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Miércoles, 22 de Enero de 2020

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La España que se queda sin agua y otros datos preocupantes del cambio climático

Frente a los negacionistas, están las evidencias científicas que demuestran que la Tierra ha cambiado de forma brusca en los últimos años y que, si no hacemos nada para pararlo, las consecuencias serán dramáticas e irreversibles

Murcia, Castilla-La Mancha y Extremadura las comunidades que más riesgo de desertización tienen mientras en Galicia es inferior al 1% y Asturias y Cantabria no habría problemas. / ÁLVARO CALZADO

Cuando se habla de cambio climático la mirada está puesta en el futuro pero la transformación ya empezó hace tiempo. La Revolución Industrial supuso el punto de partida pero a partir de mitad del siglo XX y, sobre todo, desde los años 90, las emisiones de CO2 se dispararon, con todo lo que eso conlleva. Cada vez emitimos más gases de efecto invernadero a la atmósfera y la temperatura terrestre va en aumento, los glaciares se derriten, sube el nivel del mar y el riesgo a la desertización amenaza cada vez más territorios. Cada uno de esos fenómenos tiene, a su vez, consecuencias fatales en nuestros cultivos, en nuestras costas, en la propagación de enfermedades y en una sucesión de problemas que seguirán creciendo si no cambiamos nuestros hábitos de producción y consumo. A pesar de todo, sigue habiendo negacionistas que, como el primo de Rajoy, creen el cambio climático es un invento. Las evidencias científicas no dejan lugar a dudas:

AUMENTO DE EMISIONES

La producción de energía a finales del siglo XIX, que dependía en gran medida de los combustibles fósiles, ha llevado a un rápido aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero, con una clara repercusión en el calentamiento global. A partir de los años 50, las emisiones en EEUU crecieron de forma exponencial y, el desarrollo industrial de Asia en los años 90 y, en concreto, de China e India, hizo que las emisiones aumentan de forma significativa a unos niveles que no dejan de crecer.

Asia es, con mucho, el mayor emisor. Representa el 53% de las emisiones mundiales y China es, por un margen significativo, el mayor emisor del mundo: emite casi 10.000 millones de toneladas cada año, más de una cuarta parte de las emisiones globales. América del Norte, con EEUU a la cabeza, es la segunda región que más CO2 emite: un 18% de las emisiones globales. Le sigue de cerca Europa con el 17%, mientras África y América del Sur, en cambio, no son grandes emisores, apenas representan el 3-4%.

Lo que se percibe a simple vista es que los países más ricos del mundo albergan a la mitad de la población mundial y emiten el 86% de las emisiones de CO2 mientras los que tienen ingresos bajos y medios bajos representan el 14% del total de las emisiones. Los países más pobres -donde vive el 9% de la población mundial- son responsables de solo el 0,5%. Esto se refleja en las emisiones per cápita: el norteamericano promedio emite 17 veces más que el un africano. Una muestra más de que la contaminación tiene un claro reflejo en las desigualdades sociales.

Por último, advertir que aviación como el transporte marítimo no están incluidos en las emisiones nacionales o regionales ya que no hay acuerdo sobre cómo repartir la responsabilidad entre los distintos países por los que pasan.

Consecuencias

El CO2 -entre otros gases- emitido a la atmósfera crea el denominado efecto invernadero que, como su propio nombre indica, es muy similar a las plantaciones cubiertas de plásticos que cubren buena parte de Almería. La concentración de los gases en la atmósfera calienta la Tierra y, cuando este proceso funciona de manera natural, el equilibrio de temperaturas medio en la superficie del planeta es de 14º C. Sin ese efecto invernadero, la temperatura de la Tierra estaría en torno a los -18ºC, lo que haría inviable el desarrollo de la vida. Lo malo es que esa concentración de gases de gases de efecto invernadero ha aumentado tanto, que cada vez es mayor la cantidad de energía que no puede escapar al espacio y, por tanto, la temperatura de la superficie terrestre aumenta. Esa es la principal causa del Cambio Climático que, a su vez, tiene efectos a muchos niveles, como vamos a ver a continuación.

AUMENTO DE LA TEMPERATURA

La temperatura en la Tierra ha aumentado casi un grado desde la industrialización generalizada. La temperatura media global de la superficie terrestre y oceánica en septiembre de 2019 fue de 0,95°C por encima del promedio del siglo XX. La concentración de gases de efecto invernadero ha alcanzado este año nuevas cifras récord y el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de Naciones Unidas (IPCC) ya ha alertado de que, si las emisiones de CO2 continúan en los mismos niveles, el calentamiento superará entre 2030 y 2052 el 1,5°C, el límite fijado en el Acuerdo de París.

El aumento medio de las temperaturas desde 1850 hasta 2018 / ÁLVARO CALZADO

De los 19 años más cálidos, 18 han tenido lugar desde 2001, con la excepción de 2008. Según la Organización Meteorológica Mundial (OMM), los cuatro años más calurosos fueron los cuatro últimos, de 2015 al 2018, y en el 2016 se registró el récord de altas temperaturas.

Consecuencias

El aumento de ese grado marca una tendencia que, de no tomar medidas, seguirá en aumento. Al ritmo actual de emisiones, se estima que las temperaturas se incrementen de 3 a 5°C en 2100. Si subiera 2°C se perderán el 18% de los insectos, el 16% de las plantas y 8% de los vertebrados. Las consecuencias tendrían efectos devastadores para la flora y la fauna de los océanos, donde la temperatura y la acidez también aumentarían, el nivel del mar seguirá creciendo y el cultivo de multitud de productos, como el arroz, el maíz o el trigo, correrán serios peligros de viabilidad. Los glaciares y las capas de hielo seguirán derritiéndose de forma imparable e irreversible mientras cada vez habrá más zonas desérticas y habrá serios problemas de escasez de agua. En los países desarrollados, los alérgicos serán el 50% de la población en 2050 y las olas de calor harán que la mortalidad aumente un 12% en el sur de Asia y un 6% en el Sur de Europa a lo largo de este siglo.

