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"Cada vez que paso por delante de Las Bridas me santiguo"

Manolo, el de Las Bridas, aclara en "Abocallena" algunas de las anécdotas que se le siguen atribuyendo dos años después de jubilarse

Primer plano de Manuel Sierra, Manolo el de las Bridas /

El nombre de Manuel Sierra Pérez, así a secas, seguro que no le sonará de mucho. Pero si hablamos de Manolo, el de Las Bridas, la cosa cambia. Hasta es probable que le vengan rápidamente a la mente algunas de las anécdotas y chascarrillos, algunos de ellos ciertos y otros maliciosamente exagerados, que todavía hoy circulan por Jerez casi dos años después de jubilarse.

Porque, junto a la rapidez y eficacia con la que sirven la comida y doblan los turnos de las mesas en la Venta Esteban, el tema estrella de muchas de las conversaciones entre los jerezanos son las frescas que Manolo le propinaba a determinados clientes ocasionales de su bar del Paseo de La Rosaleda ¿Es cierto que llegó a negar una tapa de ensaladilla pese a estar la fuente llena? ¿Y que levantó a una pareja porque para dos cervezas y un par de tapas no iba a tener una mesa ocupada?

Este jueves, en "Abocallena", invitamos al personaje y hemos descubierto al hombre, al marido, al padre y al amigo. Al mismo que ha trabajado como un mulo durante medio siglo (cuarenta años de ellos como autónomo). Al que se emociona, y hasta se le quiebra la voz, cuando habla de Josefa Soto, su mujer. Al que las tenía tiesas con sus proveedores cuando no le procuraban el mejor producto para su fiel y bien atendida clientela. Al que pasea diariamente hasta dos y tres horas para mantener a raya el azúcar. Al que sueña todavía que está en activo y sigue dándole vueltas a la cabeza en busca de la perfección. Al que le sobra ahora el tiempo para darse a conocer a quien quiera, y que descubre sorprendido que no era tan fiero el león como lo pintaban. Hasta hemos podido reír y llorar con él en muy corto espacio de tiempo ¿Malacara? Manolo, detrás de esa pose tan caractrerística, es todo corazón.

"Cada vez que paso por delante de Las Bridas me santiguo", nos asegura. Al fin y al cabo fueron 26 años, repartidos en dos etapas, en los que Manolo no tenía competencia en lo suyo. Y eso, en el Jerez de aquella época, no era fácil.  La clave, "tener dos ojos en la cara y otros dos en la nuca, los de mi mujer". Josefa Soto Soto, hermana de José Mercé, es una persona absolutamente fundamental para entender el éxito de Las Bridas. La que hacía en la cocina el trabajo de tres y luego llegaba a casa y atendía a sus dos hijos como cualquier ama de casa de entonces. La que harinaba el pescado en Jerez y manejado la plancha como pocos y la que creó una ensaladilla de gambas de leyenda.

Este jueves, en "Abocallena", hemos querido escudriñar en la leyenda. Que comienza en el Bar Bolilla, en la calle Arcos esquina con Gaspar Fernández, con sólo 14 años. Que continúa en Los Leones, en La Vega, en el Restaurante Rocío y en Bodegas Cala (primero en Vallesequillo y luego en el Polígono). Para encontrar algo parecido a lo que luego sería Las Bridas nos tenemos que remontar a principios de los ochenta, en La Espuela. Y de ahí al Paseo de la Rosaleda, en 1985. El nombre de Las Bridas se lo sugiere Gabriel Benítez, pero de eso no me he enterado por él.

Les invitamos a que escuchen la entrevista en el audio adjunto y que disfruten tanto como nosotros lo hemos hecho.

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