Miércoles, 25 de Noviembre de 2020

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Coronavirus Covid-19

Por qué algunos expertos desconfían de los datos que indican una milagrosa mejora de la pandemia en Madrid

Al pasar de los PCR a los test de antígenos la positividad bajó de golpe un 2,1%

"Resulta cuanto menos llamativo que otras comunidades que han tomado medidas más enérgicas y durante más tiempo que Madrid estén en situaciones tan diferentes", señala un epidemiólogo

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, durante su visita del pasado 14 de noviembre a Patones de Abajo y Guadalix de la Sierra.

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, durante su visita del pasado 14 de noviembre a Patones de Abajo y Guadalix de la Sierra. / D. SINOVA (EFE)

Mientras Europa atraviesa el peor momento de la segunda ola de COVID-19, los datos de incidencia acumulada en la Comunidad de Madrid indican una espectacular mejora, hasta el punto de haberse convertido en la quinta región con menos ratio de contagios por cada 100.000 habitantes en los últimos 14 días, solo por detrás de Canarias, Baleares, Comunitat Valenciana y Galicia.

La hostelería madrileña se ha convertido en la envidia de la de otras CCAA, donde se observan las medidas decretadas por Ayuso —bares y restaurantes abiertos, aunque con limitación de aforo y toque de queda— como un mal menor que sí permite la subsistencia económica de los negocios.

La prensa alemana habla del "milagro de Madrid" y es que, para muchos expertos, la caída de la incidencia acumulada ha sido tan espectacular como inexplicable. Incluso Iñaki Gabilondo ha reconocido que, por mucho que las políticas impulsadas por la presidenta madrileña "no parecían el mejor camino", el número de contagios se ha reducido mucho: "Aún hoy cuesta creerlo, pero nobleza obliga".

La cuestión es si hay elementos objetivos que pongan en duda la verosimilitud de esas cifras. Por eso, además de basarnos en los datos oficiales difundidos por el Ministerio de Sanidad, en este artículo también han participado Elena Vanessa Martínez, Òscar Zurriaga, Àlberto Lana y Biaani León —presidenta, vicepresidente y vocales de la de la Sociedad Española de Epidemiología (SEE), respectivamente—, y Javier Del Águila, médico residente de Medicina preventiva y salud pública en el Hospital Universitario de Móstoles que, después de pasar por el CCAES de Fernando Simón, actualmente trabaja en el Centro Nacional de Epidemiología.

Todos pendientes de la incidencia

Uno de los indicadores de referencia en una pandemia es la incidencia acumulada en 14 días, que contabiliza el número de casos positivos registrados por cada 100.000 habitantes. Siempre según los informes difundidos por el Ministerio de Sanidad, la Comunidad de Madrid tocó techo el 29 de septiembre (784,71), casi triplicando el dato de la media nacional (294,04).

En algunas zonas, como Carabanchel, la incidencia acumulada rondaba ya los 1.800 casos, pero el Ejecutivo regional, tras la cumbre entre Sánchez y Ayuso, y en contra del criterio de Sanidad, había apostado por confinar perimetralmente solo 37 áreas básicas de salud, reduciendo aforos y decretando un cierre comercial a las 22.00. Medidas leves en comparación con las que, incluso con indicadores más favorables, se han tomado en otras CCAA (y en otras capitales europeas).

Desde entonces, sin embargo, la incidencia acumulada en la Comunidad de Madrid ha caído durante semanas de forma ininterrumpida. Un mes después del pico, el 26 de octubre, la media española (410,18) superaba ya a la de la Comunidad (409,22). Y la tendencia se ha mantenido: mientras toda España empeoraba (pese a medidas tan drásticas como el confinamiento perimetral por provincias o el cierre total de la hostelería, en muchos casos), el indicador de Madrid ha seguido mejorando sin necesidad de aplicar restricciones tan duras.

¿Concuerdan los indicadores?

Para entender y contextualizar el dato de la incidencia acumulada, de todas formas, también conviene tener en cuenta el número y el tipo de test diagnósticos practicados (a más test, más casos detectados), así como analizar otros dos indicadores irrefutables: el número de ingresos hospitalarios y el de fallecimientos.

A finales de septiembre, a pocos días del pico de la curva en la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso anunció que se realizarían "un millón de test de antígenos". Un prueba barata, fácil de practicar y que aporta resultados de forma casi inmediata, en comparación con la PCR, pero que no es tan fiable en asintomáticos o en personas que llevan más de 5 días con síntomas, por lo que puede dar falsos negativos. Algo que, de producirse, repercutiría de forma progresiva en una bajada de la incidencia acumulada (casos detectados), pero no tanto en la de ingresos hospitalarios y muertes ocasionadas por el COVID.

