
Las maravillas de Altamira
Corría el año 1868 cuando Modesto Cubillas, un tejero asturiano, disfrutaba de una jornada de cacería. Su perro perseguía a una presa y cayó entre unas rocas. Modesto fue a socorrer al animal y resultó que se había quedado atrapado en la entrada de una cueva desconocida hasta el momento. A su regreso, contó el suceso entre sus vecinos, pero nadie dio mayor importancia al hallazgo. Modesto había dado con una cueva más. Y punto. Ni siquiera le dio importancia Marcelino Sanz de Sautuola hasta casi una década después
24/11/2022 - 18:24
Jesús Callejo






















