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Martes, 21 de Enero de 2020

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Los Príncipes de Asturias, listos para reinar

La intensa lluvia deslució la boda real del heredero de la corona y la periodista

Felipe de Borbón y Grecia y Letizia Ortiz Rocasolano ya son marido y mujer. Los ya Príncipes de Asturias han pronunciado este domingo el "sí" en la catedral de La Almudena, acompañados por sus familias, sus amigos y miembros de más de 30 Casas Reales y unos 15 jefes de Estado de países de todo el mundo. En la calle, el protagonismo ha sido para los ciudadanos y la lluvia.

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Ha sido un día gris y lluvioso en Madrid, como se esperaba, lo que ha se ha reflejado en la boda y ha forzado alguna modificación en los planes diseñados por la Casa Real. El agua que cayó intensamente sobre la capital obligó, por ejemplo, a que la novia llegara a la catedral desde el Palacio Real en Rolls Royce.

Letizia llegó sonriente a la escalinata de La Almudena. Allí, cogida del brazo de su padre, Jesús Ortiz, entró en la catedral y recorrió el pasillo hasta el altar. Fue el momento de descubrir los detalles de su atuendo. Un traje de seda de color blanco roto, inspirado en la línea princesa, con corte continuado desde los hombros al suelo, escote en pico con cuello "corola" y cola de 4,5 metros bordada con motivos heráldicos. El Príncipe Felipe la recibió con un beso en la mejilla y un saludo al padre de la novia y padrino, Jesús Ortiz.

EMOCIÓN EN LA LECTURA DE LA ABUELA DE LA NOVIA

El Príncipe, vestido con el traje de gala del Ejército de Tierra, había llegado antes del brazo de su madre, la Reina Sofía. Todo estaba preparado ya para iniciar la ceremonia, oficiada por Monseñor Rouco Varela. El primo del Prícipe de Asturias y la abuela de Doña Letizia Ortiz, fueron los encargados de poner voz a las lecturas de la ceremonia. Beltrán Gómez Acebo leyó unos versículos del libro de Tobías, mientras la abuela de la novia leyó parte de la epístola de San Pablo a los Corintios en la que habla de las virtudes del amor. Fue uno de los contados momentos en los que el rostro de doña Letizia reflejó emoción.

Tras la homilía del Arzobispo de Madrid, los novios pronunciaron a las 11:50 la fórmula de compromiso matrimonial que les convirtió en marido y mujer. El Príncipe de Asturias miró a su padre, el Rey, antes de pronunciar su compromiso para pedir su consentimiento al enlace, que Don Juan Carlos ratificó con una inclinación de cabeza.

COMPROMISO Y BENDICIÓN

Entonces, el Arzobispo inició el escrutinio a los contrayentes para asegurarse de que los novios llegan a la ceremonia "sin ser coaccionados, libre y voluntariamente". Después, con sus manos derechas entrelazadas, el Príncipe Felipe dijo a su prometida: "Yo, Felipe, te recibo, Letizia, como esposa y me entrego a ti y prometo serte fiel en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad todos los días de mi vida". La misma fórmula fue repetida por su prometida, ya convertida en Princesa de Asturias. Posteriormente, los novios recibieron la bendición del Cardenal Arzobispo.

Tras el compromiso llegó la firma del acta matrimonial, primero Rouco Varela, luego los contrayentes y después los Reyes, las Infantas y sus maridos, los padres de la novia y el resto de testigos.

A la salida de los novios de la Almudena, los compañeros del Príncipe Felipe en las tres Academias militares hicieron con sus sables un arco de honor. La salida fue acompañada además por el redoble de las campanas.

PASEO POR EL CENTRO DE MADRID

El paso del cortejo nupcial por Plaza de España, Gran Vía, Alcalá y Paseo del Prado contó con mucha menos gente de la previsto a causa de la lluvia (torrencial en algunos momentos), aunque las personas que salieron a la calle derrocharon en todo momento entusiasmo y aclamaron con calor a don Felipe y doña Letizia.

Los recién casados pasaron por "El bosque de los ausentes", en la plaza de Atocha, donde 192 árboles recuerdan a las víctimas de los atentados del 11 de marzo. A continuación se dirigieron a la Basílca de Atocha, donde participaron en un acto religioso que concluyó con la ofrenda del ramo nupcial a la virgen de Atocha. Sólo entonces la lluvia dio un respiro a la boda real. A partir de ese momento, el sol se hizo paso entre las nubes y acompañó a la pareja en el camino de vuelta hacia el Palacio Real. De nuevo saludos hacia un lado y hacia otro de las principales calles de Madrid, y una vez en el Palacio Real, la salida al balcón principal.

EL CASTO BESO DE LOS NOVIOS

Antes, los Príncipes de Asturias fueron recibidos por la Banda de Gaitas de la Ciudad de Oviedo, que interpretaron el 'Himno de Asturias'. La pareja, cogida del brazo y con sus manos entrelazadas se emocionaron notablemente.

En el balcón central de la fachada del Palacio Real se vio a los esposos, los Reyes, los Duques de Lugo y los Duques de Palma. Eran las 14:25 horas. Fuera, en la Plaza de Oriente les esperaban cientos de ciudadanos que aplaudieron a unos novios que, lejos del beso tan esperado, sólo se regalaron carantoñas juntando sus mejillas y susurrándose palabras al oído. Tanto los recién casados como los Reyes tuvieron que volver a salir a saludar una segunda tras la insistencia de los ciudadanos.

El príncipe manifiesta su consentimiento

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