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Viernes, 28 de Febrero de 2020

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El 2019 teatral: 'Shock', cambios políticos y nuevas direcciones

Repasamos cómo ha sido este 2019 teatral en los escenarios y en los despachos políticos

Imagen de 'Shock (El cóndor y el puma)' /

Todos los años decimos que este será el último en que hagamos la lista de lo mejor del año, pero volvemos a incumplir lo prometido -enfrentarse a tu jefa en Navidad no es un buen plan- y repasamos lo mejor que hemos visto este 2019 en los escenarios teatrales, fundamentalmente de Madrid, aunque la mayor parte de las obras que se citan han podido verse en distintas ciudades españolas. Después, analizamos los efectos de los cambios políticos en los escenarios teatrales. 

Contra la violencia machista, el puritanismo, el capitalismo salvaje, las falsas víctimas y los falsos milagros 

Este 2019 ha sido el año de Shock (El cóndor y el puma), dirigido por Andrés Lima e inspirado en La doctrina del shock, de Naomi Klein, un montaje brilllante e imaginativo, con una dirección portentosa y un reparto espectacular: María Morales, Natalia Hernández, Ernesto Alterio, Ramón Barea, Paco Ochoa y Juan Vinuesa. Shock es teatro documental, de investigación y compromiso social, una faceta de Lima que le valió este año el Premio Nacional de Teatro, “por su constante labor de investigación artística y búsqueda de nuevas formas y estéticas teatrales y su capacidad para incentivar la escritura dramática”. La obra se estrenó en abril en el Teatro Valle Inclán del Centro Dramático Nacional y tiene prevista gira en 2020.

En marzo, Miguel del Arco llevó a escena el juicio de 'la manada' en Jauría, a partir de la transcripción de las declaraciones de los cinco acusados y de la denunciante en noviembre de 2017. Escrita por Jordi Casanovas (Ruz Bárcenas), Jauría ha sido y es otra de las grandes obras de la temporada, un montaje que nos permitió ver lo que nunca vimos y que nos enfrentó a nuestros propios miedos y prejuicios, a asuntos como la violencia sobre las mujeres, la masculinidad tóxica y la (falta de) educación al respecto. El reparto, impresionante: María Hervás, Fran Cantos, Álex García, Ignacio Mateos, Raúl Prieto y Martiño Rivas. La obra se estrenó en marzo en el Pavón Teatro Kamikaze y volverá al mismo escenario en enero de 2020, después de estar de gira todo este año. 

Y si Lima abordó los efectos del capitalismo y Del Arco los de la violencia machista en sus respectivos montajes, Angélica Liddell cargó este año contra el feminismo, la hipocresía y el puritanismo en La letra escarlata, inspirada en la novela de Nathaniel Hawthor. La Liddell, que sigue hablando desde el dolor en cada texto que escribe, dirige e interpreta, abría la obra diciendo que no le gustaba "este mundo donde las mujeres han dejado de amar a los hombres”. La dramaturga, que cree que “ninguna mujer es bella al envejecer”, cargaba contra su propio género, sobre “esas heroínas de vaginas marchitas” y escribía en el programa de mano -sigue sin dar entrevistas- que “hemos ganado en pacatería, en estupidez y en embuste. La cobardía y la mojigatería son más agresivas que nunca. Antes era la religión. Ahora, la ideología". En mayo llegará a los Teatros del Canal de Madrid con dos nuevas piezas, Padre y Madre, con las entradas ya agotadas. 

Y dos últimos montajes más que destacamos en este 2019, ambos de pequeño formato, ambos solo con dos actores, ambos con interpretaciones maravillosas y textos formidables. El primero de ellos, Sueños y visiones de Rodrigo Rato, de Pablo Remón y Roberto Martín Maiztegui, dirigida por Raquel Alarcón, con Juan Ceacero y Javier Lara. Una crónica real y ficticia, con el sello Remón, sobre la carrera política y los puntos ciegos del que fuera vicepresidente del Gobierno. Se estrenó el pasado mes de septiembre en el Pavón Teatro Kamikaze.

