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Jueves, 20 de Febrero de 2020

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La gastronomía también baila en verano

  • - Los chefs y el vino se están haciendo un hueco en los carteles de PortAmérica o Sonorama
  • - Al público ya no solo le interesan los conciertos: también quiere estar cómodo y comer bien

El cocinero Pepe Solla tocó la guitarra junto a Xoel López e Iván Ferreiro en la última edición del PortAmérica Rias Baixas. /

“A día de hoy sería imposible concebir el Sonorama Ribera sin la morcilla o el lechazo”. Javier Ajenjo, el director del festival de Aranda de Duero, lo tiene claro: “Muchas veces, de hecho, nos preguntamos si la gente viene a los conciertos o a comer y a beber”.

El cartel de este año incluye nombres como Clap Your Hands Say Yeah, Calexico o Anna Calvi, además de casi todos los grupos destacados del indie nacional, pero quien se compra un abono sabe que, además de conciertos, podrá beber vino, asistir a catas guiadas o visitar las bodegas.

“La vida consiste en disfrutar”, añade Ajenjo. “Yo voy muchísimo a festivales y no hay mayor gozada que encontrarse una buena oferta gastronómica: una hamburguesa, un plato de wok… Es difícil llegar al nivel del PortAmérica, pero hace unas semanas fuimos al Optimus Alive! y casi no vamos a los conciertos porque nos quedamos comiendo”.

"La gastronomía está tan mediatizada que los cocineros se han convertido en rock stars".

Tal y como señala el responsable del Sonorama, si hoy en día hay un referente de la conjunción gastromusical, es el PortAmérica Rías Baixas. Joaquín Martínez, su director, recuerda que el proyecto arrancó con solo tres chefs, pero añade que año a año ha ido evolucionando y que, en la última edición, celebrada a mediados de julio con Calle 13 o Vetusta Morla como cabezas de cartel, ya ha contado con 25 cocineros y ocho estrellas Michelin.

Javier Olleros (Culler de Pau), Estanis Carenzo (Sudestada) o Iván Domínguez (Alborada) prepararon bocados a tres euros en Nigrán: jurel de sopa cítrica y perejil, empanadilla chifa de cerdo y cuitlacoche, bocata de costilla de vaca vieja... "La gente viene a pasárselo bien y a ver sus grupos, pero nosotros hacemos accesible un tipo de gastronomía que parece inaccesible", añade Martínez.

El chef Pepe Solla (Casa Solla), que jugaba en casa, no se limitó a cocinar y subió al escenario para tocar con sus paisanos Xoel López e Iván Ferreiro. "Pepe la lía y, como nosotros le dejamos liarla, el resultado es maravilloso", asiente el responsable del festival.

Al preguntarle por la evolución de la oferta de comida en las grandes citas musicales del verano, Alfonso Cardenal, director de Sofá Sonoro, sentencia que "los bocatas de panceta han desaparecido". Una reflexión que sintetiza un cambio de paradigma porque, lo que antes era solo una necesidad (alimentar al público), ahora se ha convertido en una oportunidad y un gancho comercial.

La combinación de conciertos y gastronomía, de hecho, ya no es solo algo propio de eventos temático como el Gastromusical, el Eres Negre o el Enofestival, sino que ha contagiado a grandes eventos como el Rototom, que presume de oferta vegana, o el FIB y el DCODE, que se han rendido a la moda de los food-trucks.

The Vaccines, Crystal Fighters, Natalia Lafourcade o Supersubmarina tocarán en el DCODE 2015.

"Cuando se trabaja en el ámbito de la innovación, combinar elementos tan potentes como la gastronomía y la música suele generar resultados muy interesantes", dice Óscar Puente, alcalde de Valladolid y presidente de la red de destinos de turismo gastronómico Saborea España.

Basta con echar un ojo a la cifras: los festivales musicales congregaron en España a 1,3 millones de personas en el verano de 2014, y la gastronomía fue el motivo principal del viaje para más de nueve millones de turistas.

"Son dos disciplinas complementarias y muy atractivas para el turista gourmet, que es un tipo de turista por el que España debería apostar", añade Puente. "El reto es buscar espacio dentro del mercado, como ya han hecho los hermanos Adrià y el Circo del Sol en Heart Ibiza. Nosotros, por ejemplo, estamos trabajando para captar los paquetes turísticos chinos".

La oferta es cada vez más variada. Se puede ir a un gran festival y aprovechar el desplazamiento para conocer los restaurantes o las bodegas de la zona, pero quien prefiera los espacios reducidos también puede acudir a un concierto acústico en el jardín de un restaurante situado a pocos metros de la playa.

Esa es la propuesta de Can Rin, el establecimiento que Pep Masiques, bajista de Madee, regenta en Cabrils (Barcelona). Desde hace siete años, cada jueves de verano hay un concierto gratuito (Manos de Topo, Beach Beach, Mourn).

Parte del público se queda a cenar y muchos se apuntan al Can Rin Fest, que este año se celebra el 19 de agosto con La Bien Querida o The New Raemon y tres menús de cocina mediterránea: "Combinamos la música con la gastronomía,  que también es lo nuestro, ¿no?".

"Cuando un inglés viene a un festival en España tiene que alucinar con la comida", señala Javier Ajenjo. Pero lo cierto es que también hay españoles que han alucinado en Inglaterra. Jan Martí, voz y teclados de la banda Mendetz, ha vuelto de tocar en Glastonbury impresionado por las dimensiones: "¡Dentro hay más de 1.000 casetas de comida y bebida!".

El músico catalán explica que en el macrofestival de Somerset, uno de los más grandes del mundo, puedes encontrar de todo: desde churros y paella hasta packs de supervivencia con salchichas, mashed potatoes, cebolla guisada, salsa inglesa, guisantes y una tostada, pasando por una amplia oferta de sidra artesana.

"Por trabajo me toca moverme mucho y la gastronomía está empezando a ser un elemento clave en este tipo de eventos, sobre todo en los de mediano formato", asegura Joaquín Martínez. "¡Mucha gente pilla sus vacaciones en función del calendario de festivales!".

Pero, ¿se trata de una moda pasajera? "En algún momento bajará, pero cuando lo haga, habrá algo que se quede para siempre", dice el responsable de PortAmérica. "La gastronomía define una tradición, una tierra y unos roles".

"Muchas veces nos quejamos de que los jóvenes no toman vino", añade Javier Ajenjo, quien además de dirigir el Sonarama es bodeguero y, junto a las barricas, tiene un estudio de grabación diseñado por "el tío que hizo Abbey Road" para los Beatles.

"Hay que normalizar, socializar y acercárselo al público, que es tremendamente agradecido y gasta su dinero en gastronomía", dice Ajenjo. "En el Primavera Sound de Oporto vimos que la Denominación de Origen Douro tenía un stand con copas de policarbonato. ¡Nos quedamos alucinados!".

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