Jueves, 04 de Junio de 2020

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El coronavirus calla las armas

Los conflictos armados se quedan apartados para dar la batalla al coronavirus.

Sin embargo, la situación de excepcionalidad mundial por la pandemia empieza a mostrar tendencias autoritarias

Tras la petición de la ONU de un cese al fuego global para centrarnos en luchar juntos contra la pandemia de coronavirus, varios grupos armados y gobiernos han anunciado una suspensión de sus "actividades armadas" en Camerún, Filipinas, Yemen, Colombia, Libia, Siria y Sudán.

El investigador y analista sobre relaciones internacionales Sergio Maydeu-Olivares cree que muchos de los actores que participan en estos conflictos armados y crisis humanitarias han entendido que tenían que “mirar hacia dentro y dar una respuesta en positivo al llamado del Secretario General de Naciones Unidas”.

Existen tres niveles a tener en cuenta en este cese de la violencia, explica Maydeu. El primero es una dinámica interna (ellos mismos tienen que cuidar a su propia gente), el segundo es a nivel nacional, un contexto en el que no tiene sentido mantener un conflicto siendo la población civil la principal afectada por la pandemia. Y el tercer nivel es que muchos de estos grupos armados reciben apoyo internacional que en este contexto no pueden mantener sus actividades.

Para el investigador, el cese de la violencia más llamativo es el de Colombia, donde el Ejército de Liberación Nacional ha anunciado el alto el fuego mientras dure la emergencia sanitaria. También destaca el de Filipinas, donde el presidente obligó “de una forma particular a que la gente se quedara en casa, básicamente amenazando con matar a quien incumpliera el decreto del Gobierno”.

En los casos de Siria, Libia y Yemen se están anunciando pequeñas treguas humanitarias que “permiten que al menos durante un tiempo determinado estos países, que es donde actualmente hay una mayor crisis humanitaria en el mundo, puedan dar paso a un momento de tranquilidad”, celebra Maydeu.

Este alto el fuego es una noticia esperanzadora en medio del caos que está generando en todo el mundo el COVID19. En lugares como Sudán la situación genera esperanza en que la situación por la pandemia pueda dar lugar a una resolución de conflictos, aunque el investigador alerta de que algunos Gobiernos podrían “utilizar este pequeño parón para ampliar su control”, como es el caso de Camerún.

El impacto real del COVID19 en contextos endebles como los de estos países en conflicto podría ser aún más negativo. Maydeu piensa especialmente en lugares con muchos desplazados y refugiados, como Idlib, en Siria, con los servicios sanitarios ya muy mermados por la guerra, y que preocupan especialmente a las organizaciones humanitarias.

Tendencias autoritarias escudadas en la contención del virus

Ignacio Molina, investigador principal del Real Instituto Elcano, alerta de las tendencias autoritarias que empiezan a verse por la situación de excepcionalidad mundial que deja la pandemia. Un ejemplo es el del Gobierno de Viktor Orban en Hungría, que se ha atribuido todo el control del país al margen del parlamento aprovechando la crisis global.

Prácticas autoritarias como restringir el derecho a la información o considerar dejar de celebrar elecciones en un largo periodo muestran esta tendencia. Algunos regímenes ya eran autoritarios antes de la pandemia, como China, donde preocupa su opacidad. Pero Molina distingue estos casos de otros países con democracias de calidad baja, como Hungría o Brasil u otros con democracias más sanas como España. En cada uno de ellos las consecuencias de la pandemia afectan de manera diferente.

En el caso de China el virus afecta “como una vuelta de tuerca más, con la excusa de la protección de la salud, controlan los movimientos de las personas de manera mucho más sistemática y a través de tecnología”, explica el investigador. Además, destaca el intento del Gobierno de intentar ocultar la epidemia en el inicio, llegando a silenciar a los médicos que denunciaban la situación.

En un país también autoritario como Rusia se está promoviendo que la gente delate a los vecinos que incumplan la cuarentena. En España ya hay aplicaciones que nos rastrean para vigilar nuestra inmunidad. “Cuando está en peligro la vida, en democracias donde los ciudadanos están acostumbrados a la intimidad, la privacidad, los derechos… esas demandas se relajan o entran en colisión con la necesidad de proteger la salud” y se acepta que el Estado introduzca límites a la movilidad, por ejemplo.

Molina asegura que “las tendencias autoritarias en casi todas las sociedades parten casi siempre porque hay una cultura política de aceptación de esa red autoritaria”. Las democracias tendrán que ver después cómo compatibilizar el uso de las tecnologías para el control de la enfermedad con la libertad y privacidad.

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