"Es tan importante el tipo de prueba como el momento en que se realiza", aseguran desde la Sociedad Española de Epidemiología. "La estrategia de realización de pruebas diagnósticas tiene teóricamente capacidad para influir en el número de casos detectados, de forma que la no realización de pruebas diagnósticas a contactos estrechos o su realización a personas sin síntomas podría favorecer una disminución de la incidencia acumulada".

Durante siete meses los datos oficiales se han basado en los resultados de las pruebas PCR, pero el informe de Sanidad del 15 de octubre refleja por primera vez que el número total de pruebas realizadas en una semana (del 5 al 11 octubre), incluye la suma de PCR y test de antígenos. Eso sí, sin detallar en qué proporción.

Ese mismo día ya se aprecia un cambio significativo: la positividad (el porcentaje de positivos sobre el total de pruebas realizadas) bajó de golpe un 2,1%. A modo de referencia, en toda a semana anterior había descendido 8 décimas, por lo que la tendencia era la misma, solo que —antes de los test de antígenos— mucho más lenta. Parece obvio, por lo tanto, que ese factor ha influido de forma notoria.

"La comunidad que presenta datos más diferentes es también la que tiene una estrategia de diagnóstico más diferente", subraya Javier del Águila.

Ocho días después, el viernes 23 de octubre, Sanidad ofrece por primera vez el dato detallado del número exacto de test de antígenos y de PCR realizados en cada comunidad. Y Madrid, con 93.501 test de antígenos (un 59,52% del total ) es la única región en la que se practican de forma masiva. En ese momento la positividad ya ha caído hasta el 12,1%. Es decir, 3,5 puntos en solo una semana.

Un grupo de enfermeras realiza pruebas PCR en el Centro Deportivo de Alpedrete (Madrid), el pasado lunes. / David Benito (Getty Images)

A partir de ese momento, los datos siguen mejorando a un muy buen ritmo. Y también la proporción de test de antígenos. En el informe de Sanidad de este martes, 17 de noviembre, por ejemplo, consta que Madrid ha practicado 188.185 test diagnósticos en la última semana, de los cuales un 69,97% han sido de antígenos. Una proporción que supone una destacada anomalía frente a Andalucía (31,41%), Cataluña (26,95%) o el País Vasco (14,56%). Madrid, de hecho, es la única comunidad autónoma que practica más test de antígenos que PCR.

"Cabe preguntarse si las campañas de test masivos aleatorios en ciertas zonas estaban justificadas", señala Javier del Águila. "Hacer pruebas por hacer no supone mejora alguna de la epidemia, pero puede dar lugar a la apariencia e indicadores de que sí estás actuando, como hemos visto en el resto de campañas masivas".

Ingresos y ocupación hospitalaria

Fernando Simón lleva meses explicando que es imposible cifrar la fiabilidad del número de contagios detectados. Ante el número de pacientes hospitalizados o fallecidos, en cambio, no cabe ninguna duda. Eso sí, la cifra de contagios suele reflejarse en la de hospitalizaciones con al menos dos semanas de retraso, y la en la de muertes, con más diferencia todavía, por lo que, aunque aportan información interesante, no se pueden trazar conexiones directas ni tampoco proporcionalidad matemática entre ambos indicadores.

Los datos de Madrid se aproximan a esa regla porque el pico nuevos casos que precisaron hospitalización en siete días se produjo los días 21 (570) y 30 (571) de octubre. Es decir, entre tres y cinco semanas después del pico de contagios, registrado en la última semana de septiembre.

Pero una cosa es el número de nuevos ingresos y otra el indicador de ocupación hospitalaria, que mezcla los casos más recientes con los que llevan ya tiempo ingresados. En ese sentido, los datos de Madrid reflejan una evolución que no parece lógica porque el pico de ocupación hospitalaria de la segunda ola se produjo el 24 de septiembre (26,14%). Es decir: 5 días antes del pico de contagios y no semanas después, que hubiese sido lo previsible.

La ocupación se mantuvo por encima del 20% durante un mes y, desde la última semana de octubre, se ha ido reduciendo hasta esta semana, cuando por primera vez desde el mes de agosto ha bajado del 15%.

Evolución de pacientes hospitalizados y en UCI. / COVID19 MADRID-S.P.M (TWITTER)

En lo que se refiere a los ingresos en UCI, el pico de ocupación se produjo el 2 de octubre (513 pacientes; 42,61% de ocupación). Pero a diferencia de lo que ha pasado con el indicador de ocupación hospitalaria, los datos dibujan una meseta. La cifra de ocupación tardó casi un mes en bajar del 40% y este martes —mes y medio después del pico— seguía habiendo 397 pacientes con COVID ingresados en las UCI de Madrid (31,81%).

La segunda ola, menos mortífera

En lo que se refiere al número de fallecimientos cabe destacar las grandes diferencias registradas entre la primera y la segunda ola. Entre el 16 de marzo y el 17 de abril la Comunidad de Madrid registró más de 100 muertos por COVID al día todos los días, con un máximo de 330 muertes en una sola jornada (27 de marzo). Ese periodo de poco más de un mes se saldó con 6.333 fallecimientos.

