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Martes, 17 de Septiembre de 2019

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A bordo del Winnipeg, con cuatro años

Pilar Gelay subió al bordo del WinnIpeg hace ochenta años. El viaje, organizado por Pablo Neruda, dio una nueva oportunidad a más de dos mil republicanos españoles.

Pilar Gelay tenía cuatro años cuando salió de Cuatro Caminos, su barrio madrileño devastado por la Guerra Civil. Empezó a caminar con su abuela, su tía, su padre y su madre embarazada de nueve meses. Su meta era llegar a Burdeos y allí, en Francia, su vida cambió, porque su familia fue una de las que se subió al Winnipeg de Neruda. Ochenta años después, desde Santiago de Chile, recuerda así las escenas que veía a bordo del barco: “Hay cosas que tengo grabadas. Me extrañaba que la gente lloraba, todo el mundo estaba conmocionado. Veníamos huyendo de un horror, de algo que no se lo deseo a nadie. Yo era muy pequeña, pero me quedaron grabadas ciertas escenas en la mente que no se van".

Los más de dos mil republicanos españoles lloraban porque se agolpaban sus recuerdos más recientes: “Mi papá sufrió mucho y mi mamá dio a luz a mi hermano en el camino. Uno no sabía si al día siguiente iba a vivir. Un recuerdo imborrable que tengo es que se escuchaba un silbido y mi papá nos tiraba al suelo y nos cubría con su cuerpo. Y, de repente, caía una bomba al lado”. Pilar tampoco olvida que en la larga caminata hasta Francia los padres cavaban hoyos en la tierra para que los hijos durmieran protegidos. Otros, agotados por el cansancio, abandonaban a los pequeños en la huida.

Todo cambió en Valparaíso, la ciudad en la que atracó el Winnipeg, un lugar luminoso y llena de oportunidades: “Vimos una ciudad llena de luces, las recuerdo como las luces que se ponen hoy para Navidad. Yo sólo quería bajar del barco, porque quería ver todas esas luces”. En el puerto, les esperaban personas que cantaban canciones españolas y chilenas y familias dispuestas a acogerles. Ellos pararon en la casa de los Pereda Grau: “No sé cuántos meses estuvimos ahí, hasta que mi papá consiguió trabajo y nos independizamos. Es algo que no olvidaré nunca en la vida”. Ni ella, ni su familia pudieron agradecerle personalmente a Neruda que organizara el viaje a bordo del Winnipeg, pero se alegra de que este ochenta aniversario sirva para expresar la gratitud de los exiliados españoles a Chile, el país que les permitió empezar de cero.

 

 

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