Martes, 22 de Septiembre de 2020

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La vida cotidiana

Estudiar la vida cotidiana es la manera más sencilla de conocernos a nosotros mismos y de descubrir qué poco hemos cambiado a lo largo de la historia. No solamente descubrimos que hacemos las mismas cosas con los mismos objetos, sino que, además, pensamos casi igual y tenemos los mismos miedos e inquietudes

La historia del ser humano ha cambiado muy poco en el marco más amplio de tiempo que abarca. Prácticamente desde la historia antigua hasta los inicios de la época contemporánea, entre la Revolución Francesa y la Revolución Industrial, las casas en donde vivíamos eran las mismas, contábamos con las mismas comodidades y también teníamos los mismos problemas. La semana pasada lo comentaba en esta misma plataforma. Si un romano se diera una vuelta por el presente seguramente encontraría muchos elementos en común. Pero si se diera una vuelta por el Madrid, por ejemplo, del siglo XVIII apenas vería diferencias con su época imperial, 1.500 años más antigua. Solo cambiarían las formas estéticas, pero el núcleo de todo, las calles con coches de caballos, la luz en las esquinas, las casas con varios pisos y escaleras, los teatros, los espacios abiertos de ocio, etc. habría muchos elementos en común. Cambia una toga por un traje con chorreras y un sombrero de copa, y tachán, eres el mismo.

La vida cotidiana real

Lógicamente la vida cotidiana va un poco más allá. Quizás lo que he dicho antes exagera un poco la visión real que podemos tener de esta disciplina de las humanidades. Desde que se puso de moda hace prácticamente cuatro décadas escribir libros sobre la vida cotidiana de la gente en la Historia, en cualquiera de sus etapas, se ha avanzado mucho y se ha conocido más sobre cómo vivíamos y en qué lugares. Siempre tendemos a idealizar la vida con las clases medias o los más ricos cuando realmente la pobreza en la Historia ha sido el estrato en el que se ha incluido la mayor parte de la sociedad. Sin embargo, como siempre, somos positivos y optimistas. Es como aquellos que se creen reencarnaciones de alguien del pasado. Yo por mi condición de egiptólogo conozco varias reinas y reyes, pero fíjate que no conozco reencarnaciones de hombres miserables que vivían en la calle o de mujeres que malvivían bajo un puente junto a su abundante familia.

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