos, entre el pasado y el presente, sobre cuáles son los motivos, las razones de que haya ideologías basadas en el odio, en el desprecio hacia otra persona, en la deshumanización del que opina distinto, o tiene una raza distinta o una ideología distinta. Las condiciones de los campos son distintas, pero la ideología destructiva que hay detrás si se puede comparar. La gran pregunta, la cuestión es cómo puede ser que haya gente que vote y apoye a ideologías que se basan en este odio, que sabemos a dónde llevan y el resultado final que tienen porque lo vimos hace 80 años. Al final, todo eso acaba en un proceso de deshumanización y destrucción de otros seres humanos”.

El director de comunicación del museo recuerda que ya entonces, en 1940 se conocía lo que estaba ocurriendo en Auschwitz porque había fotografías aéreas del campo, y sin embargo el mundo no hizo nada. “Nosotros seremos el sujeto de esa pregunta dentro de 30 o 40 años”, advierte, “nos preguntaremos por qué no hicimos nada ante las barbaridades que están cometiendo ahora, en nuestros días, y que nos deberían avergonzar como sociedad. Quizás en unos años habrá un memorial en Bangladesh que se haga esa misma pregunta, por qué los gobiernos no hicieron nada. El silencio es mucho más problemático ahora de lo que lo fue en la segunda guerra mundial”.

El museo de Auschwitz dirige su trabajo a la educación, “el que exista conocimiento más allá de los propios supervivientes porque llegará un momento en el que no quedarán”, explica Piotr, por eso no se limitan a tomar como base los testimonios de algunos de los 7.000 supervivientes que lograron salir del campo y que ya superan los 80 años, sino que también estudian documentos y archivos para arrojar luz sobre los hechos. Unos hechos que, insiste, ocurrieron “en un mundo similar al que vivimos nosotros, a mitad del siglo XX, un mundo moderno, con avances tecnológicos. Es algo que ocurrió hace relativamente poco y los jóvenes y visitantes pueden coger el relevo de los supervivientes y propagar la historia”.

Brazaletes de prisioneros funcionarios de Auschwitz. Colección del Museo Estatal de Auschwitz-Birkenau / Pawel Sawicki, Auschwitz-Birkenau State Museum - Musealia

El historiador explica que en Auschwitz “el objetivo no era solo matar a la persona, también extraer cualquier posesión que hubiera tenido de cierto valor, ya fuera dinero, oro, relojes, joyas... para enviarlo a Alemania y contribuir al esfuerzo bélico. Iba mucho más allá de la muerte física de la persona”, por eso cuando las SS abandonaron el campo el Ejército Rojo encontró siete toneladas de cabello humano preparado para su venta en Alemania. También han hecho un reajuste en cuanto al número de víctimas en base a nuevos estudios realizados gracias al acceso a nuevos archivos. “Para los supervivientes era imposible contar cuántas personas llegaban al campo cada día y cuántas morían”, recalca Piotr. Así, calculan que había 1,1 millones de personas recluidas en Auschwitz frente a los 4 millones que había marcado la comisión de investigación soviética.

Los intereses propagandísticos tras la guerra y la falta de información de una comisión “politizada” son los motivos a los que atribuyen la diferencia de cifras que constituye el principal mito que el museo ha corregido en los últimos años. Piotr Setkiewicz reconoce haber tenido que lidiar con informaciones falsas difundidas en ocasiones por personas que no conocen bien esa parte de la historia, pero lamenta que haya algunas personas que lo hagan “con mala fe, que niegan la existencia del campo de Auschwitz, que dicen que no hubo un exterminio, que los judíos se mudaron a la Unión Soviética y cambiaron de nombre. Con esas personas realmente debatir tiene poco sentido, porque no están movidos por factores históricos, sino ideológicos”, asegura.

También ha habido películas que no han sido suficientemente rigurosas con la historia, y esto supone “otro reto para un museo”, explica Pawel Sawicki, y por eso decidieron tener una cuenta en Facebook y Twitter para ofrecer la información veraz que la gente demanda y corregir los errores que encuentran. “Hay personas en internet que voluntariamente confunden la foto de un miembro de la SS por George Soros y dicen que era un miembro de las SS y eso no tiene ningún sentido, ahí sí reaccionamos y corregimos el error”, asegura.