Pero esas cifras tan catastróficas no se han vuelto a producir este otoño. Por comparar un intervalo similar, entre el 16 de septiembre y el 17 de octubre se registraron cada día entre 20 y 40 muertos, sumando un total de 1.089. Es decir, prácticamente seis veces menos que en la primera ola.

Pero los datos vuelven a resultar contradictorios porque la mayor cifra de fallecimientos en una semana se dio casi a la vez que el pico de contagios (y no semanas después, como era de esperar): la semana previa al 1 de octubre se contabilizaron 176 fallecidos en la Comunidad de Madrid. También hubo un repunte a finales de ese mismo mes (161 fallecimientos la semana previa al 29 de octubre), pero no tan pronunciado como el que registrado un mes antes.

Encajando las piezas

Entre los últimos días de septiembre y los primeros de octubre, por lo tanto, coincidieron tres picos —incidencia acumulada, nuevos ingresos y ocupación— entre los que, a priori, debería haberse apreciado un desfase de varias semanas. ¿Puede significar eso que en Madrid se produjeron muchos más contagios de los que llegaron a detectarse entre finales de agosto y principios de septiembre?

"Es una posibilidad real que no podemos descartar", reconoce Javier del Águila, quien recuerda además que en ese momento —el final de las vacaciones, para muchos— estábamos "superdespreocupados". De lo que no tiene duda es de que "los ingresados no mienten", por lo que a la cifra de hospitalizaciones le otorga más credibilidad que a la de la incidencia acumulada.

Basándose en la evolución de la ocupación de las UCI, además, el epidemiólogo concluye que las medidas decretadas en septiembre llegaron a notarse, pero no lo suficiente. "La meseta de las UCI en octubre nos dice que en septiembre hubo contagios poco controlados porque en la primera ola no vimos esa meseta. Después del confinamiento, la ocupación en UCI cayó de forma más pronunciada".

Pero entonces, ¿por qué han ido mejorando todos los indicadores? "La política de diagnósticos de la Comunidad cambió a lo largo del mes de septiembre. Además de los retrasos, dejaron de hacer PCR a contactos estrechos y también en colegios, así que al ver los datos tengo dudas de si se está viendo todo lo que podría verse. Pero mi sensación, a falta de una explicación basada en datos, es que la gente de Madrid se asustó en septiembre y empezó a tomar medidas por su cuenta".

Las dudas de los expertos

Al preguntarles si les parece sospechoso que Madrid haya mejorado tanto sus indicadores mientras el resto de España los empeoraba, los expertos de la Sociedad Española de Epidemiología (SEE), con su presidenta Elena Vanessa Martínez a la cabeza, creen que no se debe comparar sin conocer el detalle de cada comunidad autónoma, pero señalan que "algunos indicadores mejoraron" tras la "reimplantación de medidas de salud pública para disminuir la transmisión", y apuntan que la "mayor concienciación ciudadana" también puede haber influido. Admiten, sin embargo, que "con los datos disponibles no es posible saber con certeza si la disminución de la incidencia acumulada de 14 días en la Comunidad de Madrid es fruto únicamente de las medidas decretadas o por otros factores".

El epidemiólogo Javier del Águila sí reconoce que en Madrid está pasando algo extraño. "Resulta cuanto menos llamativo que otras CCAA que han tomado medidas más enérgicas y durante más tiempo que Madrid estén en situaciones tan diferentes", explica. "Sería bueno disponer de más información para saber si esta disminución es real o podría ser un efecto de la política de diagnósticos".

Otra cuestión llamativa es por qué, si los datos generan dudas, no se han alzado más voces denunciándolo. ¿Acaso la tensión política está condicionando su labor? "Hay que distinguir entre un técnico y un político. La labor de un técnico en esta pandemia es gestionar la información sanitaria y proponer intervenciones y estrategias. Pero son los políticos quienes tienen que tomar las decisiones", responde Javier del Águila. "Si la decisión que toma un político no se ajusta a lo que los expertos dicen, puede acarrear complicaciones. Pero para eso están los políticos. A los técnicos no les corresponde denunciar nada".

El equipo de Elena Vanessa Martínez insiste en la importancia de contar con mucha información detallada para poder sacar conclusiones fiables. "Quizá existan pocos datos sobre dónde se están produciendo realmente los contagios y podría ser interesante realizar un rastreo exhaustivo de una muestra de casos para poder conocer mejor el alcance de la transmisión domiciliaria, laboral, escolar, social, etc. Tampoco existe información clara sobre el cumplimiento de las medidas por parte de la población general, ni en concreto por parte de las personas que se han infectado. Sería importante conocer este grado de cumplimiento de medidas junto con los posibles cambios en el tiempo de la percepción de riesgo de la población, para valorar mejor los cambios de patrón y evolución de la enfermedad", asegura.

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