Últimas noticias Hemeroteca

Miércoles, 20 de Noviembre de 2019

Otras localidades

Arqueología psíquica

¿Se podría detectar un lugar arqueológico desconocido utilizando un péndulo o unas varillas metálicas? ¿Se podría revivir acontecimientos históricos precisos y hablar lenguas de épocas lejanas por medio de la hipnosis regresiva?

Si las respuestas a estas preguntas son afirmativas llegaríamos a la conclusión de que la psicometría, la radiestesia, la retrocognición, los sueños premonitorios, la hipnosis y la percepción extrasensorial en general serían instrumentos muy útiles para la ciencia de la arqueología en una nueva —y casi herética— modalidad que podríamos denominar "arqueología psíquica", como así lo hizo el escritor norteamericano Jeffrey Goodman. Ahora bien, lo más curioso es que algunas de estas técnicas siguen siendo utilizadas en la actualidad por investigadores de universidades en sus prospecciones arqueológicas. Algunos lo llaman "visión remota".

Estas técnicas heterodoxas y no convencionales pueden abrir una serie de novedosas ventanas al pasado de la humanidad. Habría que decir que todo medio es bueno con la condición de que se consigan buenos fines. Son conocidos los éxitos del ruso Alexander I. Pluzhnikov aplicando el método de la radiestesia a la arqueología en los años setenta. Su talento —y sus varillas de metal— ayudaron a la reconstrucción del monasterio de Iosifo-Volokolamsky, fundado en 1479, al noroeste de Moscú. Gracias a sus contribuciones, el Instituto de Investigación Científica del Ministerio de Cultura de la antigua URSS publicó un artículo con este sugestivo título: "Aplicación del método biofísico a la localización y restauración de monumentos de valor histórico y arquitectónico".

El arquitecto Frederick Bligh Bond utilizó los servicios de un médium psíquico de talento —su amigo el capitán John Barlett— para investigar, localizar, descubrir y reconstruir los complicados planos de la abadía de Glastonbury, considerado el primer templo cristiano de Inglaterra, que fue destruido casi en su totalidad en el siglo XVI. Estos casos y muchos más, prueban que la mente humana en ocasiones no está sometida a las limitaciones de espacio-tiempo y que el hombre, fuera de sus límites físicos, puede convertirse en un viajero del tiempo y hacer incursiones al pasado para extraer información de objetos, localidades, tribus o civilizaciones que no conocía previamente.

Cargando
Cadena SER

¿Quieres recibir notificaciones con las noticias más importantes?