Y, por último, la obra revelación de la temporada, Espejo de víctima, un montaje con dos textos de Ignacio del Moral, dirigido por Eduardo Vasco e interpretado por Eva Rufo y Jesús Noguero. Una obra inteligente sobre nuestra percepción de la idea de víctima, sobre víctimas que no lo son, sobre víctimas que no quieren serlo, sobre la dualidad víctima-verdugo y sobre lo que la sociedad espera de una víctima. Se estrenó en marzo en la Sala de la Princesa del Teatro María Guerrero del Centro Dramático Nacional.

Nuevos escenarios políticos, nuevas direcciones artísticas

Este 2019 que termina ha sido el año en el que los principales teatros públicos han vivido cambios en su dirección, no sólo en Madrid. El Teatre Lliure de Barcelona afrontó a principios de año el relevo de Lluís Pasqual tras su polémica salida de la institución que cofundó en 1976. Juan Carlos Martel llegó a la dirección del Lliure tras ganar un concurso público con un proyecto que le daba un revolcón al escenario y la platea del teatro, con una apuesta clara por la diversidad y los jóvenes creadores. El Lliure renovaba también este martes sus estatutos y su  patronato, con el nombramiento del catedrático de Economía de la Universidad Pompeu Fabra, Guillem López Casasnovas, como nuevo presidente, y la incorporación de nuevos miembros, como Carme Portaceli, Emma Vilarasau y Gemma Nierga, entre otros.

Y si el Lliure relevaba a su fundador, un mes después el Teatro de la Abadía de Madrid hacía lo mismo, pero sin concurso. José Luis Gómez, fundador del teatro y su director desde 1995, era sustituido por Carlos Aladro, en aquel entonces al frente  del Festival de Otoño, dirección que ocuparía después Carlota Ferrer por designación directa del entonces consejero de Cultura de la Comunidad de Madrid, Jaime de los Santos.

Después llegarían los cambios en las direcciones artísticas de las principales unidades del Instituto Nacional de las Artes Escénicas (Inaem) y resultarían elegidos Lluís Homar, al frente de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, sustituyendo a Helena Pimenta y admitiendo en su primera comparencencia que no tenía experiencia alguna en teatro del Siglo de Oro; Alfredo Sanzol, en la dirección del Centro Dramático Nacional, a la que se incorporará en enero de 2020 tras la salida de Ernesto Caballero; el bailarín Joaquín de Luz, en la Compañia Nacional de Danza, sustituyendo a José Carlos Martínez, que se despidió de la compañía con la apertura de un expediente por parte del Inaem; Rubén Olmo, en el Ballet Nacional de España y Félix Palomero, director técnico de la Orquesta y Coro Nacional de España (OCNE), un nombramiento criticado por su relación familiar con un asesor de la directora general del Inaem, Amaya de Miguel. Ni un solo proyecto presentado por una mujer fue elegido en los cinco concursos públicos, lo que provocó las criticas de la Unión de Actores y asociaciones de mujeres del cine, el teatro, el arte o la música.

Tras los concursos públicos llegaron las elecciones autonómicas y municipales, los cambios de gobierno y los cambios en las direcciones de los teatros públicos de Madrid dependientes del Ayuntamiento y la Comunidad. Natalia Álvarez Simó cesaba en la dirección de los Teatros del Canal con el cambio del equipo de gobierno y gran parte de la profesión teatral firmaba un manifiesto que pedía a Marta Rivera de la Cruz que la renovara en el cargo. Pero la consejera nombraba a Blanca Li al frente de los teatros. Al nombramiento de Li se sumaba este mes de diciembre el cese vendido como "relevo de mutuo acuerdo" de Carlota Ferrer al frente del Festival de Otoño, que la propia directora de escena calificaba hace unos días de "decisión política unilateral".

Por su parte, la delegada de Cultura del ayuntamiento de Madrid, Andrea Levy, volvía a fusionar el Teatro Español y las Naves de Matadero, decidía no prorrogar los contratos de sus directores -Carme Portaceli y Mateo Feijóo- y nombraba a Natalia Menéndez directora de ambos espacios. Sin concurso público nombraba también a Laila Ripoll para dirigir la programación escénica del Teatro Fernán Gómez y provocaba la salida de Soledad Gutiérrez de CentroCentro, tras anunciarle que podía terminar su contrato pero sin poder desarrollar el proyecto con el que ganó el concurso público en su día. Después, Levy cesaría a Isla Aguilar y Miguel Oyarzun al frente del Centro Cultural Conde Duque, para nombrar tres días despues a Natalia Álvarez Simó nueva directora del centro.

 

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