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Viernes, 23 de Agosto de 2019

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'La moda del atún crudo'

Parece que devolver a la cocina una carne para que te la terminen de hacer es como descubrirse como un analfabeto gastronómico

Al final casi todo en la vida es cuestión de modas. Los medios de comunicación, las redes sociales y las tendencias van marcando la forma de comportarnos y nos convertimos en el pringao del grupo si llegamos a un restaurante y pedimos que nuestra carne esté cocinada y no cruda.

El Campo de Gibraltar siempre ha sido de pescado y, aunque nuestra comarca ha estado y está entre los principales productores de carne retinta del país, comerte un trozo chorreante nunca estuvo entre nuestras preferencias.

Pero, desde el respeto al gusto y la opinión de cada uno, parece que devolver a la cocina una carne para que te la terminen de hacer es como descubrirse como un analfabeto gastronómico.

Y esa moda ha llegado hace unos años al mundo del atún y por fuerza hay que comérselo crudo o eres un ignorante que nada entiendes ni del ronqueo ni de la almadraba ni de la ventresca ni de la parpatana ni de la madre que lo parió.

El atún ha quitado históricamente mucha hambre a nuestra gente por abundante y barato, pero con el rollo de los japoneses y las restricciones en las capturas el bicho ha pasado a ser un artículo de lujo y un negocio para aquellos que conocieron a un amigo de un primo de un cocinero japonés que lo servía crudo en Marbella y con sabor a salsas de tarro.

El atún encebollado, en tomate, en moruna, guisado con papas en amarillo, con fideos gordos y almejas, en marmitaco o en escabeche está pá rabiar y uno no es menos gurmé por pedir que el atún, respetando todos los gustos, te lo pongan cocinado como toda la vida de Dios.

Que con tanto cuento de la exquisitez culinaria sales del restaurante sin haber comido y pidiendo número en La Tarifeña o Bernal para rematar la comida porque te quedaste con las tripas sonando y con la tarjeta de crédito malherida.

Que ya uno empieza a cansarse de tanto pijo esnob que sólo sabe darle vueltas a la copa de vino con carita interesante cuando en su puñetera vida ha pasado del Don Simón de tetrabrik con Casera.

Vamos a dejarnos de tanto majaronismo, por favor, desde el más profundo -eso sí- de los respetos a la diversidad y a los gustos, que estamos ya mú mayores.

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