Domingo, 05 de Diciembre de 2021

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El menú del día del Congreso: lo que comen los políticos cada día por 4,50 euros

En Madrid no hay muchos sitios en los que se pueda comer sopa zurrucutuna

Judiones en el Congreso de los Diputados.

Judiones en el Congreso de los Diputados. / Carlos Cano

Quien no haya estado nunca en el Congreso de los Diputados quizá pueda imaginarse una cafetería repleta de diputados negociando enmiendas entre el postre y el café. Eso y una buena oferta de gin-tonics (muy por debajo del precio de mercado). No está claro si lo que pasa dentro es un reflejo de lo que sucede fuera o al revés, pero la realidad es que comer en la Cámara Baja resulta tan funcional (y anodino) como hacerlo en una universidad o un hospital cualquiera.

Tal y como puede verse en la Plataforma de Contratación del Sector Público, la adjudicataria de los “servicios de restauración colectiva (autoservicios), cafeterías, restaurante y máquinas de venta automática” es Cafestore, una filial de Sacyr presente en hospitales o estaciones de AVE y que es “el segundo operador nacional en el ámbito de la restauración en autopistas y autovías”.

En el Congreso de los Diputados, además, no solo pueden comer sus señorías: también los asesores, los equipos de comunicación, la prensa acreditada, los trabajadores de Las Cortes, los invitados...

Tal y como estipulaba el pliego de condiciones técnicas, la oferta del menú del día es amplia y variada. El documento, que puede consultarse en la web del Congreso, incluye requisitos muy específicos: verduras y hortalizas “preferiblemente frescas, de temporada y de primeras calidades”, un mínimo de tres variedades de pan ofrecido en “piezas de 9 x 7cm y entre 45 y 90 gramos”...

Menú del día en el Congreso de los Diputados. / C. G. CANO

Este miércoles, por ejemplo, en la cafetería de la Ampliación Cuarta había, de primero, patatas guisadas al azafrán con dados de calabaza y zanahorias, sopa zurrucutuna, espaguetis con verduras al ajillo y salsa de tomate, caldo de puchero casero, o ensalada de pollo marinado con bacón, guacamole, tomate, pepino, lechuga, manzana, nueces y aceituna. En Madrid no hay muchos sitios en los que se pueda comer zurrucutuna, y menos aún en los que se use la palabra bacón.

De segundo, carne o pescado: pollo asado con patatas o lenguadina meuniere con salteado de verduras, y la opción de pedir algo a la plancha.

Un precio muy competitivo

Más allá de la normativa sobre alérgenos, el menú también incluye información sobre el aporte calórico de los platos y destaca las opciones "saludables" y "vegetarianas". El precio (regulado), además, es muy competitivo: 4,50 euros.

Yo comí en la Ampliación Primera. Me puse en la fila (no muy larga, a las 13:30), cubrí la bandeja con el mantelito de papel que lleva el logo del Congreso y, dejándome llevar por el aspecto de lo que había en las bandejas, opté por un menú formado por dos primeros: arroz con verduras y judiones con almejas.

No resultaría justo analizar pormenorizadamente cada plato. De un comedor laboral —porque eso es el autoservicio del Congreso— se espera un mínimo de variedad, de rapidez y de calidad, pero no que el punto de sal o la cocción del arroz sea de 10. El resultado, pese a todo, fue bastante correcto. Hay comedores colectivos en los que se come mejor y otros en los que se come (mucho) peor.

Arroz con verduras, sandía (en noviembre) y agua embotellada. / C. G. CANO

Sí sorprende, sin embargo, que en un espacio público tan próximo al Gobierno y a la cocina de las leyes, de postre hubiese melón y sandía a finales de noviembre. Por si alguien se pierde con los productos de temporada, el Ministerio de Consumo (sin ir más lejos) suele publicar en Instagram qué frutas están en su mejor momento.

Pero tampoco resulta muy ejemplar, en plena emergencia climática, que para beber agua —y con lo buena que está la del grifo en Madrid— se tenga que recurrir a un envase plástico individual de un solo uso. Pequeños detalles, en cualquier caso, que con conciencia y voluntad sería fácil corregir en futuras licitaciones.

Ahora bien, con un poco de suerte, dentro de unos meses ya no habrá que encomendarse a la conciencia y la voluntad porque Más País-Verdes Equo pactó una enmienda a los Presupuestos Generales del Estado que prevé la "incorporación de criterios ecológicos a la contratación pública" y también "medidas dirigidas a fomentar la incorporación de opciones 100% vegetarianas en la oferta gastronómica de aquellos comedores vinculados a instituciones públicas".

Una enmienda que, en el fondo, no es más que una declaración de intenciones sobre sostenibilidad y alimentación saludable, como sostiene la diputada Inés Sabanés, pero que podría iniciar un interesante efecto dominó —leyes autonómicas, normativas municipales... y quién sabe si el  pleno del Congreso— para, curiosamente, acabar volviendo a las cafeterías de la Carrera de San Jerónimo.

CARLOS G. CANO

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