Vista de los objetos procedentes de la Casa de Ana Frank en la exposición Auschwitz / Jesús Varillas, cortesía Musealia

Entre los supervivientes de Auschwitz se encontraban los Kapos, que “en la primera etapa del campo eran prisioneros criminales alemanes que dirigían los comandos de trabajo y se encargaban de mantener la disciplina entre los prisioneros, muchas veces con palizas o matando a otros prisioneros”, explica el historiador. “Es una historia muy compleja. A partir del año 42 no solo había kapos alemanes, también polacos e incluso judíos y el comportamiento de cada uno era distinto. Había algunos que eran muy duros, incluso más que las SS, con los prisioneros. Y había otros capos cuya actitud era buena, incluso ayudaban a los prisioneros y formaban parte de la resistencia del campo. Habría que juzgar a cada uno de forma individual”.

Como historiador, Piotr Setkiewicz valora la exhumación de los restos del dictador Francisco Franco del Valle de los Caídos como un hecho interesante “a pesar de que lógicamente no podemos tener una opinión tan formada de lo que fue la época de Franco. Hubo muchos polacos que lucharon contra Franco. La visión que tenemos desde allí es como un aliado de Hitler, así que tiene un impacto muy negativo”.

Caravana migratoria hacia EEUU

Miles de las personas que integran la caravana migratoria que se dirige hacia Estados Unidos desde Centroamérica se encuentran en plena frontera con el temor al fracaso y la frustración de no poder cruzar a este país. El enviado especial de la Cadena SER, Jon Egaña, está siendo testigo de las historias de cada una de las familias que han huido de sus casas.

Desde uno de los puntos fronterizos, en Tijuana, en el Estado mexicano de Baja California, Jon nos cuenta que los migrantes duermen en las playas y luego en las fronteras “se encuentran con diferentes situaciones”, algunos pasan directamente, otros piden asilo, “vienen sin nada, con lo puesto, y esperan una oportunidad que no se sabe si llegará”.

Entre ellos se encuentran todo tipo de personas. Hemos podido conocer a Jairo, un estudiante de medicina de Honduras, Lucila, sin profesión ni estudios, o Mauricio, fontanero. Pero “el nexo es la pobreza”, destaca Jon. Además de la presencia de miles de niños: “en el auditorio Benito Juárez, en Jalisco, había 5.000 personas durmiendo y 1.700 de ellas eran menores”.

¿Cómo se gestiona la frustración de quienes no logran entrar a EEUU?

En el ambiente de la caravana Jon percibe que la gente no es consciente de que la iniciativa puede fracasar. “La gente tiene mucha fe en la unión de todos. Están esperando a sus compañeros en la frontera y creen que cuantos más lleguen más difícil va a ser acabar con el movimiento”. Antonio Vélez, voluntario que lleva 16 años atendiendo a los mexicanos que son deportados tras cruzar a EEUU, asegura que las personas que se encuentran en la frontera tienen una gran ilusión, y “lo más triste y decepcionante para ellos es que cuando entran a pedir asilo político sufren un encierro” y son deportados tras un periodo de 15 o 20 días.

Tras ese intento frustrado de entrar a EEUU, la fundación de Antonio les ayuda con billetes para volver a su Estado. Pero su frustración es saber que no pueden volver a un Estado en el que no tienen nada, explica Vélez, porque ellos “piensan que al entrar en EEUU ya van a tener un apoyo americano, pero no es así, y vuelven desesperados, tristes”. A raíz de su ejemplo, otras asociaciones están utilizando estos casos para ayudar a entender a más migrantes de Honduras, El Salvador, Guatemala o Nicaragua la dificultad de lo que se proponen y darles un golpe de realidad que rebaje sus expectativas. Quieren evitar su desilusión cuando les impidan entrar.

Con la afluencia de migrantes del último mes han duplicado la atención en la fundación. Pero, a diferencia de lo que ocurría hace una década, ahora quienes son deportados no vuelven a intentar cruzar una segunda vez porque “hoy los castigan más dándoles cárcel en EEUU, y la mayoría se quedan en Tijuana con algún familiar”, explica Antonio Vélez.

México va a tener que afrontar ahora una enorme crisis humanitaria con el cierre de fronteras en EEUU, y deberá hacerlo en medio de un cambio de gobierno.

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