Domingo, 24 de Enero de 2021

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Lotería Navidad

Así les ha ido a los ganadores del Gordo del año pasado: sueños cumplidos y vidas destrozadas por el COVID

La pandemia ha marcado este 2020 y el dinero de la lotería de Navidad ha supuesto un alivio para muchas familias. Otras tantas, no han podido disfrutar del premio como habían soñado

Los socios de 'El Cachirulo' se concentraron en la puerta de la asociación para celebrar que les había tocado el Gordo

Los socios de 'El Cachirulo' se concentraron en la puerta de la asociación para celebrar que les había tocado el Gordo / Laia Solanellas (Europa Press via Getty Images)

José Magrazó es una de las personas que repartió más dinero de la Lotería de Navidad repartió el año pasado. Fue presidente durante muchos años de la asociación aragonesa de El Cachirulo, en Reus, y aunque ya ha dado el testigo "a las nuevas generaciones" sigue manteniendo la tradición de llevar la lotería de Navidad de la agrupación al Bajo Aragón, donde sigue viviendo su familia. Concretamente, dejó alrededor de 20 millones de euros en Calanda y Alcañiz (Teruel). Él también se quedó con participaciones pero "como este ha sido un año tan raro" no ha podido viajar, que es lo que le habría gustado.

Viajar también era el deseo de su hermana Pilar, que había llegado a apalabrar un crucero con amigos pero reconoce que se les ha ido un poco la ilusión: "Esto te quita la ilusión de todo", dice refiriéndose al coronavirus. Desde hacía 20 años, repartía las participaciones de El Cachirulo en la residencia de mayores que dirige y reconoce que este 2020 le ha venido especialmente bien el dinero del Gordo para afrontar todos los gastos derivados de la pandemia en el centro. "Normalmente tenemos 40 yayos pero este año tenemos 30 con tres trabajadores más", explica. En cualquier caso, se siente afortunada: cree que el mejor premio es que no haya entrado el coronavirus en su residencia.

Donde sí entró la COVID fue en el bar Lis de Maella (Zaragoza), donde el año pasado se vendieron 25 participaciones de El Cachirulo. José María Rams, conocido como Noro, repartió unos dos millones de euros entre vecinos del pueblo y su bar se convirtió en una auténtica fiesta el pasado 22 de diciembre tras el sorteo. Tres meses más tarde, una mañana de marzo, Noro decidió no abrir el bar. No se encontraba bien. A los pocos días ingresaba en la UCI y fallecía poco después. Tenía 63 años y muchas ganas de hacer un viaje con su mujer con el dinero de la lotería.

José María Rams, Noro, posaba con una participación premiada / lacomarca.net

Hace un año, Carme estaba trabajando en una carnicería de Reus que estaba justo en frente de la sede de El Cachirulo. Recuerda que vendió unas cuantas participaciones de la asociación con el Gordo y lamenta haberse quedado solo con una: "He arreglado mi piso. He reformado los dos baños, he pintado, he cambiado las ventanas... pero ahora estoy buscando trabajo". Aquella carnicería donde había trabajado durante dos años cerró en mitad de la pandemia y cree que tener más de 50 años no le está ayudando a encontrar un nuevo empleo: "He estado de prueba en otra carnicería pero al pasar el mes me han dicho que no encajaba. Se han quedado con una chica más joven". Este año, por si acaso, ha comprado más lotería de la asociación.

Ismael Araguás, el día del sorteo del año pasado / ALFREDO GONZÁLEZ

El Cachirulo compró 80 series de aquel 26.590 y repartió 320 millones de euros del Gordo. A diferencia de cuando el premio lo distribuye una administración a particulares, lo especial del año pasado fue que, aunque no tocaron grandes cantidades y estuviera muy repartido, entre la mayoría de los ganadores había un gran vínculo. La asociación es una familia compuesta a su vez por varias familias de aragoneses que emigraron a Reus. Una de ellas es la de Ismael Araguás que, sin conocer el anuncio de la lotería del año pasado, lo protagonizó cuando le regaló una participación al que era ya su exyerno. "Cuando se enteró de que había tocado, me llamó llorando", recuerda. Más tarde se fundieron en un abrazo a las puertas de la asociación, mientras sonaban jotas de fondo. Ismael compartió con su hija el premio y no ha hecho nada especial este año: "No me ha gustado el dinero nunca, por eso, cuando se separó mi hija siempre le he dicho que no se pelee por dinero, que lo importante es que el niño esté bien”. Su nieto es lo más importante, por eso tiene claro que mientras su exyerno "se porte como se está portando con su hijo" encontrará en él un amigo.

David pertenece a las nuevas generaciones de El Cachirulo y, como Ismael, confiesa que el premio tampoco le ha cambiado la vida porque, afortunadamente, ya tenía todo lo que podía desear y el coronavirus no ha pasado demasiado cerca. Su mujer se ha quedado sin empleo este año y ese dinero ha supuesto un pequeño alivio, pero lo que más le importa es que, ahora que ella no tiene que trabajar en fin de semana, pueden pasar más tiempo juntos en familia. Salud, dinero y amor. Las tres cosas tienen que ir de la mano.

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