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Viernes, 18 de Octubre de 2019

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El Gobierno declarará el tapeo como manifestación representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial

No hay consenso sobre su origen histórico, pero sí sobre su valor gastronómico y cultural

De tapas. /

Según ha podido saber la Cadena SER, el Gobierno tiene previsto aprobar en breve un decreto para reconocer las tapas como manifestación representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial español, un título del que ya disfrutan la trashumancia, el Carnaval o la Semana Santa y que se enmarca en la Ley de Salvaguarda del Patrimonio Cultural Inmaterial que, a su vez, cumple con una convención específica aprobada por UNESCO y ratificada por España en 2005.

Pero el Gobierno no quiere proteger una especialidad concreta, como las croquetas de cocido o la ensaladilla rusa, sino la tradición popular asociada al tapeo (o a los pintxos). Es decir, al hecho de ir de tapas. Una costumbre que se mantiene viva en multitud de pueblos y ciudades y que, además, aparece reflejada en tratados, novelas, pinturas, películas, obras de teatro y otras manifestaciones culturales.

De hecho, hay tantos buenos lugares para ir de tapas que resultaría muy difícil elegir los mejores: Sevilla, Valladolid, San Sebastián, Pamplona, Logroño, Murcia, Zaragoza, Madrid, León, Granada, Lugo, Palma de Mallorca, Barcelona...

La historiadora Almudena Villegas, profesora de la Universidad de Córdoba, miembro de la Real Academia de Gastronomía, ya esperaba. "Me alegro mucho porque es algo que nos incumbe a todos y que tiene que ver con nuestras tradiciones, nuestra cultura y nuestra gastronomía. Es algo tan bueno que hasta nos están copiando y al final vamos acabar perdiendo la noción de que la tapa es española".

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Villegas, que también dirige la Revista Española de Cultura Gastronómica, apunta que no hay consenso sobre el origen de la tapa. Algunos la sitúan en la época del rey Alfonso X el sabio, quien legisló la obligatoriedad de que los mesones situados a pie de camino ofrecieran algo de comida con el vino para evitar que los viajeros se emborracharan y, de esta manera, reducir las peleas.

También hay quien asocia las tapas a la recomendación de comer pequeñas cantidades que recibió el propio Alfonso X o a la costumbre de ofrecer algo de comida a quien nos visita en casa, pero otros investigadores se inclinan por vincular el origen de la tapa a Fernando VII o a la copa de vino tapada que Alfonso XIII recibió en una taberna durante un viaje a Cádiz.

La periodista gastronómica Ana Vega ha explicado en La Ventana que "lo de tapear es a la vez nuevo y muy antiguo" porque la idea de comer algo acompañando a la bebida ya se menciona en El Quijote, por lo que "es más antigua que la tos", pero al mismo tiempo las referencias más antiguas al tapeo, tal y como lo entendemos ahora, proceden de un bar de Sevilla en 1903.

"No hay consenso sobre el origen de la tapa, pero está claro que tiene mucho que ver con nuestro carácter y nuestra forma de entender la vida y la gastronomía. Es muy probable que, como es habitual, se diera un nacimiento múltiple, lo cual es más bonito porque da una raíz múltiple en el tiempo y en la geografía", dice Villegas.

El gastrónomo gallego Jorge Guitián, que además es experto en gestión de patrimonio cultural, también celebra la noticia "desde el punto de vista simbólico" porque va a hacer que mucha gente le dé valor a algo cotidiano. Pero Guitián quiere esperar a leer la letra pequeña del decreto para valorar el alcance real de lo que parece ser un paso más hacia la declaración del ritual del tapeo como un Patrimonio Cultural Inmaterial reconocido por la Unesco. "Este tipo de normas siempre quedan a expensas de un desarrollo normativo posterior", apunta.

En todo caso, al preguntarle con qué tapas celebraría  este decreto, no lo duda: "Empezaría con la morena frita de El Palillo, en Cádiz; seguiría con unas bravas en Madrid; en Santiago de compostela me iría a por la tapa de tortilla del Bar Moha; y para acabar, la tapa de oreja que sirven en el Bar Cervino de Zaragoza. ¡Es un esectáculo!".

Gregorio García, del bar granadino Óleum, ha explicado en La Ventana que en la ciudad, "además de acompañar cualquier bebida con una tapa, se están haciendo cartas de cocina gourmet en formato de bocado". En su establecimiento, concretamente, recomienda probar los huevos rotos con jamón y piñones.

Por su parte, Patxi Bergara, del Bar Bergara del barrio donostiarra de Gros, se mostrado muy satisfecho porque "hasta ahora solo se había reconocido la gran cocina", pero los pintxos, más allá del arraigo social y de que "nos gusta a todos", también es una "gran cocina en pequeña porción" que es sinónimo de "una calidad de vida extraordinaria que no existe en ningún lado".

Helena Vaello, que lleva años guiando a pequeños grupos de turistas extranjeros por Madrid con su 'Tour de tapas', cuenta que a muchos les sorprende comprobar que las tapas no son solo la comida que se sirve en el plato sino el hecho de compartir esa comida de forma informal y, a menudo, sin cubiertos.

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Cadena SER

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