DESHIELO

La temperatura terrestre y marina sube, y los polos se deshielan. Varios artículos publicados este año sugieren que las estimaciones científicas de los efectos del calentamiento del planeta eran demasiado conservadoras y que los océanos se están calentando mucho más rápido de lo que se preveía. La Tierra se queda sin glaciares. El grosor del hielo ártico ha disminuido el 40% en los últimos 30 años y la Antártida la situación es todavía mucho más extrema: según un informe de la Organización Meteorológica Mundial, en solo tres años, la región ha perdido tanto hielo como el Ártico en 40 años. Groenlandia, que posee la segunda capa de hielo más grande del mundo después de la antártica, ha perdido 34.000 millones de toneladas al año de 1992 a 2001 y 247.000 millones de toneladas de 2012 a 2016. Durante este 2019 se han registrado temperaturas superiores a la media en esta isla y los científicos alertan de que el deshielo allí se acerca a un punto de inflexión.

El glaciar Pedersen, en la bahía de Aialik, en las montañas Kenai de Alaska, en 1917 (a la izquierda) y 2005 (a la derecha).

La velocidad a la que se derriten los polos se ha acelerado. “Se ha llegado a un punto de extraordinaria sensibilidad, en el que cualquier modificación produce una respuesta enorme. Los ciclos fríos sólo consiguen detener el deshielo, pero no recuperar lo perdido", explicaba el ambientólogo Andreu Escrivà en un hilo en Twitter. Hay muchísimos ejemplos de glaciares que ya han desaparecido para siempre, como el glaciar Pedersen, en Alaska, o el glaciar OK, que este este mismo año despedía Islandia y que se ha ido derritiendo en el siglo XX.

El antes y el después del glaciar Ok en la cima del volcán Okjökul, en Islandia

Consecuencias

El deshielo provoca más deshielo. Ese es el verdadero drama de lo que está sucediendo en los polos. Un amplio informe de las Academias de Ciencias de EE UU de 2015 destacaba que hay tres factores que hacen que este efecto se retroalimente y se intensifique el cambio climático: al derretirse el hielo, se reduce de la capacidad de rebotar la radiación solar, aumenta la liberación del metano y el carbono que antes estaban atrapados en la capa de suelo permanentemente congelado y se altera la circulación oceánica que regula la temperatura terrestre.

El hielo que se derrite hace aumentar el nivel de los océanos y amenaza a muchas zonas que, previsiblemente, quedarán totalmente sumergidas dentro de unos años. Muchas especies marinas y terrestres que habitan en los polos sufrirán las consecuencias de este cambio de hábitat y, por tanto, también habrá desequilibrios en la cadena alimentaria.

AUMENTO DEL NIVEL DEL MAR

La cadena es obvia: sube la temperatura, los glaciares y las capas de hielo se derriten y aumenta el nivel del mar. Concretamente, ha aumentado entre 21 y 24 centímetros desde 1880 y aproximadamente un tercio de ese incremento se ha producido en los últimos 25 años, según la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA). En 2018, el nivel medio global del mar aumentó 8,1 centímetros por encima del promedio de 1993.

El aumento del nivel del mar (en mm) de 1880 a 2009 / ÁLVARO CALZADO

Aproximadamente el nivel del mar sube unos 3,3 milímetros al año. A ese ritmo, se calcula que, a finales de siglo, aumente 0,3 metros por encima de los niveles de 2000, aunque las emisiones de gases de efecto invernadero se reduzcan en los próximos años, ya que el deshielo no es fácil de parar.

Consecuencias

De aquí al 2050, el aumento del nivel del mar provocará que, por lo menos, una vez al año se inunden las zonas donde viven 300 millones de personas en el mundo, según ha publicado recientemente la revista Nature Communications. En España, unas 330.000 personas se verán afectadas por las inundaciones en zonas costeras durante los próximos diez años, o lo que es lo mismo: uno de cada 100 españoles será víctima de una inundación en la próxima década.

RIESGO DE DESERTIFICACIÓN

El cambio climático se ve reflejado en multitud de fenómenos meteorológicos. Además del aumento de temperaturas, ciclones y los anticiclones cambiarán sus estructuras, habrá más lluvias torrenciales y, paradójicamente por otro lado, sequías extremas que provocan incendios forestales y la pérdida de fertilidad de los suelos. Un proceso llamado desertificación.

En España, casi un 74% del territorio es susceptible a la desertificación, según un informe del Ministerio de Agricultura. Murcia, Castilla-La Mancha y Extremadura las comunidades que más riesgo de desertización tienen mientras en Galicia es inferior al 1% y Asturias y Cantabria no habría problemas.

Consecuencias

La desertificación tendrá consecuencias directas en los cultivos y, por tanto, en nuestra alimentación. Se perderán suelos fértiles productivos y vegetación, luego se verán afectadas la biodiversidad y los ecosistemas. Las pérdidas económicas son evidentes y procesos como la salinización o la erosión serán habituales. Por eso, la lucha contra la desertificación debe incluir planteamientos y propuestas de todos los sectores implicados, en particular del sector forestal y sector agrícola, y de los sectores ligados a la gestión de los recursos hídricos.

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